El conocido trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) ha sido objeto de debate en la comunidad científica, especialmente en relación con su diagnóstico según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, Quinta Edición, Revisión de Texto (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, Fifth Edition, Text Revision, DSM-5-TR, en inglés). Este manual define el TDAH como un patrón persistente de inatención y/o hiperactividad-impulsividad que interfiere con el funcionamiento o desarrollo del individuo. Sin embargo, diversos expertos han cuestionado la precisión y validez de estos criterios diagnósticos. Veamos qué crítica hay alrededor del TDAH.

La ambigüedad de los criterios diagnósticos

Una de las principales críticas al diagnóstico del TDAH radica en la ambigüedad de los criterios establecidos por el DSM-5-TR. Los síntomas descritos, como la inatención y la hiperactividad, pueden superponerse con comportamientos normales en ciertas etapas del desarrollo infantil o con otras condiciones psicológicas. Esta superposición puede conducir a diagnósticos erróneos o a una patologización de comportamientos que podrían considerarse dentro del espectro de la normalidad.

Algo en lo que suele entrar la industria farmacéutica. No siendo la primera vez que se ha señalado cómo la expansión de los criterios diagnósticos en el DSM podría estar vinculada a la necesidad de incluir más individuos dentro de la categoría diagnóstica, aumentando así el potencial mercado para los tratamientos farmacológicos. De esto hablaremos más adelante.

Una mirada crítica al TDAH

Además, no olvidemos que otra de las críticas al diagnóstico del TDAH es la subjetividad en la interpretación de estos síntomas por parte de los profesionales de la salud mental, que puede aumentar la variabilidad en los diagnósticos, generando inconsistencias en la identificación del trastorno.

Ojo, esta especie de margen subjetivo puede estar influenciado no solo por la formación y experiencia del evaluador, sino también por sesgos culturales, sociales e incluso institucionales que afectan la manera en que se perciben ciertos comportamientos. Por ejemplo, en contextos educativos, un niño con dificultades de atención podría ser visto como un problema a resolver rápidamente mediante medicación, mientras que en otros entornos podría interpretarse como un caso que requiere intervenciones psicosociales más holísticas (Batstra y Frances, 2012).

Sobrediagnóstico y medicalización de la infancia en el TDAH

Una cosa está clara, la preocupación por el sobrediagnóstico del TDAH ha ganado relevancia en los últimos años. Pero… ¿Realmente se debe a un reconocimiento tardío del trastorno? Algunos estudios sugieren que comportamientos típicos de la infancia, como la alta energía o la distracción ocasional, están siendo etiquetados precipitadamente como TDAH, lo que lleva a un aumento en la prescripción de medicamentos psicotrópicos en niños (Hinshaw y Scheffler, 2014).

Justo, esta tendencia ha suscitado debates sobre la medicalización de la infancia y la posible influencia de factores socioculturales y económicos en la proliferación de diagnósticos de TDAH. Aquí, la presión académica, las expectativas sociales y la falta de tolerancia hacia comportamientos infantiles normales podrían estar contribuyendo a tal situación, desviando la atención de intervenciones no psicofarmacológicas que podrían ser más adecuadas (en ciertos casos).

Influencias socioculturales en el diagnóstico de TDAH

Una mirada crítica al TDAH

El contexto sociocultural desempeña un papel crucial en la percepción y diagnóstico. Las diferencias en las tasas de diagnóstico entre países y regiones sugieren que esto pueden influir en la identificación del trastorno (Malacrida, 2004).

De hecho, en ciertas culturas, comportamientos considerados problemáticos en un contexto pueden ser vistos como normales en otro, lo que plantea interrogantes sobre la universalidad de los criterios diagnósticos del DSM-5-TR. Además, la falta de consenso sobre lo que constituye un comportamiento normal o anormal en diferentes entornos culturales puede llevar a interpretaciones erróneas y a la aplicación inapropiada de etiquetas diagnósticas.

Algunos ejemplos

Pongamos ejemplos de cómo la percepción del comportamiento infantil varía según las expectativas culturales. Mismamente, las tasas de diagnóstico de TDAH son significativamente más bajas en países como Japón e Italia en comparación con Estados Unidos (EE. UU.) (Singh, 2008). O, se ha visto que hay comunidades indígenas y rurales donde los comportamientos considerados síntomas de TDAH en contextos urbanos eran vistos como adaptativos, como la energía elevada o la exploración constante (Pelham et al., 2011).

Y, por mencionar otro más, en países como Finlandia, donde las escuelas suelen permitir más flexibilidad en los métodos de aprendizaje y movimientos frecuentes durante las clases, los niños tienen menos probabilidades de ser etiquetados como hiperactivos en comparación con sistemas educativos más rígidos como los de EE. UU. (Bailey, 2017).

Evidencia científica y validez del diagnóstico

Esto ha sido cuestionado debido a la falta de biomarcadores específicos que confirman la presencia del trastorno. A diferencia de otras condiciones médicas, el TDAH se diagnostica principalmente a través de la observación de comportamientos y la recopilación de informes subjetivos, algo que puede dar lugar a interpretaciones sesgadas como dijimos (Moncrieff y Timimi, 2010). De hecho, lo que sabemos hasta ahora es que no existen pruebas biológicas definitivas que permitan diferenciar a quienes tienen TDAH de quienes no lo tienen con suficiente precisión para su uso clínico.

Estudios en neuroimagen y genética 

Han identificado ciertas correlaciones con el TDAH:

  • Alteraciones en regiones cerebrales como la corteza prefrontal y el estriado.
  • Diferencias en los circuitos dopaminérgicos y noradrenérgicos.
  • Factores genéticos asociados, aunque no determinantes, como variantes en genes relacionados con el sistema dopaminérgico (p. ej., DRD4).

Sin embargo, estas son inconsistentes y no específicas del TDAH, ya que pueden aparecer en otras condiciones o incluso en personas sin ningún diagnóstico. Así, las tecnologías como la resonancia magnética funcional (fMRI) o los estudios genéticos aún no pueden ser utilizadas de manera rutinaria para diagnosticar el TDAH debido a la variabilidad individual y falta de especificidad.

Impacto del diagnóstico en la identidad del individuo

Mientras que para algunos el diagnóstico proporciona una explicación y un alivio, para otros puede convertirse en una etiqueta limitante que influye negativamente en su autoestima y en la percepción de sus capacidades. Por eso, es esencial considerar el impacto psicológico del diagnóstico de TDAH y garantizar que se utilice de manera constructiva, promoviendo el bienestar y el desarrollo personal del individuo, en lugar de imponer restricciones o estigmas que puedan obstaculizar su crecimiento.

Consideraciones éticas en TDAH

La decisión de medicar debe basarse en una evaluación exhaustiva y en la consideración de intervenciones alternativas, como terapias conductuales y apoyo educativo. Es fundamental que los profesionales de la salud mental actúen con responsabilidad y ética, evitando la medicalización innecesaria y priorizando el bienestar integral del paciente.

La familia siempre informada

Además, es importante involucrar a las familias en el proceso de toma de decisiones, asegurando que estén plenamente informadas sobre las opciones de tratamiento y sus posibles implicaciones. Sin embargo, este acompañamiento debe ir más allá de la información técnica: implica también un trabajo conjunto para explorar cómo las dinámicas familiares, las expectativas colectivas y los valores compartidos pueden influir en la percepción y manejo del diagnóstico.

En ocasiones, el diagnóstico de TDAH en un niño puede abrir una oportunidad para explorar dinámicas familiares que podrían estar influyendo en la experiencia del niño, como patrones de comunicación o estrategias colectivas para manejar el estrés. Esto no supone culpabilizar a las familias, sino reconocer que el contexto relacional puede ser un recurso valioso para el bienestar del niño y para su desarrollo integral.

La necesidad de un enfoque multidisciplinario

Dada la complejidad del TDAH y las críticas asociadas a su diagnóstico, se hace evidente la necesidad de un enfoque multidisciplinario que incluya a psicólogos, psiquiatras, educadores y otros profesionales relevantes. Este enfoque permitiría una evaluación más completa y una intervención más efectiva, considerando las múltiples facetas del comportamiento humano y las influencias contextuales. Además, fomentaría la colaboración entre disciplinas, enriqueciendo la comprensión del trastorno y mejorando las estrategias de tratamiento.

Conclusión

Las críticas en torno al diagnóstico del TDAH según el DSM-5-TR ponen de manifiesto la necesidad de una reflexión profunda sobre los métodos y criterios utilizados en la identificación de este trastorno. En última instancia, criticar el TDAH no significa negarlo como experiencia real para muchas personas, sino cuestionar cómo lo definimos, lo entendemos y lo tratamos. Nos desafía a replantear qué significa ser normal y funcional en un mundo que necesita urgentemente más empatía y menos etiquetas. Nos recuerda que, detrás de cada diagnóstico, hay una persona cuyo valor trasciende cualquier manual o criterio clínico.

Referencias bibliográficas

  • American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5ª ed., texto revisado). Arlington, VA: American Psychiatric Publishing.
  • Bailey, R. (2017). ADHD and education: Comparing school policies and cultural responses in Finland and the United States. Educational Psychology Review, 29(2), 333–352. https://doi.org/10.1007/s10648-016-9353-5
  • Batstra, L. y Frances, A. (2012). DSM-5 further inflates attention deficit hyperactivity disorder. Journal of Nervous and Mental Disease, 200(6), 486-488. https://doi.org/10.1097/NMD.0b013e318257c4b6
  • Frances, A. (2013). Saving normal: An insider’s revolt against out-of-control psychiatric diagnosis, DSM-5, big pharma, and the medicalization of ordinary life. HarperCollins Publishers.
  • Hinshaw, S. P. y Scheffler, R. M. (2014). The ADHD explosion: Myths, medication, money, and today’s push for performance. Oxford University Press. https://doi.org/10.1093/med/9780199790555.001.0001
  • Malacrida, C. (2004). Medicalization, ambivalence and social control: Mothers’ descriptions of educators and ADD/ADHD. Health, 8(1), 61-80. https://doi.org/10.1177/1363459304038795
  • Moncrieff, J. y Timimi, S. (2010). Is ADHD a valid diagnosis in adults? No. BMJ, 340, c547. https://doi.org/10.1136/bmj.c547
  • Parens, E. y Johnston, J. (2009). Controversies concerning the diagnosis and treatment of ADHD: A report on current scientific and ethical debates. Child and Adolescent Psychiatry and Mental Health, 3(1), 1-10. https://doi.org/10.1186/1753-2000-3-1
  • Pelham, W. E., Fabiano, G. A. y Massetti, G. M. (2011). Evidence-based assessment of attention deficit hyperactivity disorder in children and adolescents. Journal of Clinical Child & Adolescent Psychology, 34(3), 449-476. https://doi.org/10.1207/s15374424jccp3403_5
  • Singh, I. (2008). Beyond polemics: Science and ethics of ADHD. Nature Reviews Neuroscience, 9(12), 957–964. https://doi.org/10.1038/nrn2514