Según la cultura popular, somos capaces de lograr todo porque: “Querer es poder”. ¿Qué tan cierta es esta frase? Previamente, hemos hablado sobre la motivación, un elemento clave en el aprendizaje. Nos permite mantenernos firmes, impulsándonos a enfocar las conductas con la expectativa de alcanzar metas. Por esto, la motivación es una herramienta fundamental para que podamos conseguir nuestros objetivos. En el plano educativo, promover dicho aspecto puede marcar la diferencia entre un aprendizaje profundo y consolidado en el tiempo, con respecto a uno que esté estrictamente ligado a aprobar una asignatura. Hoy revisamos cómo el valor subjetivo, motivación y expectativas del aprendizaje se relacionan con nuestra capacidad de alcanzar las metas propuestas.

Motivación y expectativas: ¿Por qué es importante definir una meta?

Varias veces, las metas de los estudiantes están encaminadas a aprobar una asignatura. Esto, en contraposición al deseo del maestro de que aprenda un contenido específico, puede dar paso a una diferencia de expectativas sobre lo que cada uno busca. Es así como Ruiz (2020) explica que existen dos tipos de metas:

  1. Metas de competencia o de aprendizaje: Cuando el estudiante tiene un interés genuino por aprender. Es decir, desarrollar sus habilidades y dominar la materia.
  2. Metas de rendimiento: La conducta del estudiante se enfoca en superar los retos académicos que afronta. En otras palabras, aquellos que se esfuerzan y centran su atención en conseguir una calificación más alta con la intención de demostrar su valía. Asimismo, este tipo de metas pueden clasificarse según sean:
  • De rendimiento con un componente de aproximación: Generalmente se trata de los estudiantes que intentan mantenerse como los primeros de su clase.
  • De rendimiento con un componente de evitación: Propio de los estudiantes que hacen lo justo para aprobar, evitando ser los últimos de la clase. Sin ser perfeccionistas pero buscando no hacerlo mal.

Adicionalmente, es importante mencionar que no todos los estudiantes comparten algunos de estos tipos de metas. Aun así, lo que sí se sabe, es que el tipo de metas que persiguen puede determinar sus conductas en el ámbito educativo.

¿Qué factores influyen en nuestra motivación?

Según algunas teorías cognitivas sobre la motivación, existen dos factores claves que determinan si los estudiantes podrán estar motivados o no: el valor subjetivo y las expectativas. Veamos por qué:

El valor subjetivo

Depende del nivel de importancia que atribuye el estudiante al objeto de aprendizaje. Está relacionado con las decisiones que se toman a la hora de emprender una determinada acción, dando paso a la persistencia que necesitamos para hacerlo posible. Suelen distinguirse tres tipos de valor subjetivo:

  • Intrínseco: El estudiante siente interés por lo que aprende por sí mismo. Es decir, es por algo que le interesa, movido por una motivación interna. Por ejemplo, cuando nos gusta un instrumento y estamos interesados en practicar constantemente.
  • Extrínseco: También conocido como valor instrumental. Se deriva de las consecuencias que puede conllevar aprender algo. Por ejemplo, cuando queremos aprender un idioma para poder viajar a un país extranjero. De igual manera, puede estar relacionado con la búsqueda de recompensas o por evitar alguna consecuencia negativa.
  • De consecución: Se produce de acuerdo al valor que le damos a algo y que varía en función de la dificultad que percibimos de ello. Así, algo que nos parece difícil de aprender tendrá más mérito para nosotros que aprender algo que es más fácil.

El valor de la tarea

De igual manera, el valor de la tarea estaría compuesto por cuatro componentes (Valenzuela y Nieto, 2008):

  • Importancia: Cuán relevante es para el estudiante realizar bien una
    determinada tarea.
  • Interés: El gusto que tiene el estudiante al hacerla.
  • Utilidad: En qué nivel la importancia que le da a la tarea se adecúa a las metas futuras del estudiante.
  • Costo: Referido al compromiso implicado en la tarea y cómo esta limita la posibilidad de hacer otras. Es decir, se hace un contraste entre el esfuerzo requerido y el costo emocional que implica su ejecución.

Las expectativas

Sin duda alguna, a nadie le gusta fracasar. La sensación de frustración, enojo, tristeza… son emociones que pueden no resultar agradables. Por esta razón, cuando nos enfrentamos a un reto, hacemos una evaluación automática para analizar la probabilidad de éxito que vamos a tener.

Wigfield y Eccles (2000) añadieron que las expectativas hacen alusión a las creencias de los estudiantes sobre lo bien que les irá en las próximas tareas, ya sea en el futuro inmediato o a largo plazo. De igual manera, indican que nuestras creencias de capacidad se distinguen conceptualmente de las expectativas de éxito. Y es que, las creencias de capacidad se centran en la capacidad actual y las expectativas se centran en el futuro. Por otro lado, Bandura (1997) habla de dos tipos de expectativas:

  • Expectativas de eficacia: Juicios de valor que los estudiantes realizan sobre su propia capacidad para alcanzar las metas de aprendizaje. Están ligadas a un constructo del que hemos hablado anteriormente, la autoeficacia.
  • Expectativas de consecución: La confianza que tienen sobre cómo sus estrategias y acciones les permitirán alcanzar sus objetivos.

Adicionalmente, existe otra categoría, denominada indefensión aprendida, que incluye a quien no tiene ninguna expectativa de consecución o de eficacia. Como resultado, este tipo de estudiante se convencerá de que no hay manera de alcanzar el éxito.

¿Cómo promover la motivación y mejorar las expectativas en los estudiantes?

Para poder promover la motivación de nuestros estudiantes resulta necesario intervenir en el valor subjetivo y las expectativas que tienen sobre su aprendizaje. Ruiz (2020) expone algunos métodos que pueden ser útiles para alcanzar este objetivo:

Estrategias para promover el valor subjetivo

Para poder hacerlo posible, el autor sugiere que el docente actúe sobre el interés situacionalque surge a partir de una planificación curricular adecuada. Es decir, es importante hacer que las actividades sean interesantes, más allá de que resulten o no divertidas. Esto debido a que, en muchas ocasiones, si la actividad es demasiado entretenida, puede provocar que el estudiante pierda el foco atencional sobre lo que verdaderamente le interesa al docente que aprenda.

Por otro lado, el autor indica que no se debe plantear la diversión como alternativa al esfuerzo. En otras palabras, se necesita que el estudiante disfrute del proceso de aprendizaje con todo lo que esto conlleva, aprendiendo a disfrutar incluso de aquellas actividades que implican esfuerzo. En consecuencia, sugiere:

  • Facilitar la comprensión de lo que se aprende.
  • Emplear ejemplos contextualizados que se conecten con el interés del estudiante.
  • Demostrar la pasión por lo que estamos enseñando.
  • Exponer de forma explícita la importancia de lo que se va a aprender.
  • Hacer conexiones entre lo que se aprende y su contexto a través de ejemplos donde se refleje su utilidad.
  • Realizar actividades que trasciendan en la clase.

Estrategias para mejorar las expectativas del aprendizaje

Mejorar las expectativas de los estudiantes en cuanto a superar diversas metas de aprendizaje permite incrementar su nivel de motivación. Como resultado, podremos promover conductas que permitan que los estudiantes logren implicarse en las actividades escolares que realicen.

Siguiendo esta línea, se puede optar por modular el nivel de dificultad de la tarea o la percepción que el estudiante tiene de esta, o se puede actuar directamente en la percepción que tiene el estudiante sobre su capacidad para superar la tarea. Entre algunas estrategias se encontrarían:

  • Ajustar el nivel de dificultad de las tareas.
  • Ofrecer oportunidades de éxito tempranas.
  • Facilitar estrategias que permitan afrontar la tarea expuesta.
  • Explicar claramente los objetivos de aprendizaje que se están buscando.
  • Proporcionar una herramienta de evaluación adecuada. Por ejemplo, una rúbrica.
  • Alinear las actividades de aprendizaje con las herramientas de evaluación.

Conclusión

Hemos visto a lo largo del artículo cómo la motivación es, sin duda alguna, fundamental para alcanzar las metas. Si bien es cierto que todos tenemos expectativas distintas sobre lo que queremos aprender, esto no quiere decir que los docentes no puedan influir positivamente en sus estudiantes y apoyarlos en este camino. Construir un aprendizaje en conjunto, donde se valore a cada estudiante y se le permita que saque provecho de ello, puede resultar muy beneficioso para que se cumplan los objetivos, dentro y fuera del aula.

Referencias

  • Ruiz, H. (2020). ¿Cómo aprendemos? Una aproximación científica al aprendizaje y la enseñanza (1a edición). Editorial Graó.
  • Valenzuela, J. y Nieto, A. M. (2008). Motivación y pensamiento crítico: aportes para el estudio de esta relación. Revista Electrónica de Motivación y Emoción, 11(28).
  • Wigfield, A. y Eccles, J. S. (2000). Expectancy–Value Theory of Achievement Motivation. Contemporary Educational Psychology, 25(1), 68-81. doi:10.1006/ceps.1999.1015