El trastorno por estrés postraumático (TEPT) suele describirse a partir de sus efectos individuales: recuerdos intrusivos, hipervigilancia, evitación, cambios emocionales y dificultades para retomar la vida cotidiana. Sin embargo, el trauma también atraviesa el vínculo cercano. La comunicación, la intimidad y la confianza pueden verse afectadas, mientras la persona intenta acompañar sin saber siempre cómo hacerlo. En ese escenario, la relación no funciona únicamente como contexto, sino también como un posible espacio de intervención. A continuación, abordaremos una investigación que analizó qué tan útil resulta la terapia de pareja para reducir los síntomas del TEPT y mejorar el funcionamiento de la relación.

¿Por qué abordar ambos?

Terapia de pareja y TEPT, trauma y vínculos

El TEPT aparece tras la exposición a experiencias que desbordan los recursos habituales de afrontamiento. Sus manifestaciones incluyen reexperimentación, alerta constante, evitación, aislamiento y creencias negativas sobre uno mismo, los demás o el mundo. Tales dificultades no quedan encerradas en la vida interna de quien recibió el diagnóstico: también influyen en la convivencia, la distribución de responsabilidades y la cercanía emocional.

En ese sentido, es posible que el TEPT en una relación de pareja se exprese mediante discusiones frecuentes, retraimiento, pérdida de intimidad o intentos constantes de proteger a la persona afectada. Algunas personas evitan conversaciones, lugares o actividades que despiertan malestar y, aunque esas respuestas buscan disminuir el sufrimiento inmediato, con el tiempo llegan a reforzar la evitación y limitar la vida compartida. Por eso, la relación también merece atención dentro del tratamiento.

¿Cómo se estudió el abordaje conjunto?

Una revisión con metaanálisis sobre terapia de pareja y TEPT reunió 18 estudios clínicos procedentes de 15 artículos donde, en total, participaron 495 díadas. Los trabajos incluyeron ensayos controlados aleatorizados y estudios sin grupo de comparación, con muestras de entre 6 y 113 participantes por investigación. La mayoría de los pacientes eran varones y una proporción importante pertenecía o había pertenecido al ámbito militar.

Por su parte, las intervenciones fueron diversas. La más frecuente fue la terapia cognitivo-conductual conjunta para el trastorno por estrés postraumático, un abordaje que combina el trabajo sobre pensamientos, conductas y el trauma con herramientas destinadas a mejorar la comunicación y el funcionamiento del vínculo. También aparecieron propuestas de psicoeducación familiar, terapia familiar conductual y tratamientos estructurados para veteranos y sus acompañantes.

Cuatro aspectos bajo la lupa

Asimismo, el análisis consideró cuatro dimensiones principales. Esas fueron la finalización del abordaje, síntomas de estrés postraumático, funcionamiento de la relación íntima y señales de depresión. Además, exploró diferencias asociadas con la edad, el sexo, la cantidad de sesiones, el origen militar o civil de las muestras y el grado de focalización en el trauma.

Menos síntomas en pacientes y acompañantes

Terapia de pareja y TEPT, trauma y vínculos

Tras el tratamiento, los pacientes presentaron una reducción significativa de los síntomas de estrés postraumático. El tamaño del cambio fue moderado a alto, aunque existieron diferencias importantes entre los estudios. Al mes de seguimiento, la mejoría continuó siendo estadísticamente significativa. En cambio, a los tres y seis meses los datos dejaron de mostrar un efecto concluyente.

Las díadas también informaron una disminución del malestar vinculado al trauma inmediatamente después de las intervenciones. Ahora bien, ese hallazgo no significa que todas tuvieran un diagnóstico de trastorno por estrés postraumático. Las escalas utilizadas también reflejan el impacto de convivir con signos intensos, la exposición indirecta al relato traumático o la tensión acumulada dentro de la relación. En ese sentido, estudiar el TEPT en la pareja permite observar consecuencias que suelen pasar desapercibidas cuando el abordaje se concentra exclusivamente en una persona.

¿Qué cambió dentro del vínculo?

El funcionamiento de la relación mejoró tanto para los pacientes como para sus acompañantes. Los cambios fueron menores que los registrados en los síntomas de trauma, pero resultaron consistentes en el vínculo al finalizar el tratamiento. Entre los aspectos involucrados nos encontramos con una comunicación más clara, mayor capacidad para resolver desacuerdos y una reducción de los comportamientos que mantienen la evitación.

La depresión también disminuyó

Por otro lado, los síntomas depresivos bajaron en ambos integrantes inmediatamente después de los abordajes. La reducción fue mayor entre quienes tenían trastorno de estrés postraumático. En los pacientes, el beneficio continuó siendo significativo al mes y a los tres meses. Para sus parejas, los cambios posteriores fueron más pequeños y no alcanzaron suficiente claridad estadística.

La mejoría podría relacionarse con varios procesos. Compartir el tratamiento facilita la expresión emocional, organiza el apoyo en el vínculo y reduce malentendidos sobre el trauma. Cuando ambos comprenden por qué aparecen determinadas reacciones, la distancia o el enojo dejan de interpretarse únicamente como falta de interés. Así, la terapia de pareja en el caso del TEPT también abre un espacio para reconstruir significados alrededor de lo vivido.

Siete de cada diez completaron el programa

Terapia de pareja y TEPT, trauma y vínculos

La tasa global de adherencia alcanzó el 69%. En otras palabras, alrededor de siete de cada diez parejas finalizaron el programa asignado. Incorporar a dos personas ofrece recursos, pero también suma desafíos: coordinar horarios, sostener la motivación y tolerar conversaciones emocionalmente exigentes.

Los análisis por subgrupos registraron una mayor adherencia en muestras masculinas y en intervenciones con diez sesiones o más. Sin embargo, varios grupos reunieron pocos estudios y mostraron resultados heterogéneos. Por ese motivo, no corresponde asumir que esas variantes garantizan una mejor evolución.

Un campo prometedor, pero limitado

A pesar de los hallazgos mencionados, la evidencia disponible presenta varias restricciones. Algunos estudios incluyeron muestras pequeñas, faltaron datos de las parejas y los seguimientos variaron considerablemente. A su vez, también existieron diferencias entre las escalas utilizadas y en la calidad metodológica.

Otra cautela relevante es que varios análisis compararon las puntuaciones antes y después del tratamiento sin contar con un grupo control. Y, aunque esa estrategia permite observar cambios, no demuestra por sí sola que la intervención haya sido su causa exclusiva.

Cuando la relación forma parte de la recuperación

Existen posibilidades de que la cercanía de la pareja se convierta en uno de los espacios más afectados por el trauma, pero también en una fuente de apoyo mediante terapia para el TEPT. Ello dado que ofrece una vía para reducir síntomas, mejorar la comunicación y revisar conductas que mantienen el aislamiento o la evitación. Su valor radica en abordar el sufrimiento individual sin perder de vista el sistema cotidiano en el que ocurre.

Aun así, incorporar a dicha persona requiere evaluar la seguridad, la disposición de ambos y las características del vínculo. No todas las relaciones son adecuadas para un tratamiento conjunto. Cuando existen condiciones favorables, trabajar el trauma mediante el vínculo afectivo permite que la recuperación deje de depender únicamente del esfuerzo individual y se apoye también en formas más saludables de acompañarse.

Referencia bibliográfica

  • Tao, Y.-T., Xie, J., Jiang, H.-L., Gao, T.-Y., Liu, X., Zhang, C., y Yang, L. (2025). Couples’ therapies can improve clinical outcomes of patients with post-traumatic stress disorder: Meta-analysis of eighteen clinical studies. BMC Psychology, 13, 1119. https://doi.org/10.1186/s40359-025-03464-8