El cuerpo humano es una máquina sumamente compleja que se encuentra en un constante estado de movimiento. Desde los actos voluntarios como caminar, hasta los prácticamente automáticos, como mover los ojos al leer, cada gesto es de vital importancia para llevar a cabo nuestras actividades diarias con éxito. En este contexto, la corteza motora desempeña un papel fundamental al ser la región del cerebro encargada de controlar y coordinar estas actividades, enviando señales al resto del organismo. Si deseas ampliar tus conocimientos sobre esta región cerebral, así como sobre sus características y funciones, te invitamos a seguir leyendo la siguiente nota.
En primer lugar, hablemos de su anatomía

En primer lugar, es necesario mencionar que se encuentra situada en el lóbulo frontal. Ubicado en la parte anterior del cerebro, es el más extenso y funcionalmente importante, ya que es el encargado de regular las funciones cognitivas superiores. Particularmente, en los seres humanos representa un tercio del cerebro (Portellano, 2005).
A su vez, la corteza motora se compone de tres áreas principales, cada una con funciones específicas en el control del movimiento. Estas áreas son:
- Corteza motora primaria: Ubicada en el giro precentral, es responsable de generar impulsos nerviosos que controlan directamente la contracción muscular.
- Corteza premotora: Situada delante de la motora primaria, participa en la planificación y coordinación de movimientos complejos.
- Área motora suplementaria: Localizada en la parte superior del lóbulo frontal, se encarga de la secuenciación de movimientos y la preparación de acciones motoras complejas.
Veamos más en profundidad cada una de ellas.
Corteza motora primaria
Ubicada en la circunvolución frontal ascendente, justo delante de la Cisura de Rolando, el área motora primaria es la responsable de iniciar movimientos voluntarios. Desde aquí, se envían órdenes a las neuronas del tronco cerebral y la médula espinal del lado opuesto del cuerpo. Específicamente, esta área controla los movimientos de los dedos, los músculos faciales y los fonatorios. Además, incluye al Homúnculo de Penfield, que explicaremos a continuación.
Mapa somatotópico: El homúnculo motor

El homúnculo motor es una representación somatotópica de cómo la corteza motora primaria organiza el control de los movimientos del cuerpo. Desarrollado por Wilder Penfield, muestra que diferentes áreas de la corteza están dedicadas a partes específicas del cuerpo, con una representación desproporcionada para regiones como las manos y los labios debido a la precisión y complejidad de sus movimientos. Así, la representación resalta la relación entre la función cerebral y el control motor, siendo clave para comprender cómo las lesiones en la corteza motora afectan movimientos específicos (Schott, 1993).
Corteza motora secundaria
También denominada corteza premotora, está situada delante de la corteza motora primaria y es responsable de la programación del movimiento del cuerpo. Su función es automatizar, armonizar y archivar programas de movimiento basados en experiencias previas, lo que facilita la ejecución de los movimientos al proyectar sus fibras en la corteza motora primaria.
Área motora suplementaria
Esta región de la corteza motora se encuentra ubicada en la parte medial del lóbulo frontal, específicamente en la superficie superior del giro frontal medial, por encima de la corteza premotora. La misma desempeña un papel clave en la planificación y coordinación de movimientos complejos, especialmente aquellos que requieren secuencias de acciones o movimientos bilaterales. Además, está involucrada en la iniciación del movimiento, incluso en ausencia de estímulos externos, lo que la hace esencial para la ejecución de tareas aprendidas y automatizadas.
Trastornos asociados a la corteza motora
Por lo antedicho, no es raro que cualquier tipo de alteración en estas regiones provoquen diversos cuadros neurológicos que afecten la movilidad, la coordinación y la funcionalidad del cuerpo humano. A continuación, se detallan algunos de los trastornos más relevantes (Portellano, 2005).
Apraxias
Las apraxias son trastornos en la planificación de movimientos voluntarios, a pesar de que no existan debilidad muscular ni alteraciones sensoriales. Las mismas se asocian con daños en la corteza premotora y el área motora suplementaria, dificultando acciones complejas o secuenciales, como vestirse o utilizar herramientas.
A su vez, existen diversos tipos de apraxias, como la ideomotora o la ideacional. La primera de ellas dificulta realizar movimientos en respuesta a comandos verbales, mientras que en la apraxia ideacional, la persona no puede organizar una secuencia de acciones para llevar a cabo tareas complejas, como preparar un café.
Parálisis motora
Por otro lado, las lesiones en la corteza motora primaria provocan una pérdida parcial o total del control motor en la parte del cuerpo correspondiente al área dañada, conocida como parálisis o paresia. Esto se debe a la interrupción de las señales motoras hacia los músculos.
Mutismo acinético
El área motora suplementaria desempeña un papel crucial en la integración de señales motoras, especialmente en movimientos secuenciales y bilaterales, además de la iniciación motora. Consecuentemente, una disfunción en esta región, como la causada por un accidente cerebrovascular, un traumatismo craneoencefálico o una lesión tumoral, interrumpe su conexión con otras áreas corticales y subcorticales, como la corteza motora primaria y los ganglios basales. Esto provoca una reducción significativa en la activación motora y vocal, dando como resultado el mutismo acinético.
¿Cómo podemos evaluar la función motora?

En primer lugar, es fundamental hacer hincapié en que dicho proceso combina análisis observacionales con pruebas cualitativas y cuantitativas. Así, un abordaje de manera integral es esencial para determinar el tratamiento más adecuado, ya que la motricidad humana abarca diversos aspectos que se ven afectados por el estado de conciencia, la atención, la integridad sensorial, el tono muscular, los reflejos, el desempeño muscular, el control postural y el equilibrio (Calderón-Sepúlveda, 2002).
En este contexto, y en conjunto con un completo examen neurológico en donde se evalúe la fuerza muscular mediante maniobras específicas, resulta imprescindible la utilización de herramientas estandarizadas. Por ejemplo, el Test de los 9 Huecos y Barras para medir la destreza manual, el Test de Evaluación Motora de Purdue Pegboard para evaluar la coordinación y el equilibrio, y el Test de Tinetti para analizar el control postural y la marcha (Pinzón 2020).
Ahora, ¿qué otros aspectos son importantes evaluar?
Adicionalmente, se deben considerar múltiples aspectos que abarcan desde la medición de capacidades físicas hasta la evaluación de la calidad de vida y la impresión subjetiva de la persona. Algunos de dichos aspectos se detallan a continuación:
- Tono muscular: se mide la resistencia pasiva de los músculos al estiramiento.
- Amplitud del movimiento pasivo: Medición de la flexibilidad y el rango de movimiento de las articulaciones sin esfuerzo activo.
- Amplitud del movimiento activo: Evaluación de la capacidad de mover las articulaciones utilizando los propios músculos.
- Espasmos musculares: Registro de la frecuencia y severidad de los espasmos involuntarios.
- Dolor: Evaluación del nivel de dolor a través de la observación.
- Función motora: Análisis de la habilidad para realizar movimientos y tareas específicas.
- Actividades de la vida diaria: Evaluación de la capacidad para realizar tareas cotidianas de manera independiente.
- Calidad de vida: se valora el impacto de la función motora en el bienestar general del paciente.
Conclusión
En definitiva, esta región fundamental del cerebro permite la planificación y ejecución de los movimientos, coordinando de manera precisa diversas áreas para garantizar una movilidad eficiente. Asimismo, lesiones en alguna de las áreas que la componen provocan una amplia gama de cuadros que afectan la calidad de vida de las personas, desde apraxias hasta parálisis.
Sin lugar a dudas, comprender más en detalle la función motora no solo nos permitirá avanzar en el tratamiento de patologías neurológicas, sino también en el desarrollo de tecnologías que promuevan la rehabilitación y la integración de personas con discapacidades motoras. ¿Cómo podríamos integrar mejor los avances en neurociencia para mejorar la rehabilitación motora?
Referencias bibliográficas
- Calderón-Sepúlveda, R. F. (2002). Escalas de medición de la función motora y la espasticidad en parálisis cerebral. Rev Mex Neuroci, 3(5), 285-289.
- Pinzón, M. (2020). Evaluación de la función motora de miembro superior en: Ordóñez L. y Sánchez D. (Eds). Evaluación de la función neuromuscular (pp. 169-194). Editorial Universidad Santiago de Cali.
- Portellano, J. A. (2005). Introducción a la neuropsicología. McGraw-Hill.
- Schott G. D. (1993). Penfield’s homunculus: a note on cerebral cartography. Journal of neurology, neurosurgery, and psychiatry, 56(4), 329-333. https://doi.org/10.1136/jnnp.56.4.329





















