Quizás uno los síndromes más curiosos descritos hasta ahora es el síndrome de Ekbom o delirio de parasitosis. Muchas veces iniciamos las notas poniéndonos en el lugar de una persona con determinados síntomas, esta vez no será diferente. Demos rienda suelta a la imaginación. Imaginemos que estuviéramos convencidos de que una gran cantidad de insectos recorren nuestro cuerpo sin cesar, suben hasta nuestra cabeza y nos muerden. Notamos cómo llegan hasta el cerebro y sentimos que empezamos a ser devorados por ellos. Acto seguido, acudimos al hospital y nos comentan, que en el examen físico no se hallan alteraciones y no hay ningún insecto en nuestro cuerpo (ni lo ha habido). Esto es un caso real de un paciente con el síndrome de Ekbom o “delirio de parasitosis” que creía estar lleno de insectos. Profundicemos más.

Síndrome de Ekbom

Un caso real

Un joven acude a urgencias con elevada ansiedad e inquietud motora. Alega que hay zonas de su cuerpo en las que siente un gran picor y confirma que esto es producido por, según sus palabras, “animales y bichos que me recorren el cuerpo, se meten por la piel, me comen por dentro, me producen granos en los brazos y en las piernas. Me producen picor y quisiera rascarme todo el tiempo”.

Grita “¡Necesito que me quiten los animales que caminan por todo el cuerpo, me están comiendo!” y afirma “los bichos se me suben a la cabeza, me apagan el cerebro”. Está convencido de ello “al ciento por ciento” y manifiesta conductas encaminadas a “no dejar que se me metan”. 

El síndrome de Ekbom: Estoy lleno de insectos. Imagen obtenida de: https://laverdadnoticias.com/__export/1571167297922/sites/laverdad/img/2019/10/15/como-curar-picaduras-de-hormigas-rojas-1_0.jpg_673822677.jpg

De este modo, se cubre el cuerpo con ropa y cartones para evitarlo. Pedía ayuda reiterada para que le quitaran lo que llamaba “bichos” de su cuerpo.

Aunque no podía especificar de qué tipo eran, estaba convencido de que tenía una infección por ello.

El examen físico no mostró ninguna alteración ni la presencia de los “bichos” que comentaba, solo algunas zonas con signos de rascado.

Así mismo el examen neurológico dio resultados normales. Sin embargo, en el examen mental se observó que, a pesar de ser un paciente colaborador, presentaba ansiedad y reactividad emocional. Con esto, también mostraba una ideación delirante de tipo somático hipocondríaco en relación con los “bichos” y una preocupación exacerbada por su salud (Munoz y Bayona, 2015).

¿Qué es el síndrome de Ekbom?

Definición, prevalencia, incidencia y causas

El síndrome de Ekbom también llamado delirio de parasitación, delirio dermatozoico o síndrome de disestesia crónica cutánea, es un cuadro psiquiátrico en el que la persona confirma estar infestada de organismos vivientes, como parásitos, bacterias, virus o insectos, entre otros.

A pesar de las múltiples denominaciones, es en 1938 cuando el neurólogo sueco Karl Axel Ekbom lo describió de manera exhaustiva catalogándolo como un “delirio dermatozoico”. Más adelante, en 1946, Wilson y Miller lo denominaron “delirio de parasitosis”.

Imagen obtenida de: https://curiosoando.com/wp-content/uploads/2018/10/hombre-rascando-espalda.jpg

Existen pocos casos reportados y es aún un enigma para la psicopatología moderna.

Esto es así, porque la mayoría de los pacientes son atendidos en consultas de dermatología o medicina interna y no se derivan al consultorio de salud mental.

En la clasificación del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-V) se clasifica dentro de los trastornos delirantes de tipo somático; y en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-10), forma parte de los trastornos delirantes.

Es importante distinguir si la afección es una parasitosis delirante primaria o secundaria.

En cuanto a la incidencia y prevalencia, se señala aproximadamente una incidencia anual de 0,2/0,3 por 1.000 habitantes y una prevalencia de 0,8 por 1000. Afecta más a las mujeres, aumentando el riesgo con los años y siendo la edad media 54,8 años para los hombres y 58 para las mujeres (Madoz-Gúrpide y García Resa, 2004).

La duración promedio del síndrome es de 13 años, aunque este periodo puede alargarse notablemente, sobre todo porque la persona suele tardar años en acudir a un psiquiatra.

Por otro lado, entre las causas por las que puede aparecer esta patología se encuentran los trastornos neurológicos. Especialmente, puede surgir como producto de accidentes cerebrovasculares. Y, también es común que aparezca en demencias, enfermedades nutricionales, endocrinas, renales, infecciosas, tumores e intoxicaciones por drogas, entre otros.

¿Qué significa “la caja de cerillas” en el síndrome de Ekbom?

Delirio parasitosis. Imagen obtenida de: https://ivanlerma.files.wordpress.com/2013/02/caja-de-cerillas.jpg

Lyell, en 1983, describió que las personas que padecían este trastorno psicosomático normalmente acudían a consulta con frascos, pañuelos, bolsas o cajas, donde decían haber capturado al organismo, presentándolo al profesional como prueba.

Evidentemente, cuando se abría el recipiente no había nada, a excepción de pelusa, polvo, piedras o pelo.

En el síndrome de Ekbom o “delirio de parasitosis”, el paciente no solo puede sentir estar lleno de insectos, por ejemplo, sino que la mayoría es capaz de describir de manera detallada el organismo que les acecha.

Pueden explicar minuciosamente cómo se mueve o repta, su tamaño o color. E incluso, pueden hacer dibujos de ellos y fotografiarlos. Según indican, estos son difíciles de atrapar y eliminar.

Perfil psicológico de personas con el síndrome de Ekbom

El impacto en la imagen corporal es claro, los síntomas tanto sociales, económicos, psicológicos y físicos tienden a empeorar dado que los pacientes suelen aislarse. Así mismo, existen conductas que pueden poner en riesgo la vida de la persona y quienes le rodean.

De este modo, pueden cambiar numerosas veces de trabajo y de casa con el fin de huir del organismo, así como utilizar productos químicos o mutilarse para acabar con este o aliviar los síntomas.

La persona con el síndrome de Ekbom puede presentar insomnio, depresión, cansancio, miedo, frustración y ansiedad. Junto a esto, puede aparecer la vergüenza o la culpa, que da pie a que el aislamiento social sea mayor. El núcleo familiar también se ve afectado y la demanda de pruebas médicas y compra de remedios puede suponer un gasto económico considerable.

Por otro lado, hay que contar que la persona también puede manifestar alucinaciones táctiles, visuales u olfatorias. Y, un punto que no puede olvidarse es la valoración del riesgo de suicidio en quien lo padece (Lutfi, 2016).

Tratamiento

Existen cuatro factores importantes sobre los que velar en pacientes con este tipo de delirios: Ambientales, de personalidad, biológicos y psicológicos (Rodríguez-Cerdeira et al., 2010).

Una vez que se ha realizado el diagnóstico diferencial y se ha determinado la causa, lo fundamental será establecer una relación sólida entre los profesionales de la salud y el paciente. De este modo, si el paciente acepta y está motivado con el tratamiento el pronóstico de recuperación será mucho mayor.

Se ha de combinar un tratamiento psicológico, dermatológico y psiquiátrico. Para tratar los síntomas delirantes se utilizan antipsicóticos, siendo la la pimozida, la olanzapina y la risperidona los más usados demostrando efectos positivos.

La medicación, la dosis y el tiempo variarán según los síntomas de cada paciente y la valoración de los profesionales. Así mismo, se tratará la ansiedad, el insomnio y la depresión, validando las emociones y evitando cualquier confrontación sobre la causa de la sintomatología. Sumado a esto, el abordaje clínico ha de contar con la implicación y supervisión de los familiares en el tratamiento (Coşar et al., 2012).

Conclusión

Sin duda esta afectación puede ser origen de una gran frustración para quien lo padece. Presentar el síndrome de Ekbom o “delirio de parasitosis” y sentir que uno está lleno de insectos puede ser, como menos, aterrador. Esto sumado al hecho de que los trastornos delirantes son difíciles de tratar, dada la negación del problema, puede complicar el proceso.

Por este motivo, un enfoque multidisciplinario donde se atiendan las demandas del paciente, se le comprenda y dedique tiempo es clave.

Finalmente, dada la carencia de conciencia de la enfermedad de una persona con el síndrome de Ekbom, hacerle ver que no está lleno de insectos o cualquier otro organismo, será una tarea ardua.

De hecho, aunque hay personas que pueden llegar a remitir completamente los síntomas hay otras en las que el “delirio de parasitosis” se mantiene, aunque sea en menor medida. Conocer el cuadro clínico facilitará una detección y actuación temprana para la recuperación.

Referencias bibliográficas

  • Coşar, B., Taşkinoğlu, K., Lepping, P., Burhanoğlu, S., Eser, H. Y., Taner, M. E. y Arikan, Z. (2012). Treatment options of delusional parasitosis: Case series of 14 patients. Anatolian Journal of Psychiatry, 5.
  • Madoz-Gúrpide, A. y García Resa, E. (2004). Delirio parasitario dermatozoico. Medicina Clínica, 123(2), 66-69. https://doi.org/10.1016/S0025-7753(04)74413-9
  • Munoz, H. y Bayona, L. (2015). Síndrome de Ekbom: A propósito de un caso. Revista Colombiana de Psiquiatría, 44(1), 61-65. https://doi.org/10.1016/j.rcp.2014.09.001
  • Rodríguez-Cerdeira, C., Pera, J. T. y Arenas, R. (2010). El síndrome de Ekbom: Un trastorno entre la dermatología y la psiquiatría. Revista Colombiana de Psiquiatría, 39(2), 440-447. https://doi.org/10.1016/S0034-7450(14)60263-8
  • Lutfi, A. M. (2016). Ekbom syndrome, an evidence based review of literature. Asian Journal of Medical Sciences, 7(3), 1-8. https://doi.org/10.3126/ajms.v7i3.13878