El diagnóstico de cáncer suele llevar a una serie de emociones negativas, como desesperanza, dolor, miedo y ansiedad, que afectan la salud física y la calidad de vida en dichas personas. Ante tal panorama, la Terapia de Aceptación y Compromiso (Acceptance and Commitment Therapy, ACT, en inglés) surge como una intervención prometedora para mejorar el bienestar en pacientes oncológicos. Basado en un estudio reciente, la presente nota explora cómo el mencionado enfoque es capaz de aumentar la esperanza, la resiliencia y la flexibilidad psicológica, mientras reduce el malestar afectivo en esta población.
¿Qué se sabía hasta ahora?

Hasta ahora, la evidencia señalaba que el cáncer no solo compromete la salud física, sino que también genera un considerable impacto de angustia. Muchas personas atraviesan periodos de miedo, incertidumbre y dolor, especialmente durante tratamientos complejos como la radioterapia. Los enfoques tradicionales, centrados en atenuar emociones negativas, mostraron límites al no abordar los procesos que contribuyen a la rigidez psicológica.
En este contexto, la ACT emerge como una alternativa prometedora para pacientes oncológicos. Dicho enfoque busca fortalecer la flexibilidad psicológica, un recurso clave para afrontar adversidades prolongadas. Aunque investigaciones previas ya mostraron beneficios en áreas como la ansiedad, la depresión o el miedo a la recurrencia, la mayoría tuvieron su foco en mujeres con cáncer de mama. Persistía, por tanto, un vacío en relación con su eficacia en personas sometidas a terapias avanzadas. El estudio analizado se propuso, justamente, explorar ese terreno, evaluando si el enfoque terapéutico podía potenciar la esperanza, la resiliencia y el bienestar en esta población.
¿Cómo se llevó a cabo la investigación?
La investigación se desarrolló en un centro especializado en radioterapia con protones e iones pesados en Shanghái, China. El diseño utilizado fue no aleatorizado, de modo que los pacientes eran asignados a un grupo de intervención o a uno de control según su fecha de ingreso. Los criterios de inclusión fueron personas adultas con diagnóstico oncológico confirmado, buen estado funcional y capacidad para participar en las sesiones. Se excluyó a quienes presentaban enfermedad aguda, trastornos mentales graves o dificultades para completar el seguimiento.
El grupo de intervención recibió un programa de ACT durante tres semanas, con seis sesiones grupales. Las mismas se centraron en aceptación, defusión cognitiva, atención plena, autoconceptualización y clarificación de valores. El grupo de control recibió únicamente educación sanitaria habitual. Ambos grupos fueron evaluados en esperanza, resiliencia, flexibilidad psicológica y malestar emocional al inicio, tras el abordaje y tres meses después, con el fin de analizar los cambios producidos a lo largo del tiempo.
Resultados de la ACT en pacientes oncológicos

En efecto, la intervención basada en la ACT tuvo un impacto positivo significativo en las personas con cáncer sometidas a radioterapia. A continuación, se detallan los hallazgos clave en relación con los indicadores de esperanza, resiliencia, flexibilidad psicológica y malestar emocional.
Incremento de la esperanza
El abordaje basado en la ACT produjo un aumento claro en los niveles de esperanza. Al finalizar el programa, las personas atendidas mostraron puntuaciones más altas que el grupo de control, diferencia que volvió a observarse tres meses después. Esta estabilidad sugiere que el enfoque terapéutico fortaleció la capacidad de proyectarse hacia el futuro y sostener metas significativas, incluso en medio de las exigencias del tratamiento oncológico.
Mejoras en la resiliencia
Por otra parte, la intervención también favoreció un aumento significativo en la fortaleza mental. Quienes participaron en el programa mostraron puntuaciones más altas en la Escala de Resiliencia de Connor y Davidson (Connor–Davidson Resilience Scale, CD-RISC, en inglés) al finalizar las sesiones. Aunque esta diferencia no se mantuvo en la evaluación realizada tres meses después, sí fue significativa al finalizar la intervención. Lo dicho sugiere que el trabajo terapéutico fortaleció la capacidad de afrontar la adversidad durante el periodo de aplicación, generando un apoyo emocional especialmente valioso en las etapas más demandantes del tratamiento.
Aumento de la flexibilidad psicológica
Asimismo, identificaron una mejora marcada en la adaptabilidad psicológica en las personas expuestas al programa. Este componente se evaluó mediante el Cuestionario de Aceptación y Acción (Acceptance and Action Questionnaire-II, AAQ-II, en inglés). En el mismo, las puntuaciones más bajas reflejan una mayor capacidad para relacionarse de manera más amplia y adaptable con las propias experiencias internas.
Tanto al finalizar el programa como en el seguimiento a tres meses, las personas que participaron en las sesiones obtuvieron valores inferiores al grupo de control. Lo mencionado indica que el abordaje terapéutico favoreció un funcionamiento más flexible y menos dominado por la evitación experiencial, uno de los cambios centrales buscados en este tipo de intervención.
Reducción del malestar emocional

Por último, la desregulación afectiva también disminuyó de manera significativa. El indicador se evaluó mediante el Termómetro de Distrés (Distress Thermometer, DT, en inglés). El antedicho consiste en una herramienta que permite identificar niveles de angustia asociados al proceso terapéutico.
De manera consistente, quienes participaron en el programa obtuvieron puntuaciones más bajas que el grupo control tanto al finalizar las sesiones como en la evaluación posterior. Dicho patrón sugiere que el abordaje implementado contribuyó a aliviar la carga emocional y mejorar el bienestar general durante un periodo clínicamente desafiante.
Límites de los hallazgos
La interpretación de los resultados requiere considerar algunas restricciones del estudio. En primer lugar, el tamaño muestral fue reducido, lo que limita la amplitud con la que pueden extrapolarse los efectos observados. A ello se suma el hecho de que la investigación tuvo su desarrollo en un único centro altamente especializado, con una población que presentaba niveles educativos y socioeconómicos elevados.
Estas características reducen la representatividad de la muestra y dificultan saber si los beneficios identificados podrían reproducirse en contextos más diversos. Por último, el diseño no aleatorizado impide descartar por completo la influencia de variables externas sobre los cambios reportados.
Hacia nuevas direcciones
Sin dudas, la ACT puede constituir un recurso valioso para fortalecer el bienestar en pacientes oncológicos. Su capacidad para expandir la flexibilidad psicológica y facilitar una relación más abierta con las experiencias internas parece contribuir al aumento de la esperanza y a un mejor afrontamiento emocional durante etapas críticas del tratamiento.
Queda por explorar cómo podrían adaptarse estos programas a contextos culturales diversos o integrarse en equipos interdisciplinarios de cuidados oncológicos. ¿Podrían estas propuestas convertirse en un componente estándar del acompañamiento terapéutico de pacientes con cáncer? ¿Qué impacto tendrían si se implementaran desde etapas más tempranas del proceso diagnóstico?
Referencia bibliográfica
- Qin, F., Zhu, Y., Wang, S., Wang, Z. y Zhang, L. (2024). Acceptance and commitment therapy improves hope, psychological resilience, psychological flexibility, and psychological distress in cancer patients receiving radiotherapy: a non-randomized controlled trial. Research Square. https://doi.org/10.21203/rs.3.rs-4161013/v1





















