En los últimos años, la gran incidencia de los trastornos de ansiedad infantiles ha despertado creciente interés en el ámbito clínico y educativo. De hecho, se estima que entre un 10 % y un 20 % de los niños presenta algún cuadro de esta índole, afectando su desarrollo emocional, social y escolar. Frente a tal problemática, la Terapia Cognitivo Conductual (TCC) es ampliamente utilizada como herramienta de intervención. Por ello, en la siguiente nota presentaremos los hallazgos de un metaanálisis reciente que analiza la eficacia de distintas modalidades de TCC en la reducción de los síntomas de ansiedad en niños.

Una síntesis del conocimiento disponible

TCC y ansiedad en niños

La presencia de ansiedad en la etapa de la infancia suele ser considerada una parte esperable del desarrollo. Es un estado complejo necesario que cumple una función adaptativa. No obstante, si se vuelve persistente, irracional o limitante, podría configurar un cuadro complejo.

Sumado a ello, numerosos análisis han demostrado que los trastornos de ansiedad no abordados a tiempo suelen cronificarse, conllevando efectos negativos en el largo plazo. Ante tal escenario, la detección e intervención precoz resultan clave.

La TCC es eficaz contra la ansiedad

Siguiendo esta línea, la TCC demostró gran efectividad para el tratamiento de la ansiedad, tanto en niños como en adultos. En el caso concreto de la infancia, sus versiones adaptadas han derivado en diversas modalidades.

Entre ellas destacan la versión estándar, otras con mayor implicación parental, opciones más lúdicas, basadas en escuelas concretas o, incluso, versiones digitalizadas. Cada una presenta ventajas específicas, pero, hasta el momento, no se había sistematizado cuál de ellas ofrecía mejores resultados.

Una nueva línea de investigación

Recientemente, dos autores llevaron a cabo un metaanálisis con el objetivo de abordar dicha carencia en la evidencia disponible. Para ello, fueron incluidos 29 estudios publicados entre 2015 y 2024, con una muestra total de 3.028 niños diagnosticados con trastornos de ansiedad. Las intervenciones evaluadas abarcaron las diferentes formas de TCC que fueron mencionadas.

Con respecto a los niveles de ansiedad, se evaluaron antes, durante y hasta un año después del tratamiento. Con tal finalidad, utilizaron herramientas de análisis estadístico rigurosas y verificaron la calidad metodológica de cada estudio. Aún más, efectuaron análisis por subgrupos para comparar el impacto entre los diversos abordajes.

Descubrimientos clave

TCC y ansiedad en niños

Los resultados generales indican que, en promedio, los participantes que recibieron psicoterapia cognitiva-conductual mostraron una reducción significativa de sus síntomas en comparación con quienes el grupo control. Asimismo, la mejora se mantuvo en el tiempo, con efectos sostenidos en los seguimientos realizados a 3, 6 y 12 meses posteriores al tratamiento.

Pero, ¿cuál fue la modalidad más efectiva?

Entre las analizadas, la TCC basada en el juego demostró ser la más eficaz. Tal adaptación, que utiliza técnicas lúdicas como herramienta terapéutica, permite abordar el afrontamiento, la autoeficacia y la regulación emocional de manera más adecuada al desarrollo infantil.

¿Y cuáles le siguieron en efectividad?

A continuación, destacaron la TCC estándar, la versión escolar y, en menor medida, la intervención parental. Por otro lado, la TCC computarizada mostró resultados más modestos. Si bien ofrece una alternativa accesible, es un formato que necesita optimizaciones para alcanzar niveles comparables a las versiones presenciales.

Cabe destacar que, las modalidades individuales tendieron a ser ligeramente más efectivas que las grupales, posiblemente por la mayor personalización del tratamiento. Sin embargo, las intervenciones escolares y grupales también demostraron ser herramientas viables y eficaces, especialmente en contextos donde los recursos son limitados.

A más tiempo, mejores resultados

Otro hallazgo relevante fue la relación entre la duración de la intervención y su eficacia. Las terapias que se extendieron durante ocho semanas mostraron un impacto significativamente mayor en la reducción de la ansiedad que aquellas de menor duración.

Además, los programas con sesiones semanales estructuradas y acompañamiento parental mostraron mejoras sostenidas en el tiempo, sugiriendo que la constancia y la participación del entorno familiar son factores clave para potenciar los efectos terapéuticos de la TCC en niños. Estos datos aportan insumos valiosos para el diseño e implementación de programas eficientes y adaptados a las necesidades del desarrollo infantil.

Sostenibilidad del cambio: ¿Hasta dónde llega la TCC?

Un aporte a destacar fue la inclusión de evaluaciones de seguimiento a los 3, 6 y 12 meses posteriores a la intervención. A los tres meses, los niveles de ansiedad seguían siendo significativamente más bajos en comparación con los valores previos al tratamiento. A los seis meses, si bien el efecto disminuía levemente, seguía siendo relevante.

Y, de forma alentadora, al cumplirse un año, los menores que recibieron TCC continuaban presentando menos ansiedad que aquellos del grupo control. Estos resultados dan cuenta de que los beneficios de la terapia no solo son efectivos, sino también sostenibles en el tiempo.

Limitaciones

Aunque los resultados son robustos, presentan ciertas limitaciones. Por ejemplo, excluyeron investigaciones publicadas en idiomas distintos del inglés, lo que podría haber dejado fuera evidencia valiosa.

Asimismo, el análisis se centró solo en estudios con acceso a texto completo y en aquellos que evaluaban la ansiedad de manera específica, excluyendo otros síntomas asociados como la depresión o el funcionamiento social. También se identificaron diferencias metodológicas entre los artículos incluidos, como la duración de la intervención y el tipo de instrumento de evaluación.

¿Por qué elegir la TCC para tratar la ansiedad en niños?

La TCC, centrada en el juego y la participación activa del niño, resulta particularmente indicada para la primera infancia, facilitando la conexión con el mundo simbólico y emocional propio de esa etapa. Estos hallazgos ofrecen una guía fundamental para profesionales de la salud mental, educadores y cuidadores al momento de elegir las intervenciones.

Recordemos, por último, que prevenir la ansiedad infantil no es solo aliviar un malestar presente, sino también sembrar condiciones para un desarrollo más libre, seguro y saludable. Si las experiencias tempranas tienen el poder de moldear el miedo, también deberían tener el potencial de construir confianza. En definitiva, si queremos cuidar el trayecto emocional desde la infancia, debemos apostar por intervenciones tempranas. Te esperamos en nuestro curso Ansiedad infantil: Evaluación, herramientas clínicas y estrategias de acompañamiento para seguir profundizando en la comprensión, evaluación y acompañamiento de esta problemática.

Referencia bibliográfica

  • Alemdar, H. y Karaca, A. (2025). The effect of cognitive behavioral interventions applied to children with anxiety disorders on their anxiety level: A meta-analysis study. Journal of pediatric nursing80, e246-e254. https://doi.org/10.1016/j.pedn.2024.12.020