En las últimas décadas, la prevalencia de ansiedad y depresión ha aumentado significativamente a nivel global. Dicho fenómeno ha llevado a la comunidad científica a centrarse en los factores que predisponen al desarrollo de psicopatología en la adultez. Dentro de este marco, las experiencias de burla y victimización en la infancia han despertado un interés creciente, particularmente por su posible vínculo con el riesgo de padecer un trastorno de ansiedad. Por este motivo, presentamos los hallazgos de un estudio reciente, que analiza el impacto a largo plazo del acoso verbal infantil en la salud mental adulta.
¿Qué se sabe hasta el momento?

Múltiples investigaciones han demostrado que el acoso escolar, en sus diferentes formas, tiene el potencial de dejar secuelas psicológicas persistentes. Entre ellas, la burla maliciosa se distingue por transmitir un mensaje de rechazo colectivo que atenta contra la necesidad básica de pertenencia.
Lejos de ser una simple broma
Esta clase de interacciones causa un impacto profundamente perjudicial, estando relacionadas con problemas de autoestima, ansiedad, depresión y dificultades en las relaciones interpersonales. De hecho, de acuerdo con los modelos de vulnerabilidad cognitiva, tales efectos podrían estar influenciados por la formación de un autoconcepto negativo y la tendencia a evitar situaciones sociales. Lo anterior, a su vez, conduce a la consolidación de patrones disfuncionales que persisten hasta la adultez.
Un nuevo estudio: Analizando el efecto de la burla
Con base a lo expuesto, un metaanálisis reciente examinó los datos de 364 adultos, en su mayoría jóvenes menores de 30 años, que completaron una serie de cuestionarios psicológicos de manera online. Específicamente, fueron evaluados los recuerdos de haber experimentado burlas durante la infancia a través del Cuestionario de burlas (Teasing Questionnaire – Revised, en inglés). Posteriormente, se midieron variables como depresión, ansiedad, estrés, fobia social, ansiedad social y autoestima.
Además, fueron aplicados modelos de mediación estadística para determinar si la autoestima y la ansiedad social explicaban parte del vínculo entre las experiencias de burla en la infancia y los síntomas en la adultez.
¿Qué hallazgos fueron los más relevantes?

En primer lugar, aquellas personas que recordaban haber sido blanco de burlas en la infancia mostraban más síntomas de ansiedad, depresión y baja autoestima en la adultez. Sin embargo, quienes tenían una autoestima más alta presentaban menos síntomas.
Lo anterior, sugiere que la autoestima funciona como una especie de escudo protector. Lo que quiere decir que puede reducir el impacto emocional del bullying infantil, incluso muchos años después.
Burla y ansiedad: Un vínculo duradero
En segundo lugar, los hallazgos muestran que ser blanco de burlas en la infancia deja huellas emocionales duraderas. Años después, muchas personas que vivieron ese tipo de acoso presentan más ansiedad, sobre todo al interactuar con otros.
Además, la ansiedad social parece ser una pieza clave: no solo es una consecuencia, sino que ayuda a explicar cómo ese daño infantil se convierte en malestar en la adultez. Es decir, crecer con miedo al rechazo podría hacer que la persona evite relaciones o se sienta constantemente juzgada.
Vínculo con la depresión: ¿Factor predisponente?
De manera similar, el análisis revela una relación significativa con los síntomas depresivos. En particular, se observó que los recuerdos de acoso verbal se encuentran asociados con sentimientos persistentes de inutilidad, desesperanza y desvalorización en la adultez.
Tal patrón sugiere que las burlas constantes experimentadas en la infancia tienen el potencial de convertirse en una narrativa interna que alimenta creencias disfuncionales sobre el propio valor. Por consiguiente, la desvalorización prolongada afecta el autoconcepto de forma que facilita el desarrollo posterior de síntomas depresivos, como la anhedonia, autocrítica extrema y pérdida de motivación.
La burla sobre habilidades interpersonales: El predictor más potente
Entre todos los tipos de acoso verbal evaluados, la humillación centrada en la competencia social del niño (no saber conversar, actuar nervioso, ser llorón) fue el predictor más consistente de los trastornos emocionales en la adultez. Resultados que confirman que los ataques al desempeño interpersonal tienen un efecto especialmente desestabilizador. Posiblemente, porque dificultan el desarrollo de habilidades sociales fundamentales.
Lo anterior se evidencia en el hecho de que dichas experiencias predijeron todos los indicadores de malestar analizados. Demostrando así, su profundo impacto transversal en la salud psicológica durante la adultez.
Algunas limitaciones a considerar…

Si bien las conclusiones son importantes, es necesario considerar algunos aspectos metodológicos que dificultan su generalización. Al tratarse de un diseño retrospectivo basado en autoinforme, los datos dependen del recuerdo subjetivo de experiencias infantiles.
Es decir, que la medida introduce sesgos de memoria o reinterpretación. Y, en esa misma línea, todas las variables fueron medidas mediante cuestionarios y no mediante evaluación clínica, lo que restringe la precisión diagnóstica.
Sabemos que el bullying deja marcas…
Estos hallazgos refuerzan la idea de que la ansiedad infantil no es un fenómeno pasajero, sino que puede consolidarse a lo largo del desarrollo si no se abordan las causas subyacentes. Intervenir de forma temprana permite reducir el sufrimiento inmediato y prevenir trayectorias de vulnerabilidad emocional a largo plazo.
Asimismo, los autores subrayan la necesidad de diferenciar entre bromas afectuosas y burlas hirientes. Mientras las primeras tienden a fortalecer vínculos, las segundas abren heridas duraderas. Pero, ¿cómo podemos intervenir? Es particularmente relevante crear entornos educativos y familiares que validen la diversidad y promuevan la empatía. Así, funcionaría como una estrategia potente para prevenir los efectos de la exclusión desde edades tempranas. Te esperamos en nuestro curso Ansiedad infantil: Evaluación, herramientas clínicas y estrategias de acompañamiento para seguir profundizando en la comprensión, evaluación y acompañamiento de esta problemática.
Referencia bibliográfica
- Varela, V., Gavrielidou, K., Savidou, D., Simou, M. y Simos, G. (2025). Childhood Teasing Experiences and Adult Emotional Distress: The Mediating Role of Social Anxiety and Self-Esteem. Psychiatry International, 6(2), 42. https://doi.org/10.3390/psychiatryint6020042





















