Antes que nada, ¿has oído hablar de la disfunción ejecutiva en TEA? En los últimos años se ha investigado mucho acerca de las características, necesidades e intervención en personas con trastorno del espectro autista (TEA). Así mismo, se han postulado diversas teorías que intentan dar una explicación de forma global a los TEA. Desde el punto de vista cognitivo, estas teorías tratan de entender el funcionamiento psicológico, es decir, la relación entre conducta y funcionamiento cerebral. Una de las teorías con más consistencia científica es la teoría basada en la alteración de las funciones ejecutivas. Veamos a continuación de qué trata esta teoría explicativa en TEA.

TEA: Más que una condición

La Federación Española de Autismo (FESPAU) define el TEA como una alteración del neurodesarrollo caracterizada por dificultades en dos grandes áreas:

Teorías explicativas en TEA: Disfunción ejecutiva
  • En primer lugar, la comunicación e interacción social.
  • Y, en segundo lugar, la cualidad y rango de los intereses, conductas y actividades (incluyendo posibles particularidades sensoriales).

En los niños con TEA, desde los 9 meses en adelante, se observan alteraciones. Tanto en la acción que ejerce el menor en el mundo de los objetos como la interacción y comunicación con otras personas (Martos-Pérez, 2006).

Estas dificultades se manifiestan de forma muy variable. Por ello, es frecuente el uso del término “espectro” autista.

Y es que, este hace referencia a la variedad de síntomas, niveles de deterioro o habilidades que pueden tener las personas con TEA. Así mismo, hay quienes necesitan pocos apoyos y, por el contrario, otros casos que requieren de apoyos más significativos.

El TEA suele ser mayor en niños que en niñas. Además, la prevalencia ha aumentado en las últimas décadas. En Estados Unidos (EE. UU.), hubo un incremento del 0,67% en el año 2000, 1,47% en 2010 y 2,58% en 2016 (Xu et al., 2018).

Actualmente, la aplicación de los criterios del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5) ha modificado la prevalencia según datos más recientes. Y, sin embargo, sigue corroborándose, igualmente, la tendencia al alza de este indicador (Reynoso, Rangel y Melgar, 2017).

Novedades en la clasificación y criterios diagnósticos del TEA

Ahora, en la última versión del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM- 5), publicado por la Asociación Americana de Psiquiatría (APA), se introducen cambios con respecto a la clasificación y criterios diagnósticos del TEA. Entre algunos de ellos, encontramos que:

  • Recoge el término único de “Trastorno del Espectro del Autismo” y este sitúa dentro de los trastornos del Neurodesarrollo. Es decir, el trastorno autista, el Síndrome de Asperger y el Trastorno Generalizado de Desarrollo no especificado (en DSM-IV-TR), se fusionan para pasar a denominarse Trastorno de Espectro Autista (TEA). Dando lugar, así, a una visión dimensional del trastorno en una sola categoría diagnóstica (espectro).
  • Se unifica la sintomatología en dos categorías: 1) deficiencias en la comunicación social y 2) comportamientos restringidos y repetitivos, frente a la tríada de síntomas que caracterizaban al trastorno en la versión anterior: 1) deficiencias en la reciprocidad social, 2) deficiencias en el lenguaje o en la comunicación y 3) repertorio de interés y actividades restringido y repetitivo.
  • Se incrementa el número de áreas alteradas para considerar que la persona tiene TEA. Introduciéndose alteraciones en el procesamiento sensorial.
  • Son necesarios más detalles para el diagnóstico. De esta forma, se hace referencia a la severidad en cada uno de los dos criterios diagnósticos principales. Esto es, si la persona tiene discapacidad intelectual, su nivel de competencia lingüística, grado de autonomía y de conducta adaptativa. Además de si el TEA está asociado a problemas médicos, genéticos, ambientales o si es fruto de problemas neurológicos (Hervás et al., 2012).
  • Aparece una nueva categoría denominada “Trastornos de la Comunicación Social”. En esta se incluye a las personas con alteraciones en la comunicación social y la pragmática. Sin que la persona presente un repertorio restringido de conductas e intereses.

Funciones Ejecutivas, ¿qué son?

Se definen como un conjunto complejo de procesos psicológicos. Son necesario para controlar y autorregular la conducta. Y, así, resolver cualquier tipo de problema. Por ende, nos permiten establecer, mantener, supervisar, corregir y alcanzar un plan de acción dirigido a una meta.

Habilidades cognitivas

Existen diferentes modelos explicativos sobre las funciones ejecutivas. En este caso nos vamos a centrar en las planteadas por Papazian, Alfonso y Luzondo (2006):

  • Inhibición y control de impulsos: Capacidad de inhibir información irrelevante. O, en su defecto, disminuir la interferencia derivada de la memoria de eventos previos.
  • Memoria de trabajo: Capacidad de almacenar, monitorizar y manejar la información mentalmente.
  • Planificación: Capacidad de anticipar la forma correcta de ejecutar una tarea o alcanzar una meta específica.
  • Flexibilidad: Capacidad para cambiar, intermitentemente, de una tarea o foco atencional a otro. Para ello, nos servimos de la inhibición y memoria de trabajo.
  • Monitorización y control de la acción: Permite autoevaluar y controlar el proceso de planificación antes de tomar la decisión final. El objetivo es asegurarnos que la solución del problema es la mejor.
  • Toma de decisiones: Capacidad para elegir entre diferentes opciones o formas posibles para resolver una situación.

La adquisición de dichas funciones se inician en edades tempranas. Y, por consiguiente, se desarrollan progresivamente, a lo largo de los años. Finalmente, este proceso culmina en la edad adulta. Después, se mantiene en el tiempo y comienza una declinación en la vejez (Martos- Pérez y Paula-Pérez, 2011; Papazian, Alfonso y Luzondo, 2006).

Localización cerebral

Desde hace décadas, las investigaciones resaltan el importante papel que tiene en nuestro sistema nervioso el córtex prefrontal. Justo en esta zona se localizan las funciones ejecutivas.

Imagen obtenida de Tirapu-Ustarroz y Luna-Lario (2008).
Imagen obtenida de Tirapu-Ustarroz y Luna-Lario (2008).

El córtex prefrontal es la parte anterior del lóbulo frontal. Esta región se extiende por la zona lateral, inferior y medial de dicho lóbulo.

En neuropsicología es común hacer referencia a esta parte de nuestro cerebro como “el director de orquesta”. Y es que, se trata de una zona de asociación que integra información de diferentes áreas cerebrales. Que, a su vez, envía información a otras regiones.

Además, en dicha región se observa una amplia interconexión entre otras grandes áreas. Específicamente, zonas que regulan los diferentes aspectos de las funciones ejecutivas: 1) orbitofrontal, 2) dorsolateral, 3) ventromedial y 4) cingulado anterior.

Por lo tanto, parece bastante aceptado que, gracias a esta importante conectividad, las funciones ejecutivas juegan un papel primordial en la coordinación del resto de funciones de nuestro sistema nervioso.

Disfunción ejecutiva: Una teoría explicativa del TEA

Ya conocemos la importancia que las neurociencias otorgan al córtex prefrontal. Así como su gran interconectividad y la implicación de las funciones ejecutivas. Especialmente, en nuestra cognición, emoción y conducta. Pero, a parte de las múltiples teorías explicativas en TEA, ¿qué relación guarda la función ejecutiva con este trastorno?

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La “teoría de la disfunción ejecutiva” es una de las más estudiadas para explicar el conjunto de comportamientos característicos en el TEA.

Relacionándose, a su vez, con hipótesis que plantean desde una “coherencia central debilitada” (weak central coherence), donde se encuentra alterado el desarrollo de la “teoría de la mente”, hasta una “hiperconectividad local” o “teoría de subconectividad local” (local underconnectivity theory), que refleja la necesidad de una red integrada de funciones cerebrales.

Así pues, la teoría de la disfunción ejecutiva plantea que el déficit principal se encuentra en las funciones ejecutivas. Principalmente, como producto de una alteración en el córtex prefrontal. En relación con los déficits de la función ejecutiva, se considera que las personas con TEA presentan (Idiazábal, Boque, 2007; Martos-Pérez, 2011):

  • Una alteración temprana en la planificación de comportamientos complejos, relacionada con un déficit en la memoria de trabajo.
  • Ausencia o déficit de empatía.
  • Pobre afectividad.
  • Déficit en la adquisición y uso de conceptos que requieren la integración de información en un contexto.
  • Falta de espontaneidad y conductas estereotipadas.
  • Perseveraciones e intereses restringidos.
  • Fuertes reacciones emocionales.
  • Déficit en planificación.
  • Dificultades en la focalización de la atención.

Conclusión

La disfunción ejecutiva en TEA está ampliamente aceptada, entre otras, como hipótesis explicativa de algunos síntomas. Y, como acabamos de ver, parece evidente que existe una implicación de estas áreas cerebrales en ciertos indicadores.

No obstante, todavía quedan cuestiones que necesitan más investigación. Sobre todo, en otras teorías explicativas en TEA. Y es que, son muy escasos los programas de intervención con eficacia demostrada que minimicen los efectos de la disfunción ejecutiva en el autismo.

Por lo tanto, es importante conocer el funcionamiento del córtex prefrontal y la teoría de la disfunción ejecutiva para comprender el comportamiento de las personas con TEA. Así como dar una explicación neurobiológica a sus características personales. Por consiguiente, la información sobre la disfunción ejecutiva en TEA podría ser la base sobre la que diseñar programas de intervención más eficaces.

Referencias bibliográficas

  • Hervás, A., Maristany, M., Salgado, M. y Sánchez Santos, L. (2012). Los trastornos del espectro autista. Pediatr Integral16(10), 780-94.
  • Idiazábal-Aletxa, M. A. y Boque-Hermida, E. (2007). Procesamiento cognitivo en los trastornos del espectro autista. Revista Neurológica44(2), 49-51.
  • Martos-Pérez, J. (2006). Autismo, neurodesarrollo y detección temprana. Revista Neurológica, 42(2), S99-S101.
  • Martos-Pérez, J. y Paula-Pérez, I. (2011). Una aproximación a las funciones ejecutivas en el trastorno del espectro autista. Revista de neurología52(1), 147-153.
  • Papazian, O., Alfonso, I. y Luzondo, R. J. (2006). Trastornos de las funciones ejecutivas. Revista Neurológica, 42(3), S45-50.
  • Reynoso, C., Rangel, M. J. y Melgar, V. (2017). El trastorno del espectro autista: aspectos etiológicos, diagnósticos y terapéuticos. Revista Médica del Instituto Mexicano del Seguro Social, 55(2), 214-22.
  • Russell, J. (2020). El autismo como trastorno de la función ejecutiva. Editorial Médica Panamericana.
  • Tirapu-Ustarroz, J. y Luna-Lario, P. (2008). Neuropsicología de las funciones ejecutivas. Manual de neuropsicología2, 219-59.
  • Xu, G., Strathearn, L., Liu, B. y Bao, W. (2018). Prevalence of Autism Spectrum Disorder Among US Children and Adolescents, 2014-2016. JAMA, 319(1), 81.