La salud mental laboral dejó de ser un asunto periférico para convertirse en una prioridad organizacional, clínica y social. Estrés, agotamiento, ansiedad y malestar emocional forman parte de un escenario donde las intervenciones breves y basadas en evidencia ganan cada vez más interés. En ese marco, la Terapia de Aceptación y Compromiso (Acceptance and Commitment Therapy, ACT, en inglés) comenzó a aplicarse en entornos ocupacionales con un objetivo claro. Hablamos de fortalecer la capacidad de las personas para actuar con sentido, aun cuando aparezcan pensamientos y emociones difíciles. A continuación, exploramos una revisión sistemática que analizó qué procesos de la flexibilidad psicológica parecen fortalecerse con mayor consistencia en el trabajo.
Una intervención pensada para contextos exigentes

En primer lugar, la ACT no busca eliminar todo malestar interno. Su propuesta apunta a modificar la relación que una persona establece con sus pensamientos, emociones y sensaciones, para que no queden al mando de su conducta. En lugar de luchar contra cada experiencia incómoda, este modelo promueve una forma más flexible de responder ante aquello que aparece en la vida cotidiana.
En el ámbito laboral, dicha perspectiva tiene una ventaja estratégica: no exige partir de un diagnóstico específico. Por eso, los programas de ACT en el trabajo suelen implementarse en talleres grupales, entrenamientos breves, intervenciones digitales o formatos mixtos. La lógica no es “arreglar” a los trabajadores, sino ofrecer herramientas para manejar mejor las demandas internas y externas del empleo.
La flexibilidad psicológica no es una sola cosa
El concepto central del enfoque terapéutico mencionado es la flexibilidad psicológica. En términos simples, refiere a la capacidad de estar en contacto con el presente, abrirse a experiencias internas difíciles y actuar en dirección a valores personales. Cuando esa capacidad aparece en contextos ocupacionales, se convierte en una habilidad relevante para sostener conductas valiosas en escenarios de presión, incertidumbre o carga emocional.
Sin embargo, esta capacidad no funciona como un bloque homogéneo. Dentro del modelo, existen varios procesos vinculados entre sí: contacto con el momento presente, aceptación, defusión cognitiva, yo como contexto, valores y acción comprometida. La revisión sistemática analizada tuvo un valor particular porque no preguntó solamente si el enfoque terapéutico mejora la flexibilidad psicológica, sino qué componentes específicos parecen cambiar con mayor consistencia.
¿Cómo se realizó la investigación?

La revisión incluyó 30 estudios sobre programas de ACT dirigidos a trabajadores o personal en formación profesional. De ellos, 18 contaban con algún grupo de comparación. Las intervenciones fueron aplicadas en distintos perfiles ocupacionales, entre ellos personal sanitario, trabajadores de apoyo, profesionales de la educación, bomberos, agricultores, empleados universitarios y otros grupos laborales.
Los programas variaban en duración y formato. Algunos consistían en talleres presenciales de una jornada; otros incluían varias sesiones distribuidas durante semanas. También aparecieron intervenciones online, aplicaciones móviles y formatos combinados. Aun con esa diversidad, la pregunta central fue la misma: identificar qué procesos psicológicos mostraban cambios más claros luego de participar en programas de ACT en el trabajo.
El proceso con mayor respaldo
El hallazgo más sólido apareció en la defusión cognitiva. Este proceso alude a la capacidad de observar los pensamientos como eventos mentales, sin tratarlos automáticamente como verdades absolutas ni órdenes que deben obedecerse. En lugar de “soy un fracaso”, la persona aprende a notar que “estoy teniendo el pensamiento de que soy un fracaso”. La diferencia parece sutil, pero clínicamente mueve bastante la aguja.
Los estudios revisados mostraron evidencia consistente de que ACT en contextos de trabajo ayuda a fortalecer dicha habilidad. Las mejoras aparecieron en distintas medidas de defusión, como la credibilidad otorgada a pensamientos difíciles, la fusión cognitiva y la reactividad frente al contenido mental. Además, varios artículos encontraron que los cambios en defusión mediaban mejoras en ansiedad, depresión o burnout.
Atención plena y aceptación
Asimismo, la revisión encontró evidencia moderada sobre mejoras en el contacto con el momento presente. Este proceso implica prestar atención a la experiencia actual, en lugar de funcionar en “piloto automático” o quedar absorbido por preocupaciones. Algunos programas lograron fortalecer la conciencia de sensaciones corporales, emociones y estímulos del entorno, especialmente cuando las prácticas estaban integradas con otros procesos de ACT.
La aceptación también mostró avances moderados. En este caso, no significa resignación ni pasividad, sino disposición a experimentar emociones, pensamientos o sensaciones desagradables sin entrar en una lucha constante contra ellos. Un matiz importante es que los cambios en aceptación no siempre aparecieron inmediatamente después de las intervenciones. En algunos estudios, las mejoras fueron más visibles durante el seguimiento, lo que sugiere que desarrollar una actitud menos crítica hacia la experiencia interna requiere tiempo y práctica.
Valores y acción comprometida

El punto menos claro del trabajo estuvo en los mecanismos vinculados con valores y acción comprometida. Dentro de ACT, los valores funcionan como direcciones vitales: aquello que da sentido a la conducta. La acción comprometida, en cambio, refiere a comportamientos concretos que acercan a la persona a esas direcciones, incluso cuando aparecen obstáculos internos o externos.
Aunque estos procesos son centrales en el modelo, los hallazgos fueron menos consistentes. Parte del problema parece estar en los instrumentos utilizados para medirlos. Algunas escalas ofrecieron resultados débiles o difíciles de interpretar, mientras que estudios más recientes, con otras herramientas de evaluación, mostraron datos más prometedores. Por eso, no conviene concluir que los valores “no funcionan” con ACT en entornos de trabajo, sino que la investigación necesita medir mejor cómo cambian y de qué manera influyen en el bienestar.
¿Y qué pasa con el burnout?
Finalmente, los resultados tienen implicaciones relevantes para el abordaje del burnout y el malestar laboral. Si los programas fortalecen especialmente la defusión, la atención al presente y la aceptación, entonces su principal aporte podría estar en ayudar a las personas a relacionarse de otra manera con pensamientos difíciles, emociones intensas y experiencias de presión.
Lo que la investigación necesita ajustar
A pesar de los hallazgos mencionados, también es necesario marcar límites importantes. Muchos estudios utilizaron muestras pequeñas, diseños con riesgo de sesgo, instrumentos heterogéneos y autoinformes. Además, buena parte de la evidencia proviene de países de ingresos altos, lo que reduce la posibilidad de generalizar los hallazgos a otros contextos laborales, económicos y culturales.
Para avanzar, las futuras investigaciones deberían utilizar medidas más precisas de los distintos mecanismos de ACT, evaluar seguimientos más prolongados y comparar estas intervenciones con otros programas activos. También sería útil estudiar en qué perfiles resulta más efectiva y bajo qué condiciones organizacionales alcanza mayor impacto.
Una herramienta prometedora
El modelo ACT aparece como una intervención prometedora para fortalecer procesos específicos de la flexibilidad psicológica en el trabajo. La evidencia más robusta apunta a la defusión cognitiva, mientras que la atención plena y la aceptación muestran un respaldo moderado. En cambio, los mecanismos vinculados con valores y acción comprometida requieren mayor precisión metodológica antes de extraer conclusiones firmes.
En definitiva, no debería presentarse como una solución rápida para todos los problemas laborales. Su valor reside en ofrecer herramientas para que las personas no queden atrapadas por pensamientos y emociones difíciles, y puedan actuar con mayor claridad en escenarios exigentes. La salud mental en contextos ocupacionales necesita tanto habilidades individuales como condiciones organizacionales responsables.
Referencia bibliográfica
- Rad, Y., Prudenzi, A., Zernerova, L., Gerson, J. y Flaxman, P. E. (2025). Effects of workplace acceptance and commitment therapy (ACT) programs on psychological flexibility’s subprocesses: A systematic review. Journal of Contextual Behavioral Science, 37, 100915. https://doi.org/10.1016/j.jcbs.2025.100915





















