La infancia es una etapa crucial para el desarrollo psicológico, y las experiencias adversas en estos años pueden dejar huellas profundas en las personas. En este contexto, comprender cómo influyen dichas experiencias adversas tempranas en la salud mental, tomando el género como enfoque transversal, se ha vuelto prioritario. Un metaanálisis reciente buscó aportar conocimientos sobre este tema, analizando más de 40 estudios previos. Entonces… ¿Afectan del mismo modo las experiencias adversas en la infancia a mujeres y hombres?
Lo que sabíamos hasta ahora

Las investigaciones previas indicaban que las experiencias adversas tempranas —tales como abusos, negligencias o disfunciones familiares antes de los 18 años— se asocian con un mayor riesgo de desarrollar depresión y ansiedad en la adultez. Dichos eventos, muchas veces, afectan el sistema de respuesta al estrés, alterando la regulación emocional y fomentando esquemas cognitivos negativos.
Además, algunos estudios habían mostrado que mujeres y hombres no solo presentan diferentes prevalencias de estos trastornos, sino que también atraviesan distintos tipos de experiencias adversas. Mientras las mujeres tienden a estar más expuestas al abuso emocional y sexual, los hombres son más propensos a sufrir violencia física o negligencia. Sin embargo, los resultados sobre cómo influyen estas diferencias de género en la salud mental no siempre fueron consistentes, por lo que fue necesario ahondar en esta temática, y compararar directamente los efectos de acuerdo al género.
El camino metodológico
El estudio consistió en una revisión sistemática y un metaanálisis de 42 investigaciones observacionales. Se analizaron artículos que reportaron asociaciones entre experiencias adversas tempranas y síntomas de depresión o ansiedad, diferenciadas, justamente, por género.
Para llevarlo a cabo, se aplicó un modelo de efectos aleatorios para calcular la probabilidad conjunta de que mujeres y hombres desarrollaran depresión y ansiedad tras haber vivido experiencias adversas tempranas. Además, se produjo un índice comparativo entre géneros que permitió evaluar en qué caso los efectos eran más pronunciados.
¿Cuándo hay más riesgo de ansiedad?
Uno de los hallazgos más contundentes fue que el riesgo de ansiedad aumenta con la acumulación de experiencias adversas tempranas. En particular, quienes habían vivido dos eventos adversos tenían mayor probabilidad de presentar ansiedad en comparación con quienes no vivieron ninguno. Además, la mencionada relación fue más fuerte en mujeres que en hombres, sugiriendo una mayor predisposición en el género femenino frente a la acumulación de adversidades.

Considerando el tipo de experiencia
Más allá de la cantidad, el tipo de experiencia adversa también mostró efectos distintos según el género. Por ejemplo, los hombres que habían atravesado abuso emocional, abuso sexual o la encarcelación de un familiar, presentaban una mayor asociación con la ansiedad que las mujeres con experiencias similares.
Estos resultados invitan a cuestionar la idea de que ciertos tipos de experiencias adversas, particularmente relacionadas con lo emocional, afectan únicamente a las mujeres. En algunos contextos, los hombres están más expuestos a desarrollar síntomas internalizantes, lo que evidencia la necesidad de intervenciones oportunas ante el desarrollo de síntomas de ansiedad o depresión.
Bullying y depresión: ¿Cómo se relacionan?
En el caso de la depresión, las diferencias no fueron tan pronunciadas. Sin embargo, el acoso escolar (bullying, en inglés) emergió como un factor particularmente relevante para este fenómeno. Los hombres expuestos a él presentaron un mayor riesgo de depresión en comparación con las mujeres en la misma situación.
En este sentido, es significativo considerar que el bullying suele ser una experiencia relacional que pone en juego el sentido de pertenencia y la imagen social. A su vez, estos aspectos también impactan de forma distinta según las construcciones sociales del género.
¿Cómo se visualiza esta experiencia en los distintos géneros?
En los varones, la presión social para sostener una imagen de fortaleza y autonomía emocional podría dificultar la expresión del malestar y limitar el acceso a redes de apoyo. Además, en muchos contextos, las respuestas cuando los varones sufren este tipo de acoso tienden a minimizarse o invisibilizarse, lo que amplifica el efecto negativo de esta experiencia.
En contraste, las mujeres muestran una mayor capacidad de procesamiento emocional o acceso a recursos protectores. Ambos factores que, efectivamente, atenúan el riesgo de desarrollar depresión en las mujeres. Si quieres interiorizarte más en esta temática, te recomendamos nuestro curso en prevención e intervención del acoso escolar.

Límites metodológicos y desafíos
Si bien los resultados aportan hallazgos novedosos, existen algunas limitaciones que deben considerarse. En primer lugar, los artículos incluidos fueron observacionales, lo que impide establecer relaciones de causalidad directa. Asimismo, las definiciones y herramientas empleadas en el presente estudio para medir las experiencias adversas y los síntomas de ansiedad y depresión, fueron heterogéneas.
También es importante señalar que la mayoría de los estudios revisados provienen de contextos occidentales. Lo anterior resulta un aspecto sumamente crucial, ya que reduce la generalización de los resultados a otros territorios, culturas y contextos socioeconómicos.
Claves desde el género para la intervención
Este estudio refuerza una idea clave: las experiencias adversas tempranas y el género interactúan de forma compleja, generando patrones diferenciados de riesgo para la salud mental. Comprender estas diferencias no es un ejercicio académico, sino una herramienta fundamental para diseñar intervenciones más eficaces y sensibles al contexto de cada persona.
Los hallazgos abren nuevos interrogantes sobre los mecanismos subyacentes a las mencionadas diferencias. ¿Cómo inciden los estereotipos de género en la forma en que se expresan los síntomas o se busca ayuda? Construir una mirada desde el género en la investigación y en la práctica clínica no solo enriquece el análisis, sino que también permite avanzar hacia mejores estrategias de prevención y atención.
Referencia bibliográfica
- Zhu, S., Cheng, S., Liu, W., Ma, J., Sun, W., Xiao, W., Liu, J., Thai, T., Shawi, A., Zhang, D., Ortega, I., Kim, Y. y Song, P. (2025). Gender differences in the associations of adverse childhood experiences with depression and anxiety: A systematic review and meta-analysis. Journal of affective disorders, 378, 47-57. https://doi.org/10.1016/j.jad.2025.02.074





















