El accidente cerebrovascular (ACV) o ictus se ha convertido en una de las mayores causas de mortalidad a nivel mundial. Esto ha generado interés tanto en el manejo clínico como en su rehabilitación. Todo esto tiene como objetivo minimizar las posibles consecuencias tanto en la persona que lo padece como en su familia. Por esta razón, es importante entender esta patología cerebral y diferencias entre la hemorragia y la isquemia cerebral.

Definición del ACV o ictus

Según Martí-Vilalta (1995) es una alteración del sistema circulatorio cerebral que puede alterar de manera transitoria o definitiva el funcionamiento de una o varias zonas cerebrales. Como resultado, se producen consecuencias físicas, cognitivas, emocionales y comportamentales en el paciente.

Por ser un trastorno complejo, su manejo se debe dar en el menor tiempo posible. Asimismo, se ha encontrado que la mayoría de los supervivientes presentan una considerable pérdida en la calidad de vida y autonomía. Creando problemas no solo para sí mismo, sino también para sus familiares.

En la actualidad, no se conocen cifras exactas a nivel mundial sobre la prevalencia de esta enfermedad. Sin embargo, se ha encontrado que el porcentaje ha ido aumentando significativamente. Asimismo, se ha mejorado la atención rápida y eficaz en el momento que se presenta el accidente cerebrovascular (ACV). A pesar de ello, también ha aumentado el número de casos de discapacidad producida como consecuencia de la presencia de este trastorno.

Vascularización cerebral

En el siguiente esquema se encuentra de manera general la distribución del sistema circulatorio en el cerebro:

En esta imagen se observa la distribución sanguínea en la corteza y partes subcorticales. Por medio de las mismas, se conecta y forma el polígono de Willis. Es importante aclarar que todas estas arterias están conectadas por unas estructuras más pequeñas llamadas arterias comunicantes.

Factores de riesgo en el ACV

Existen múltiples factores de riesgo que nos hacen propensos a sufrir de un ictus. Se pueden dividir entre factores no modificables y factores modificables. En el primer grupo encontramos la edad y los factores genéticos. Ya que se ha encontrado que las personas mayores o con algunas mutaciones genéticas suelen ser más propensas a sufrir de un ictus.

Dentro del segundo grupo, entre los factores modificables encontramos:

Por lo tanto, hacer modificaciones en la dieta, practicar ejercicio físico semanalmente, llevar un control cuando se sufre de hipertensión y/o diabetes; podrían disminuir notablemente los riesgos. Asimismo, saber controlar el estrés ha mostrado grandes beneficios, no solo para evitar enfermedades, sino para poder llevar una vida más sana.

Clasificación del ACV o Ictus

En la actualidad, existen múltiples maneras para clasificar los ictus. Dependen de su localización, etiología, evolución, mecanismos de acción, entre otros. En este artículo usaremos la clasificación planteada por Perea y Ardila (2014).

ACV o ictus Isquémico

En la isquemia cerebral, se presenta una interrupción del flujo sanguíneo en la arteria. Como consecuencia, no hay flujo de sangre y, por ende, esa parte del cerebro pierde el suministro de oxígeno y glucosa, vitales para su funcionamiento. En el caso que se presente un daño permanente, se produce un infarto cerebral, que desencadena en muerte neuronal. Existen tres subtipos de isquemias cerebrales:

  • Trombótico: en este caso, sustancias llenan la arteria hasta obstruir totalmente su flujo. Generalmente, la actuación es local y lo sufren las personas con riesgos cardíacos.
  • Embólico: un coágulo, grasa, burbuja de aire, o cualquier colección de materiales, fluyen en el torrente sanguíneo hasta llegar a un punto que genera un taponamiento. En la mayoría de los casos, las sustancias son externas del cerebro y puede producirse incluso sin antecedentes cardíacos.
  • Arterioesclerosis/Vasculitis: se presenta una disminución en el flujo sanguíneo debido al endurecimiento (arterioesclerosis) o inflamación (vasculitis) de la arteria.

Existen también la isquemia cerebral transitorios. En este tipo de ACV, hay presencia de signos neurológicos focales, pero la recuperación completa aparece en las primeras 24 horas. Es decir, la súbita pérdida de las funciones neurocognitivas permanece por poco tiempo.

ACV o Ictus Hemorrágico

En el ACV hemorrágico existe la ruptura de un vaso sanguíneo. Como consecuencia, hay una infiltración de sangre en el cerebro. La severidad puede variar desde pequeñas hemorragias asintomáticas, hasta una hemorragia masiva que puede llevar a la muerte. Dependiendo del lugar dónde se produzca, se pueden hablar de varios tipos:

  • Extraparenquimatosas: en este caso la hemorragia se da en el espacio de las meninges cerebrales.
  • Intraparenquimatosas: la hemorragia se presenta directamente en la masa cerebral.
  • Intraventricular: la presencia de sangre está exclusivamente en los ventrículos.

Existen varios factores que pueden generar una hemorragia cerebral. La primera es la hipertensión arterial, asociada a la disminución en la resistencia de las paredes arteriales. Principalmente, estas hemorragias son intraparenquimatosas, especialmente en regiones subcorticales como núcleos basales o tálamo. Cuando este es de gran tamaño, suele desplazar estructuras cerebrales e invadir el espacio de los ventrículos.

La segunda causa frecuente es la ruptura de aneurismas o angiomas. Estas son protuberancias en las arterias debido a problemas en su elasticidad. Suelen presentarse principalmente en arterias grandes como la carótida interna. Generalmente se desarrollan por defectos genéticos, hipertensión arterial, infecciones o embolismos.

Efectos del ACV o ictus en el funcionamiento cognitivo

Inicialmente, es importante aclarar que los daños producidos por el ictus dependen de aspectos tales como la localización, etiología, tamaño de la lesión, tiempo de reacción ante la situación, entre otros. Por lo tanto, se vuelve fundamental el recibir una atención inmediata y efectiva, que disminuya las afectaciones o daños que puedan presentarse.

Otra de las complejidades que se observan en este tipo de patología es que no solo puede involucrar el lugar de la lesión. Esta puede llegar a afectar otras estructuras cercanas ya que interrumpe de manera abrupta su fuente de energía.

Ictus en Lóbulos frontales

En este caso, las lesiones pueden darse en la arteria cerebral anterior o en la arteria cerebral media. Dependiendo del circuito afectado, se va presentar un tipo de alteración. Existen 6 tipos de circuitos principales y cada uno puede tener afectaciones específicas:

  • Motor: enlentecimiento o afectación en los movimientos
  • Oculomotor: fijación de la mirada
  • Orbitofrontal: inhibición y regulación de normas morales.
  • Dorsolateral: funciones ejecutivas
  • Ventromedial: procesamiento emocional que guía la toma de decisiones
  • Cíngulo anterior: apatía y rapidez en los movimientos.

Hemisferio Izquierdo

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En este caso, vamos a mencionar los daños provenientes de la arteria cerebral media. El paciente presentará afectaciones en el lenguaje. Pueden desarrollarse tipos de afasias, que pueden ser fluentes o no fluentes, con o sin déficit en compresión.

Hemisferio Derecho

Hablaremos de hemoragia o isquemia en la arteria cerebral media. Producen dificultades visoespaciales, visoconstructivas y visoperceptivas. Generando problemas en la ubicación espacial, el manejo de objetos y la ejecución de rutinas de movimiento.

Ictus en la parte Posterior cerebral

Específicamente ligada a la arteria cerebral posterior. Mostrando problemas en el reconocimiento visual de los objetos. Puede incluir dificultades para reconocer visualmente imágenes fragmentadas, afectar el reconocimiento de colores y problemas en la copia o escritura.

Zonas paralímbicas

Se vincula principalmente con afectaciones en la arteria cerebral posterior. Como consecuencia, se observan problemas en la memoria. Pudiendo afectar, tanto el aprendizaje de nueva información como el recuerdo de información obtenida antes del Ictus. Es decir, alterando la memoria anteógrada y la memoria retrógrada.

Conclusión

El ACV se ha convertido en una de las mayores fuentes de discapacidad. Teniendo un impacto tanto en la persona que lo sufre como en la familia y los servicios de salud. Por lo tanto, se ha generado un especial interés por el estudio de la prevención y tratamiento. Todo esto con el fin de, minimizar las consecuencias de esta enfermedad.

En consecuencia, es importante entender si es una isquemia o una hemorragia cerebral. Asimismo, se hace necesario conocer causas y factores de riesgo. Siendo la psicoeducación clave para que todos entendamos cuáles son los riesgos y consecuencias de tener hábitos poco saludables en nuestra vida diaria. De igual manera, es fundamental modificar nuestra rutina. Como resultado, mejorar no solo nuestra calidad de vida sino también, disminuir notablemente los riesgos de sufrir de un ictus.

Referencias bibliográficas

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  • Escudero Augusto, D., Marqués Álvarez, L. y Taboada, F. (2008). Actualización en hemorragia cerebral espontánea. Medicina Intensiva32(6), 282-295. https://doi.org/10.1016/S0210-5691(08)70956-2
  • Perea, M. V. y Ardila, A. (2014). Síndromes Neuropsicológicos (Tercera edición). Salamanca, España: Amauri Ediciones.
  • Piña, R. G. y Landinez, D. (2016). Epidemiología, etiología y clasificación de la enfermedad vascular cerebral. Archivos de Medicina (Col)16(2), 495-507.