Este concepto, cada vez más popular dentro de las ciencias sociales y las humanidades creado por Cornelius Castoriadis, designa un campo dinámico de continua construcción al que contribuimos los propios seres humanos. Este ofrece imágenes de la sociedad como algo estable y con sentido. En consecuencia, respondemos a ello y, a la vez, nos influye y limita. Dentro de la mencionada naturaleza dinámica del imaginario social, se encuentra una multiplicidad de experiencias subjetivas y la diversidad inherente a estas. Así, el ser humano valora, siente, razona y actúa de determinada manera en base a ello. Pues el imaginario social invoca, de algún modo, la identidad del individuo. Ahora, este puede ser inclusivo o excluyente, por lo que cabe preguntarse: ¿Qué ocurre en temas como la salud mental? Veámoslo.

¿Qué es el imaginario social?

Aunque se ha utilizado con frecuencia en filosofía, se ha ido conformando una visión más sociológica, aludiendo a una definición que implica la forma en que las significaciones influyen en la sociedad y cómo los individuos se ven y entienden a sí mismos, a la par que al mundo que les rodea.

Así, podemos determinar que existe un imaginario social que cambia tanto a nivel social individual como colectivo y que, para que tenga significado e impacto en la vida individual y colectiva por igual, necesita que el individuo crea en él, contribuya, se comprometa y actúe sobre sus valores, símbolos, visiones y planes de acción.

En definitiva, un concepto que alude a un universo de significaciones que instituyen a una sociedad, inseparables del poder y las prácticas. Estas significaciones influyen en la distribución de jerarquías, valores, y en la forma en que las personas se relacionan entre sí (Fernández, 1993).

Diferentes tipos, mismo concepto

Imaginario social: ¿Algo que ver con la salud mental?

Existe una diferencia entre el denominado imaginario social instituido y el imaginario social instituyente.

El primero se refiere a lo establecido y a lo que mantiene unida a una sociedad, opera como organizador de sentido de los actos humanos. Por otro lado, el segundo se refiere a aquello que intenta cambiar o transformar lo instituido.

¿Cómo nos influye el imaginario social?

Los imaginarios sociales son esquemas socialmente construidos que guían nuestra percepción, permiten una explicación y posibilitan la intervención en lo que en diferentes sistemas sociales se ha tomado como realidad (Pintos, 2018, p. 3-5) .

Esta red de significados influye en la forma en que las personas ven y entienden el mundo, orientando y dirigiendo sus acciones. Así, podríamos decir que los conceptos e imágenes adquieren su sentido en virtud de las significaciones imaginarias sociales que los hacen ser.

En consecuencia, el imaginario social tiene un gran impacto en la manera de pensar y cómo se posiciona un individuo frente a lo cotidiano. Por consiguiente, influye en la forma en que se entienden los valores, las relaciones sociales y normas que rigen la sociedad. En vista a lo anterior, es importante tomar conciencia de su presencia e influencia en las acciones y decisiones.

¿Algo que ver con la enfermedad mental?

Los síntomas de enfermedad mental se mantienen fuertemente conectados para el público con temores sobre su potencial violencia y con deseos de distancia social (Link et al., 1999, p. 1328).

La estigmatización hacia la enfermedad mental es un claro ejemplo de cómo el imaginario social influye en las percepciones y actitudes frente a la misma. La sociedad, a lo largo de la historia, ha construido una imagen negativa de las personas con trastornos mentales, lo que ha llevado a una segregación que se intenta eliminar actualmente.

La etiqueta diagnóstica como ejemplo

Antaño (y, desafortunadamente, a día de hoy), puede ocurrir que al diagnosticar una enfermedad mental se excluye a quien la presenta, ya que la sociedad no quiere reconocerse en ese individuo que aparta, estigmatiza y, en consecuencia, queda destinado al ostracismo (Foucault, 1984).

Por lo tanto, el diagnóstico queda constituido como herramienta en favor del orden social, impuesto desde un espacio de poder que queda sustentado en aquel signo que escinde (Basaglia, 1972).

Frente a ello, las formas de pensamiento que circulan en torno a la enfermedad mental traen aparejadas acciones que limitaban el desarrollo social y personal. De este modo, en ocasiones, la etiqueta diagnóstica termina vinculando a la persona con características indeseables y estereotipos negativos.

¿A qué lleva esto?

La ausencia de conocimiento es considerada como un factor conducente al prejuicio (actitudes negativas) que posteriormente influye en los comportamientos (discriminación) (Kutcher et al., 2016, p. 155).

Tales formas de pensamiento hegemónico determinan, a su vez, las reacciones que las personas adoptan hacia la enfermedad mental. En el ejemplo anterior, de alguna manera se sobrepone el diagnóstico al individuo, lo preexiste, despojando toda individualidad y posibilidad de hacer algo con aquello que lo aqueja (Taylor, 1990).

Esto también se debe a que cuando uno se identifica favorablemente con un grupo, inevitablemente aísla y aliena a quienes no forman parte de este. Sin embargo, en cuanto a salud mental se refiere, el ellos (aludiendo a quienes conviven con alguna enfermedad mental), no es un extraño permanente.

La importancia de un adecuado concepto de la salud mental

A través de la lucha discursiva sobre el imaginario social, la concepción sobre la salud mental va cambiando. Al igual que las normas y expectativas sociales evolucionan de maneras que expanden los derechos y la visibilidad de esta realidad que forma parte de la sociedad. Con esto, la identidad de la salud mental ya no es algo que se da, sino que se tiene que construir (Schimmel, 2016).

Así, el imaginario social puede ser la base por la que se creen posibilidades de cambio social. Y, con ello, el cambio en las actitudes prevalecientes en lo que refiere a la salud mental.

En esto, la psicoeducación juega un papel en el desarrollo de nuevos imaginarios sociales, pues la difusión sobre la salud mental genera una conciencia aún mayor sobre su importancia en el mantenimiento del bienestar individual y colectivo (Scolni y Soliverez, 2015).

Al fin y al cabo, la alfabetización en temas de salud con datos contrastados disminuye el estigma y la discriminación social. Y es que, la sociedad es un efecto de la construcción social de la realidad a través de la comunicación y muchas veces los imaginarios sociales son elementos obviados u opacos en todo proceso comunicativo (Torres, 2016).

Conclusión

El imaginario social es una entidad intrínsecamente compleja. No hay un significado único para este concepto, aunque grosso modo constituya una red de significados que influye en la forma en que los individuos entienden y ven el mundo.

La estigmatización hacia la enfermedad mental, mismamente, es un claro ejemplo de cómo estas significaciones pueden impactar de forma negativa en la sociedad y en quienes la tienen. Es fundamental estar al tanto de dichas influencias y trabajar para transformar las ideas limitantes, fomentando una sociedad más inclusiva y equitativa que promueva vínculos y redes.

Referencias bibliográficas

  • Basaglia, F. (1972). La institución negada. Barral Editores.
  • Fernández, A. y de Brassi, J. (1993). Tiempo histórico grupal y campo grupal. De lo imaginario social a lo imaginario grupal. Nueva visión.
  • Foucault, M. (2018). Historia de la locura. Editorial Innisfree.
  • Kutcher, S., Wei, Y. y Coniglio, C. (2016). Mental Health Literacy: Past, Present, and Future. Canadian journal of psychiatry. Revue canadienne de psychiatrie61(3), 154-158. https://doi.org/10.1177/0706743715616609
  • Link, B. G., Phelan, J. C., Bresnahan, M., Stueve, A. y Pescosolido, B. A. (1999). Public conceptions of mental illness: labels, causes, dangerousness, and social distance. American journal of public health89(9), 1328-1333. https://doi.org/10.2105/ajph.89.9.1328
  • Pintos, J. L. (2018). Imaginarios Sociales: Construcción de la realidad y política de las cosas. RIPS.
  • Schimmel, N. (2016). Presidential Healthcare Reform Rhetoric. Continuity, Change & Contested Values from Truman to Obama. Palgrave Macmillan.
  • Scolni, M. y Soliverez, V. C. (2015). Los imaginarios sociales sobre la salud mental comunitaria [Relato de práctica formativa]. VII Congreso Internacional de Investigación y Práctica Profesional en Psicología XXII Jornadas de Investigación XI Encuentro de Investigadores en Psicología del MERCOSUR, Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires.
  • Taylor, S. E. (1990). Health psychology. The science and the field. The American psychologist45(1), 40-50. https://doi.org/10.1037//0003-066x.45.1.40
  • Torres, M. (2016). Alfabetización en salud mental, estigma e imaginarios sociales. Imagonautas: revista Interdisciplinaria sobre imaginarios sociales, 8, 50-63. https://revistas.usc.edu.co/index.php/imagonautas/article/view/20/16