Hablar de salud mental es tan necesario como hablar de salud física. Cuando nos duele algo, y no nos sentimos bien, es común asistir al médico para que nos ayude. No obstante, ¿qué sucede cuando nos sentimos desbordados por nuestras emociones? ¿Qué pasa cuando hablamos de enfermedades mentales? ¿Por qué nos alarmamos frente a un diagnóstico de esquizofrenia, por ejemplo? ¿Nos hemos dado la oportunidad de asistir a psicoterapia? Lamentablemente, los profesionales de la salud mental todavía nos enfrentamos a una dura batalla: luchar contra los estigmas alrededor de las enfermedades mentales y el asistir a un psicólogo. ¿Cuál es la mejor medicina para ello? Informarnos y normalizar el cuidarnos de manera integral. En esta ocasión, hablaremos sobre la aplicación de la psicoeducación, una aproximación terapéutica útil y necesaria en el cuidado de la salud mental.

¿A qué nos referimos con salud mental?

Según la OMS (2014) es necesario empezar hablando de todo lo que implica gozar de salud. Es decir, nos referimos a cuando una persona goza de un completo bienestar a nivel físico, mental y psicológico pero, esto no quiere decir que haya ausencia de enfermedad.

Y es que hablar de salud mental es un poco más complejo. Implica considerar el nivel de bienestar (algo subjetivo y tan diverso como nosotros) e involucrar el nivel de autonomía, competencias, reconocimiento de debilidades y fortalezas o manejo y regulación de emociones. Así como la capacidad para enfrentarse a la adversidad y contribuir a la sociedad.

¿De qué trata la psicoeducación?

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El término fue acuñado por George Brown y su equipo de psiquiatría (1972), quienes centraron su trabajo en familias y pacientes que fueron diagnosticados con esquizofrenia. A partir de sus observaciones identificaron que mientras más hostiles y negligentes eran los familiares del paciente, la recaída de este solía ser más frecuente.

Es así como surge la psicoeducación, descrita como una aproximación terapéutica en la que se proporciona al paciente y a su familia información específica sobre su enfermedad (Godoy et al., 2020).

Dicha información incluye el tratamiento, pronóstico y pasos a seguir frente a una determinada patología. Por tanto, esta herramienta que involucra procesos biológicos, cognitivos y sociales apoya la autonomía y mejora de la calidad de vida del paciente.

Ahora, el nivel de efectividad de la psicoeducación trasciende el hecho de brindar información sobre una determinada situación o patología. Esta aproximación terapéutica tiene por objetivo el modificar las actitudes o conductas del paciente a través del entrenamiento de técnicas de afrontamiento para dar paso a una mejor adaptación de la enfermedad y una mejor adhesión al tratamiento a través de ciertos cambios en su estilo de vida, tratamiento y cognición (Colom, 2011).

Aplicación de la psicoeducación

A pesar de que, generalmente, se asume que la aplicación de la psicoeducación está limitada al campo médico, esto no es del todo cierto. Esta aproximación terapéutica también resulta de mucha utilidad para el afrontamiento de situaciones cotidianas para cualquier persona. Es decir, frente a una crisis que puede suponer un momento de inestabilidad y angustia, la psicoeducación puede ser una alternativa para encontrar otras perspectivas de solución al conflicto.

La importancia de su aplicación está en desarrollar un trabajo que permita prevenir y tomar consciencia sobre la importancia de la salud. Su aplicación puede ser utilizada tanto para los trastornos psicológicos como las enfermedades orgánicas en pacientes y cuidadores. Asimismo, esta técnica se puede aplicar a contextos como terapia de grupo, salud pública y comunitaria, cuidados paliativos y enfermedades crónicas (Lemes y Ondere, 2017).

Lineamientos generales del uso de la psicoeducación en terapia

Psicoeducación - Terapia en grupo- NeuroClass

La aplicación de la psicoeducación en el ámbito clínico está enmarcada en ciertos lineamientos.

Es importante que el equipo que va a realizar este acompañamiento al paciente y su familia elabore un tratamiento personalizado y que vaya de acuerdo a sus necesidades. Según Godoy et al. (2020), los lineamientos generales del trabajo en psicoeducación serían las siguientes:

Mejorar los conocimientos de la enfermedad

Comprender el mecanismo de la enfermedad y sus implicaciones es un aspecto fundamental. Este conocimiento permite enfrentar de una mejor manera los efectos e impacto de la enfermedad y da paso a conductas saludables que minimicen cualquier daño. Ciertamente, mientras el paciente y su familia identifiquen las características de la enfermedad, se facilita la oportunidad de realizar un tratamiento oportuno y eficaz.

Promover una mejor actitud y comportamiento frente a la enfermedad

Para lograr el éxito en cualquier tratamiento terapéutico es necesario garantizar el seguimiento y adherencia hacia el mismo. Cuando logramos que el paciente y su familia comprendan el propósito de lo que están viviendo, aumenta el nivel de motivación y colaboración, situación que favorece al tratamiento.

Para reforzar aquellas indicaciones terapéuticas, es necesario establecer e identificar los recursos que el paciente y su familia tienen a disposición. De igual manera, es importante promover elementos básicos como la importancia del autocuidado y el compromiso que esto conlleva en terapia. En otras palabras, la psicoeducación posibilita un espacio de seguridad y expresión del paciente y su familia, disminuyendo la tensión emocional derivada de la patología y favoreciendo una visión más positiva y activa.

Aumentar la calidad de vida y estado de salud

El establecimiento de un plan de acuerdo a las necesidades del paciente también tiene por objetivo el reducir aquellas sensaciones emocionales que pueden ser perjudiciales para su salud. Es decir, brindar un espacio de descarga emocional para disminuir los sentimientos de angustia, incapacidad física y/o emocional, malestar, aislamiento o incluso estigma.

Para poder lograrlo, el tratamiento se ha de ajustar a las expectativas de la patología y sus consecuencias, dando paso a acciones que promuevan un ambiente adecuado para la persona y su familia. Por ende, implica proyectar un plan de cara al futuro y que promueva el desempeño funcional del paciente. En consecuencia, se pretende entrenar aquellas habilidades que favorezcan la reintegración social, empoderamiento y autonomía.

¿Cómo se diseña un plan psicoeducativo?

La modalidad de aplicación de la psicoeducación varía tanto como varían los casos de pacientes en una consulta. Es decir, consideraciones como el número y duración de cada sesión, si va a ser individual o grupal, el tipo de recursos a utilizar y demás, serán designados por el terapeuta.

Ahora, este tipo de herramienta podría no ser oportuna para personas que presenten episodios agudos de manía o elevación anímica, cuadros psicóticos en presencia de alucinaciones auditivas o riesgo suicida activo, ya que su estado mental puede no permitir el cumplimiento de los objetivos de la intervención. Aclarado esto, se sugiere considerar los siguientes elementos.

Aplicación de la psicoeducación: Estructura del programa

Para elaborar un plan de trabajo es necesario establecer los objetivos, contenidos y actividades a desarrollar. Este paso se produce a raíz de un diagnóstico de las necesidades del paciente. En principio, se opta por abordar los aspectos elementales, generales y teóricos sobre lo que está sucediendo para ir progresivamente alineando dichos aspectos con la práctica diaria.

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Participantes durante la aproximación terapéutica

El número y la modalidad de la sesión dependerá del nivel de apoyo que requiera el paciente. Por ejemplo, en el caso de realizar un tratamiento grupal, el compartir experiencias y vivir encuentros con personas que han afrontado situaciones similares permite conformar una red de apoyo.

De la misma manera, el intercambio de perspectivas alienta a la búsqueda de soluciones y promueve un aprendizaje en función de las vivencias de otros. Adicionalmente, puede facilitar el trabajo del terapeuta dada la capacidad de brindar atención a varias personas a la vez. Por otro lado, si se opta por sesiones individuales, el abordaje es más personalizado para el paciente y su familia, por lo que el terapeuta puede destinar recursos más específicos para la atención integral de la persona.

El rol del terapeuta

En primer lugar, el terapeuta debe realizar un acercamiento con el paciente y su familia para identificar los recursos personales y contextuales con los que cuenta. Posteriormente, se determinará un plan de intervención que vaya de acuerdo a las necesidades del paciente, por lo que es necesario determinar el problema a tratar. De esta manera, el terapeuta es el facilitador y apoyo para brindar la información relevante relacionada a la patología, planteando a esta aproximación terapéutica con el objetivo de orientar y enfocar el tratamiento, buscando la mejora de la calidad de vida.

Conclusión

Herramientas como la psicoeducación pueden apoyar a un tratamiento terapéutico efectivo, una mayor adherencia al mismo y la disminución del malestar inherente de padecer cualquier patología o enfrentarse a una situación adversa. Como punto de partida, liberarnos del estigma, comprender que somos humanos y que está bien pedir ayuda es un paso fundamental. De igual manera, es muy importante valorar el trabajo que realizamos los profesionales de la salud mental y promover de forma activa la importancia de capacitarnos y velar por el bienestar integral de todos. Incluyendo, por supuesto, el nuestro.

Referencias Bibliográficas:

  • Colom, F. (2011). Psicoeducación, el litio de las psicoterapias. Algunas consideraciones sobre su eficacia y su implementación en la práctica diaria. Revista Colombiana de Psiquiatría, 40, 147-165.
  • Godoy, P., Eberhard, A., Abarca, F.,  Acuña, B. y Muñoz, R. (2020). Psicoeducación en salud mental: una herramienta para pacientes y familiares. Revista Médica Clínica Los Condes, 2(31), 169-173. DOI: 10.1016/j.rmclc.2020.01.005
  • Lemes, C. B. y Ondere, J. (2017). Aplicações da psicoeducação no contexto da saúde. Temas em Psicologia25(1), 17-28. https://dx.doi.org/10.9788/TP2017.1-02
  • OMS (2004). Invertir en Salud Mental. Recuperado de: http://www.who.int/mental_healt