Forzar el contacto visual, copiar gestos ajenos, ensayar respuestas sociales, reprimir movimientos o tolerar ambientes sensorialmente abrumadores para no llamar la atención. Para muchas personas con autismo, estas acciones forman parte de una estrategia cotidiana conocida como masking o camuflaje. A simple vista, puede parecer una forma de adaptación. Sin embargo, cuando ajustarse al entorno implica ocultar rasgos de una identidad propia, el costo psicológico suele ser alto. A continuación, abordaremos una pregunta clave: ¿qué ocurre cuando ser aceptado exige esconder una parte central de quién eres?

¿Qué se sabía hasta ahora?

Autismo y masking, camuflaje en el autismo

El masking refiere al esfuerzo consciente o inconsciente por ocultar, suprimir o camuflar rasgos, la identidad o incluso el diagnóstico de autismo. También puede incluir la imitación de formas de comunicación, comportamiento o regulación asociadas a personas sin el diagnóstico. En la vida diaria, lo dicho se traduce en sostener expresiones faciales esperadas, evitar movimientos repetitivos, modular la voz o permanecer en situaciones sensoriales desagradables para no parecer “diferente”.

Durante mucho tiempo, estas conductas fueron leídas como señales de adaptación social. Sin embargo, investigaciones recientes han complejizado esa mirada. El masking no siempre representa una herramienta libremente elegida para las personas con autismo.

En muchos casos, surge como respuesta a contextos donde los rasgos autistas son corregidos, ridiculizados o interpretados de forma negativa. Así, la máscara deja de ser un recurso social menor y empieza a parecerse más a una estrategia de supervivencia.

Entre adaptación y supervivencia

La evidencia previa ya había asociado el enmascaramiento con ansiedad, depresión, agotamiento, malestar psicológico y pérdida de autenticidad. Aun así, quedaban preguntas abiertas. Entre ellas, si el camuflaje también estaba vinculado con experiencias de trauma interpersonal, autoestima y participación en la comunidad de personas con autismo. Esa brecha resulta importante porque permite pasar de una lectura individual a una comprensión más social del fenómeno.

¿Cómo se diseñó el estudio?

La investigación tomó como muestra a 342 adultos, reclutados a través de grupos de redes sociales vinculados a la comunidad. Los participantes completaron una encuesta online anónima de aproximadamente 30 minutos. Allí respondieron instrumentos destinados a evaluar masking, síntomas de ansiedad y depresión, experiencias de trauma interpersonal, autoestima, autenticidad y participación en espacios de la comunidad.

Autismo y masking, camuflaje en el autismo

La muestra incluyó tanto personas con diagnóstico formal como personas autodiagnosticadas o autoidentificadas como autistas. Esta decisión resulta relevante porque el acceso al diagnóstico no siempre es sencillo. Pueden existir barreras económicas, listas de espera, falta de profesionales capacitados o sesgos que dificultan la identificación, especialmente en mujeres, personas racializadas o quienes no encajan en perfiles más estereotipados.

Principales hallazgos

Uno de los hallazgos centrales fue la asociación entre mayores niveles de masking y más síntomas de ansiedad y depresión en personas con autismo. La ansiedad es entendida, en parte, por el esfuerzo que exige monitorear cada interacción. Quien enmascara no solo participa de una conversación: también calcula si miró demasiado, si respondió tarde, si su tono sonó extraño o si logró ocultar su incomodidad.

La depresión, por otro lado, tiene relación con la distancia entre la identidad vivida y la identidad mostrada. Cuando una persona recibe aprobación por una versión camuflada de sí misma, la aceptación puede sentirse frágil. No se reconoce plenamente quién es, sino cuánto logra ajustarse a una norma externa. Ese desajuste sostenido parece alimentar tristeza, cansancio y desconexión personal.

El papel del trauma interpersonal

Otro resultado importante fue la relación entre el enmascaramiento y las experiencias previas de trauma interpersonal. Las personas que reportaron más burlas, críticas, vergüenza o maltrato vinculados a rasgos autistas tendieron a mostrar mayores niveles de masking. Este hallazgo permite comprenderlo como una respuesta aprendida.

Si una persona fue ridiculizada por moverse, hablar, reaccionar o regularse de cierta manera, ocultar esas conductas conduciría a un sentimiento de seguridad. No porque esconderlas sea saludable, sino porque alguna vez funcionó como protección frente al daño. Desde esta perspectiva, la pregunta no es solo por qué alguien enmascara; más bien es qué experiencias le enseñaron que mostrarse podía traer consecuencias negativas.

Autoestima y autenticidad

Autismo y masking, camuflaje en el autismo

Por otro lado, el estudio también encontró que mayores niveles de masking se asociaron con menor autoestima, menor autenticidad y mayor influencia de expectativas externas. Dicho de forma simple: cuanto más esfuerzo hacía una persona por ajustarse a lo esperado, más difícil parecía sostener una conexión plena con su propio modo de ser.

¿Y el rol de la comunidad?

Por último, un hallazgo especialmente valioso fue la relación entre mayor participación en la comunidad de personas con autismo, menor camuflaje, mayor autoestima y mayor autenticidad. Estos espacios pueden ofrecer reconocimiento, pertenencia y validación. Para muchas personas, compartir experiencias reduce la sensación de rareza individual y permite construir una identidad más afirmativa.

Justamente, en contextos donde ciertas formas de comunicación, intereses, necesidades sensoriales o movimientos autorregulatorios no requieren justificación permanente, la máscara parece aflojar. La comunidad, en ese sentido, actúa como un factor protector frente al estigma.

Lo que el estudio todavía no permite afirmar

La investigación presenta limitaciones importantes. Primero, la muestra no representa a toda la población. Hubo una proporción elevada de participantes blancos, con alto nivel educativo, muchas personas diagnosticadas tardíamente y pocas personas cisgénero masculinas. Además, el reclutamiento en redes sociales puede haber favorecido la participación de individuos más conectados con comunidades online.

También es importante recordar que los datos muestran asociaciones, no causalidad. No es posible afirmar que el camuflaje cause ansiedad, depresión o baja autoestima en personas con autismo. También podría ocurrir que el malestar emocional aumente la necesidad de ocultamiento, o que ambas dimensiones se refuercen mutuamente. Aun así, la relación resulta suficientemente consistente como para interpelar prácticas sociales, clínicas y educativas.

Quitarse la máscara también requiere un entorno seguro

Hablar de masking no debería derivar en una consigna simplista de “sé tú mismo” para las personas con autismo. Mostrarse de manera auténtica requiere condiciones de seguridad, respeto y reconocimiento. Si los entornos siguen castigando formas distintas de comunicarse, regularse o habitar el mundo, pedir autenticidad puede convertirse en una nueva exigencia injusta.

El desafío, entonces, no consiste solo en ayudar a las personas a quitarse la máscara. También implica construir familias, escuelas, trabajos y espacios terapéuticos donde usarla deje de ser necesario. Tal vez la pregunta más importante no sea por qué el camuflaje se aprende en tantas personas con autismo, sino qué podemos transformar para que mostrarse no implique pagar un costo psicológico tan alto.

Referencia bibliográfica

  • Evans, J. A., Krumrei-Mancuso, E. J. y Rouse, S. V. (2024). What You Are Hiding Could Be Hurting You: Autistic Masking in Relation to Mental Health, Interpersonal Trauma, Authenticity, and Self-Esteem. Autism in Adulthood, 6(2), 229–240. https://doi.org/10.1089/aut.2022.0115