Pablo Neruda, escritor chileno, escribió su libro “20 poemas de amor y una canción desesperada” por la década de los años 20’s, convirtiéndose en un referente en la literatura hispanoamericana. En esta obra compuesta por varias piezas literarias, nos habla de cuánto amó a su pareja y lo mucho que le ha costó dejarla ir. ¿Muy romántico, cierto? En primera instancia, puede sonarnos así. No obstante, esta letra tan profunda a nivel emocional nos vale para reflejar un tema que actualmente ha llamado mucha la atención en la psicología, pues se ha evidenciado la dificultad que trae en las relaciones de pareja y en el individuo en sí. La dependencia emocional surge como resultado de una interacción de pareja disfuncional, ¿por qué se produce?

“Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Yo la quise, y a veces ella también me quiso. En las noches como ésta la tuve entre mis brazos. La besé tantas veces bajo el cielo infinito.”

¿Qué es la dependencia emocional?

Conforme se van construyendo las relaciones románticas, se van desarrollando ciertas conductas que se derivan de las expectativas sobre pareja y amor que hemos construido, muchas veces socialmente.

Se destacan ideas como la incondicionalidad, la intimidad o la afectividad, entre otras. Generalmente, estas vienen acompañadas de la expectativa de que tener una pareja contribuye a un cierto grado de bienestar psicológico y emocional. No obstante, la dependencia emocional no es un elemento que aporte en ello. Esta se produce entre dos personas no adictas, caracterizadas por un “patrón crónico de demandas afectivas frustradas sobre una persona que intentan satisfacerse mediante relaciones interpersonales de apego patológico” (Sirvent y Moral, 2007 en Valle y Moral, 2018, p. 28). Es decir, es un vínculo en el que se manifiestan comportamientos adictivos en la relación interpersonal que deriva en una disfuncionalidad.

Dependencia emocional - corazón - NeuroClass

En otras palabras, la dependencia emocional representa un comportamiento desadaptativo que afecta a la pareja y a la misma persona. Los autores Sirvet y Moral (2007) apuntaron a ciertas características que distinguen una relación no dependiente de una que sí lo es:

  • Relación posesiva
  • Intenso desgaste afectivo
  • Incapacidad de romper el compromiso
  • Voracidad de amor y cariño

“No puedo estar sin ti”: ¿Cómo es una relación de dependencia?

Por otro lado, Valle y Moral (2018) acuñan la presencia de elementos adictofílicos, como por ejemplo: vacío emocional, síntomas de abstinencia (craving) que incluyen componentes vinculares y cognitivo- afectivos. Adicionalmente, se ha encontrado la sensación de enganche emocional que deriva en una preocupación excesiva por agradar a la otra persona, produciendo sentimientos que generan molestia ante una respuesta no esperada (culpa, inestabilidad emocional, estado de ánimo disfórico, subordinación, e incluso puede derivar en la anulación de la misma persona).

De igual manera, es característico que, pese a que la relación se encuentre deteriorada o no sea satisfactoria, la persona dependiente se aferre a esta intentando no romper dicho vínculo a pesar de la clara disfuncionalidad que representa.

La persona dependiente

¿Existe un perfil que tienda a la dependencia emocional? Algunas investigaciones apuntan a ciertas características que pueden impulsar esta dependencia. Según Moral y Sirvent (2009), se ha encontrado cierta vulnerabilidad emocional en la que se manifiesta una “ceguera” con respecto al otro (ligado a las expectativas). Adicionalmente, tienden a elegir parejas que suelen ser de carácter narcisista, mostrando una complacencia inagotable, con una baja autoestima y conductas que pueden resultar autodestructivas. Es común que tiendan a sufrir frente a la posibilidad de la separación de sus parejas, por lo que suelen soportar situaciones de rechazo.

La persona objeto de dependencia

Los mismos autores afirman que la persona dependiente tiende a buscar un perfil dominante en la pareja, con una alta autoestima y cuya personalidad tienda al narcicismo. Estas personas pueden ejercer control sobre la persona dependiente, pues logran manipular su conducta, mostrando poca empatía. No obstante, tanto los rasgos característicos de la persona dependiente como de la otra, pueden variar entre una pareja u otra.

¿Por qué se produce la dependencia emocional?

La dependencia emocional surge a partir de la convergencia de diversos elementos cognitivos, emocionales, afectivos y comportamentales que se orientan hacia la pareja. Estos están acompañados de creencias distorsionadas sobre lo que implica el amor. Dicho constructo es complejo y puede ser interpretado desde diversas perspectivas, lo que podría derivar en situaciones conflictivas. Precisamente, la dependencia emocional, es consecuencia (entre otras causas) de una serie de expectativas que no se han cumplido y que dan paso a la sensación de frustración.

Actualmente, nos encontramos en una sociedad que tiende al consumo excesivo y al desecho de aquello que consideramos inservible. La facilidad de descartar lo que en un momento fue preciado es un tema investigado por autores como Bauman (2003), sociólogo polaco, que indagó en su libro “Amor líquido“, la vulnerabilidad de los vínculos de pareja. Dicho autor indica que la mirada individualista que prima en la sociedad da paso a cierta dificultad para mantener un fuerte compromiso en una relación interpersonal, dificultando que sea duradera y produciendo que sea tan frágil y etérea como un líquido. Por consiguiente, la persona dependiente emocionalmente intentará conservar su relación bajo la premisa del miedo al abandono y a no conocer a otra persona.

Por otro lado, no podemos dejar de lado la importancia de la salud mental en la constitución de una relación. Con una tendencia creciente de ciertos padecimientos como la depresión o la ansiedad, estudios indican la presencia de conductas de diversos grados de violencia que pueden estar influyendo en la forma de relacionarnos. Dando como resultado una situación de dependencia emocional difícil de romper y convirtiéndose en un círculo vicioso (Moral, Sirvent, Ovejero y Cuetos, 2018).

El tipo de apego y su influencia en la dependencia emocional

La teoría del apego (Bowlby, 1970) abordó los distintos tipos de relaciones afectivas y su dinámica, según el grado de seguridad en la que las personas involucradas se adaptan en su entorno. Para que esto se produzca, estas deben estar enmarcadas en un ambiente de confianza, caracterizado por la receptividad y comprensión. Asimismo, es necesario mencionar que el tipo de apego se desarrolla a partir de las relaciones afectivas significativas a lo largo de nuestra vida, sean estas positivas o negativas.

Por lo tanto, en las relaciones de adultos, el apego se encuentra relacionado al nivel de desarrollo psicológico de la persona. Es decir, este vínculo se traduce como un lazo afectivo que permite la sensación de “base de seguridad” entre ambos individuos.

En la vida adulta, dicho vínculo afectivo se caracteriza por la búsqueda de estabilidad y constancia en el tiempo. En consecuencia, la otra persona se convierte en una figura emocionalmente significativa, representa seguridad y se genera angustia ante su ausencia (Ainsworth, 1989; Cassidy, 2008 en Valle y Moral, 2018). De esta manera, cada persona tendrá sus propias expectativas frente al apego con el otro. Esto dependerá del grado de comodidad ante la intimidad, habilidades de confianza, nivel de dependencia y miedo al abandono (Valle y Moral, 2018).

Apego seguro desde la infancia

El establecimiento de un tipo de apego seguro en la infancia permitirá al sujeto autoconcebirse como un individuo valioso y digno de afecto, para poder así ejercer un rol positivo en las relaciones con los otros y en etapas posteriores de su vida (Bowlby, 1979). En consecuencia, los padres, como principales figuras de apego, según esta teoría, determinarán el tipo de interacción que estableceremos más adelante de acuerdo a las conductas, emociones, sentimientos y respuestas del entorno. Conforme vamos creciendo, moldeamos nuestra conducta para así establecer nuestras relaciones de pareja.

Conclusión

Aquel amor incondicional que lo perdona todo y permanece eternamente, el que hace que no seamos nada sin el otro, está bien… para la poesía. Para la vida real, conviene valorar siempre nuestra bienestar mental, psicológico, emocional y físico. La pareja tiene que ser una persona que contribuya a ello, que apoye y sea conciliadora, que nos permita desarrollarnos en todos los ámbitos. Pero, como hemos visto, la dependencia emocional en la pareja es difícil de sobrellevar. ¿Cuál es el primer paso? Reconocer que una relación no está funcionando como queremos. Por otro lado, aprender que el dolor también es parte de la vida y que amarnos a nosotros mismos es fundamental. No obstante, si dicha separación nos cuesta mucho o nos da miedo enfrentarla, profesionales de la psicología son los más indicados para acompañarnos en este proceso de liberación y reencuentro con nosotros mismos.

Referencias

  • Moral, M. V. y Sirvent, C. (2009). Dependencia Afectiva y Género: Perfil Sintomático Diferencial en Dependientes Afectivos Españoles. Interamerican Journal of Psychology, 43(2), 230-240.
  • Moral, M. V., Sirvent, C., Ovejero, A. y Cuetos, G. (2018). Dependencia emocional en las relaciones de pareja como Síndrome de Artemisa: modelo explicativo. Terapia psicológica36(3), 156-166. https://dx.doi.org/10.4067/S0718-48082018000300156
  • Momeñe, J., Jáuregui, P.  y Estévez, A. (2017). El papel predictor del abuso psicológico y la regulación emocional en la dependencia emocional. Behavioral Psychology / Psicología Conductual, 25(1), 65-78.
  • Sirvent, C. y Moral, M. V. (2007). La dependencia sentimental. Anales de Psiquiatría, 23(3), 93-94.
  • Valle, L. y Moral, M. V. (2018). Dependencia emocional y estilo de apego adulto en las relaciones de noviazgo en jóvenes españoles. Revista Iberoamericana de Psicología y Salud9(1), 27- 41. https://doi.org/10.23923/j.rips.2018.01.013