Seguro que todos hemos oído este término y habremos conformado un significado en torno a este. Dicho concepto del latín (infidelĭtas, -ātis) hace alusión, como no puede ser de otro modo, al incumplimiento del compromiso de fidelidad o la falta de la misma. Puede que leyendo el título nuestra mente haya pensando en la infidelidad amorosa. Sin embargo, no solo existe la infidelidad en este ámbito. También hace alusión a la amistad, por ejemplo. Existen muchos tipos y, quizás todos comparten una máxima común: La ruptura de los pactos explícitos en una relación. Ahora, la definición de la infidelidad no deja de ser una descripción que no es universal. Lo cierto es que conlleva una infinidad de reacciones y actitudes. Es decir, la infidelidad tiene efectos. Por ende, también repercute en el sistema más complejo de nuestro cuerpo. ¿Cómo afecta la infidelidad en el cerebro?

El dolor emocional

La doctora en psicología Kristie J. Nies incide en un capítulo, titulado Neuropsychological Evaluation of Somatoform and Other Functional Somatic, un aspecto crucial.

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El papel de las rupturas y los factores relacionados que contribuyen al desarrollo de la experiencia del dolor físico. Y, por supuesto, emocional. Enfatiza que ambos tipos de dolor comparten los mismos sustratos neuronales.

Así pues, etiquetas que se han utilizado para describir el dolor emocional o psicológico provienen de aquellas que describen el dolor físico.

Seguro que más de una vez hemos escuchado expresiones como estas. “Me ha roto el corazón“. “Ha herido mis sentimientos”. “Siento como si me hubiera dado un puñetazo en el estómago”.

Sumando a lo anterior, se argumenta que el cerebro responde de manera similar al daño físico y aquel que compete a las relaciones sociales. Por lo tanto, ambas experiencias se asocian con un incremento de la actividad en la región dorsal de la corteza cingulada anterior y la ínsula.

Ahora, una sobreactivación de estas zonas acabaría afectando al hipotálamo y sistema inmunológico. De esta forma, una amplia “cascada” de condiciones adversas para la salud acabaría afectando a la persona en muchas áreas.

Es más, puede que hayamos protagonizado algún tipo de infidelidad. Si es así, emergería una emoción del recuerdo de esta o situaciones que se asemejan. Lo que podría llegar a reflejarse en nuestra actividad fisiológica. Tanto cardíaca como respiratoria. ¿Habías pensado alguna vez que la infidelidad afecta de esta forma en el cerebro? Veamos más.

Una amalgama de emociones

Sin duda, cuando nos vemos involucrados en situaciones en las que ha ocurrido un quebrantamiento de la fidelidad hacia cualquier compromiso, las emociones afloran. Ahora, la regulación emocional de cada persona depende de la capacidad de esta para adaptar la actividad fisiológica en cada momento.

Así pues, estos fenómenos psicológicos presentan una serie de fases. Entre las que se incluye la valoración de la situación, expresiones conductuales y cambios fisiológicos. A partir del sistema nervioso periférico (SNP) y central (SNC).

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Con esto, es importante aclarar que la infidelidad no solo puede dar lugar a emociones negativas (rabia, negación, furia, dolor, tristeza o disgusto, entre otras). Y es que, puede reflejar una infinidad de respuestas emocionales (permisividad o simple indiferencia, por ejemplo).

Estas respuestas emocionales conllevarían patrones intrínsecos de la naturaleza humana. Y, del mismo modo, estarían determinados por la experiencia personal.

Siguiendo con lo anterior, las actitudes que una persona adopta hacia la infidelidad varían. Con esto, pueden depender de qué comportamientos específicos del otro se traducen en traición para esta.

Es decir, de percepciones individuales sobre lo que ello supondría. Añadiendo, entre diversos factores, el nivel de compromiso y el estado de la relación con el otro.

¿Qué efecto tiene la infidelidad en hombres y mujeres?

Centrémonos en la infidelidad de tipo romántico, ¿cómo interpretan los hombres y las mujeres el significado de las infidelidades sexuales y emocionales?

David Buss (uno de los fundadores del campo de la psicología evolutiva) y su equipo, empezaron a interesarse por este tipo de diferencias basadas en la infidelidad sexual y emocional.

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Encontraron lo siguiente. Las mujeres tienden a sentir más angustia por las infidelidades emocionales.

Y, por el contrario, los hombres experimentan esto en mayor medida por las infidelidades sexuales.

Sus estudios iniciales se vieron corroborados por investigaciones posteriores. Estudios que intentaron vislumbrar cómo afectaba la infidelidad en el cerebro de ambos sexos.

Entre estas, destaca una que, mediante imaginería cerebral, obtuvo que las activaciones cerebrales en respuesta a la infidelidad sexual y emocional eran diferentes en ambos sexos.

Expuso que, cuando afloraban los celos, los hombres demostraban mayor activación que las mujeres en regiones cerebrales. Zonas vinculadas a comportamientos sexuales y agresivos. Especialmente, la amígdala y el hipotálamo.

Así pues, las mujeres reflejaron una mayor activación que los hombres en regiones involucradas en la percepción de la intención del otro. O, el incumplimiento de las normas sociales (surco temporal superior) (Takahashi et al., 2006).

A lo largo de los años, los estudios actuales indican que lo determinante no sería tanto el género. Según Moreno y Kahumoku-Fessler (2018), más que este factor habría que focalizarse en estudiar aspectos intrapsíquicos. Como, por ejemplo, la autoeficacia, estilo de apego y rasgos de personalidad.

Sobre esto último, se ha observado que la extroversión, neuroticismo y apertura tienen asociaciones positivas con la infidelidad. Mientras que las asociaciones negativas se reportaron en dominios como la amabilidad y escrupulosidad (van Zyl, 2021).

Efectos psicológicos de la infidelidad

Responder a una pregunta explicando cómo afecta la infidelidad en el cerebro o qué efectos tiene la infidelidad es algo complejo. Y es que, para algunas personas, trae consigo sentimientos de culpa, abandono, impotencia o victimización, entre otros.

De hecho, se ha encontrado que mujeres que experimentan un evento matrimonial negativo (como una separación o infidelidad) pueden tener hasta seis veces más probabilidades de experimentar un episodio depresivo. O más síntomas de ansiedad que aquellas que no.

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Según Roos et al. (2019) la infidelidad puede causar síntomas psicológicos lo suficientemente potentes como para desregular el funcionamiento fisiológico.

Es más, asemeja sus características a algunos síntomas del trastorno de estrés postraumático (TEPT). Ya sean depresivosestrés percibido y síntomas de ansiedad.

Así mismo, no hemos de olvidar la posible presencia de cogniciones negativas. Estas incluirían sesgos negativos sobre los demás o uno mismo. Como, por ejemplo, la forma de desenvolverse en una nueva relación o afectaciones en la confianza.

Así pues, los sesgos pueden contribuir a sensibilizar la percepción de amenazas. Dando paso a un sistema nervioso simpático hiperactivo.

¿Alguna medida para disminuir los efectos de la infidelidad en el cerebro?

Para personas que necesiten asistencia por parte de un profesional de la salud mental, destacan ciertas intervenciones. Como aquellas que promuevan estrategias de afrontamiento adaptativas. La aceptación, por ejemplo. O, encaminadas a reducir la reactividad al estrés. Véanse las técnicas de biorretroalimentación.

Con esto, también pueden incluirse técnicas de terapia centradas en las emociones. E incluso, en la desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares (EMDR). Dependiendo del caso y el objetivo de la terapia.

Conclusión

Para finalizar, cuando sentimos traición o infidelidad por parte de otro, una cascada de emociones puede empezar a fluir. Las zonas cerebrales se activan cuando sentimos un dolor físico, como una patada. Y, algo similar ocurre ante al dolor emocional.

Es por ello que tratarlo es imprescindible. Por lo tanto, el objetivo radica en prevenir la aparición de más síntomas y mejorar el bienestar de la persona. A lo largo de esta nota, hemos hecho un breve repaso de los efectos de la infidelidad en el cerebro. Un campo todavía en estudio. Y, aún así, muy prometedor como factor preventivo.

Referencias bibliográficas

  • Buss, D., Larsen, R., Westen, D. y Semmelroth, J. (1992). Sex differences in jealousy: Evolution, physiology, and psychology. Psychological Science, 3(4), 251–256. https://doi-org.ezproxy.usal.es/10.1111/j.1467-9280.1992.tb00038.x
  • Fernández, A. (2012). Psicofisiología de los celos románticos: Estudio experimental de las emociones que surgen ante la infidelidad desde la perspectiva Evolucionaria, 71-105.
  • Cavero, R. M. (2008). La relación de pareja, apego, dinámicas de interacción y actitudes amorosas: consecuencias sobre la calidad de la relación. 329.
  • Moreno, N. y Kahumoku-Fessler, E. P. (2018). Understanding Infidelity: How Perceptions of Infidelity Behaviors Vary by Sex and One’s Own Infidelity Experiences. The American Journal of Family Therapy46(2), 107-121. https://doi.org/10.1080/01926187.2018.1441760
  • Nies, K. J. (2017). Neuropsychological Evaluation of Somatoform and Other Functional Somatic Conditions. En K. Brauer (Ed.), The Role of Attachment Ruptures and Related Developmental Contributors to the Experience of Physical and Emotional Pain in Adulthood (pp. 462).  Routledge.
  • Roos, L. G., O’Connor, V., Canevello, A. y Bennett, J. M. (2019). Post‐traumatic stress and psychological health following infidelity in unmarried young adults. Stress and Health35(4), 468-479. https://doi.org/10.1002/smi.2880
  • Takahashi, H., Matsuura, M., Yahata, N., Koeda, M., Suhara, T. y Okubo, Y. (2006). Men and women show distinct brain activations during imagery of sexual and emotional infidelity. NeuroImage32(3), 1299-1307. https://doi.org/10.1016/j.neuroimage.2006.05.049
  • van Zyl, C. J. J. (2021). The five factor model and infidelity: Beyond the broad domains. Personality and Individual Differences172, 110553. https://doi.org/10.1016/j.paid.2020.110553