El nervio vago, componente esencial del sistema nervioso autónomo, desempeña un papel crucial en la regulación de funciones viscerales, como la digestión o la frecuencia cardíaca. Incluso, su influencia se extiende a la modulación del estrés y la regulación emocional, conectando las diversas estructuras cerebrales con el resto del cuerpo y viceversa. En esta nota, exploraremos su anatomía, la función que tiene en el sistema nervioso autónomo y su relación con la regulación emocional.

Anatomía y función del nervio vago

Nervio vago y regulación emocional

Empecemos por entender la anatomía de esta estructura, correspondiente al décimo par craneal. Este es el nervio craneal más largo y complejo, extendiéndose desde el tronco del encéfalo hasta el abdomen e inervando múltiples órganos. Al examinarlo de cerca, encontramos que está compuesto por fibras aferentes, que transmiten información sensorial desde las vísceras al cerebro, y fibras eferentes, que llevan señales motoras del cerebro a los órganos (Lladós et al., 2023).

Con respecto a sus conexiones principales, se conecta con el núcleo ambiguo, el núcleo del tracto solitario y el núcleo motor dorsal del vago. Tales conexiones resultan fundamentales para su función en la regulación de diversas funciones corporales.

En cuanto a los órganos involucrados, el nervio vago inerva al corazón, los pulmones, el tracto gastrointestinal, el hígado, el páncreas, los riñones y partes del sistema reproductivo. Esta amplia distribución le permite influir en funciones tan variadas como la frecuencia cardíaca, la motilidad gastrointestinal, la secreción de enzimas digestivas, la inflamación y la regulación de la glucosa (Kakinuma, 2021).

Ahora, ¿cuál es su relación con el sistema nervioso autónomo?

Como ya hemos mencionado, el nervio vago regula funciones viscerales esenciales. Pero, ¿cuál es su función específica en cada una de ellas? En el sistema digestivo, en particular, estimula la secreción de jugos gástricos y enzimas pancreáticas, y promueve la motilidad intestinal. Asimismo, a nivel cardiovascular, reduce la frecuencia cardíaca y la presión arterial. Además, en lo que corresponde al sistema inmunológico, modula la respuesta inflamatoria, reduciendo la producción de citocinas proinflamatorias (Breit et al., 2018).

Por otro lado, el nervio vago interactúa con el sistema parasimpático de manera tal que mantiene la homeostasis. Dicha interacción se manifiesta en la coordinación de respuestas que promueven la conservación de energía y la recuperación del cuerpo. Así, cuando el nervio vago se activa, se desencadenan respuestas parasimpáticas que facilitan la digestión, la relajación y la reparación celular. La anterior función resulta crucial para la regulación emocional, dejando en evidencia el estrecho vínculo entre el nervio vago y el bienestar.

El nervio vago y la regulación emocional

En este sentido, esta estructura desempeña un papel fundamental en la modulación del estrés a través de su influencia en el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal. Eje que resulta una vía clave en la regulación del cortisol, la principal hormona del estrés. Consecuentemente, un nervio vago activo puede mitigar la liberación de cortisol y, por ende, la reactividad al entorno (Breit et al., 2018).

Asimismo, como mencionamos, facilita la recuperación del estrés al activar respuestas parasimpáticas que promueven la restauración del equilibrio corporal. Por lo tanto, su actividad no solo modula la respuesta inicial, sino que también es valioso para la recuperación posterior.

Teoría polivagal: Comprendiendo el por qué de este vínculo

Nervio vago y regulación emocional

La teoría polivagal, propuesta por Stephen Porges, describe tres estados principales que reflejan respuestas adaptativas a diferentes niveles de seguridad y amenaza. En primer lugar, el estado de defensa, asociado con la activación del sistema nervioso simpático y que se manifiesta a través de respuestas de lucha o huida ante la percepción de peligro.

En segundo lugar, haremos mención del estado de movilización, vinculado con la activación del sistema nervioso parasimpático dorsal. El mismo se caracteriza por respuestas de inmovilización o colapso en situaciones de amenaza extrema. En último lugar, el estado de conexión social, relacionado con la activación del sistema nervioso parasimpático ventral, facilita la interacción social y la regulación emocional en entornos seguros.

Por otro lado, en lo que refiere a la regulación emocional y social, la teoría polivagal destaca la importancia del nervio vago en su modulación. Un nervio vago activo promueve la capacidad de conectarse socialmente y regular las emociones, mientras que su inhibición puede llevar a respuestas defensivas y dificultades en la interacción social. De esta manera, actúa como un mediador clave entre la percepción de seguridad en el entorno y la capacidad de responder de manera adaptativa en situaciones sociales y emocionales (Porges, 2007).

Psicopatología y nervio vago: ¿Algo que ver?

Estudios recientes han asociado la disfunción del nervio vago con trastornos ampliamente prevalentes como la ansiedad y la depresión. Lo anterior, se debe principalmente a dos aspectos que ya hemos descrito. En primer lugar, una actividad vagal reducida está vinculada con una mayor reactividad al estrés.

En segundo lugar, la disminución de la actividad vagal se relaciona con una menor capacidad de regulación emocional, factor clave en la ansiedad y la depresión. Por todo ello, y si bien aún se debe continuar investigando al respecto, se sugiere que la actividad del nervio vago es un biomarcador potencial para la salud mental (Breit et al., 2018).

Intervenciones terapéuticas relacionadas con el nervio vago

Sin embargo, también existen diversas intervenciones terapéuticas que se benefician de la influencia del nervio vago para la regulación emocional y la respuesta al estrés. Tales intervenciones, que van desde técnicas de estimulación hasta enfoques integrales de manejo del estrés, buscan mejorar la función vagal y, con ello, la salud mental y física de los individuos. A continuación, exploraremos una de las principales intervenciones terapéuticas relacionadas con dicha estructura: la estimulación del nervio vago.

Nervio vago y regulación emocional

Estimulación del nervio vago

Se trata de una técnica que implica la estimulación eléctrica de esta estructura a través de un dispositivo implantado. La misma ha sido utilizada en el tratamiento de trastornos como la epilepsia y la depresión resistente. Así, modula la actividad cerebral, reduce la inflamación y mejora la función cognitiva. Incluso, se han demostrado efectos positivos en la reducción de citocinas proinflamatorias y en la mejora de la neuroplasticidad (Kakinuma, 2021).

Algunas limitaciones

Sin embargo, también presenta limitaciones. Entre ellas se encuentra la necesidad de un procedimiento quirúrgico para implantar el dispositivo y la posibilidad de efectos secundarios, como cambios en la voz y dificultades para tragar. Al mismo tiempo, dicha técnica puede no ser adecuada para todos los pacientes, y su eficacia varía según la condición tratada.

Conclusión

En resumen, el nervio vago emerge como un componente esencial en la intersección entre la regulación fisiológica y emocional. Su influencia se extiende desde la modulación de funciones viscerales hasta la regulación del estrés y las respuestas emocionales. A través de sus conexiones con el sistema nervioso autónomo, actúa como un puente entre el cerebro y el cuerpo, facilitando la homeostasis y la adaptación al entorno.

Por otra parte, su papel en la salud mental se evidencia en su asociación con trastornos como la ansiedad y la depresión, subrayando su potencial como biomarcador y objetivo terapéutico. Por tal motivo, comprender la complejidad de dicha estructura no solo enriquece nuestro conocimiento sobre la fisiología humana, sino que también abre nuevas vías para intervenciones terapéuticas integrales que promuevan el bienestar físico y emocional. En este sentido, existen dispositivos no invasivos de estimulación vagal, como los auriculares, que están siendo explorados como alternativas menos intrusivas.

Referencias bibliográficas

  • Breit, S., Kupferberg, A., Rogler, G. y Hasler, G. (2018). Vagus nerve as modulator of the brain–gut axis in psychiatric and inflammatory disorders. Frontiers in psychiatry, 9, 44. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2018.00044
  • Kakinuma, Y. (2021). Significance of vagus nerve function in terms of pathogenesis of psychosocial disorders. Neurochemistry International, 143, 104934. https://doi.org/10.1016/j.neuint.2020.104934
  • Lladós, G., Massanella, M., Coll-Fernández, R., Rodríguez, R., Hernández, E., Lucente, G., López, C., Loste, C., Santos, J. R., España-Cueto, S., Nevot, M., Muñoz-López, F., Silva-Arrieta, S., Brander, C., Durán, M. J., Cuadras, P., Bechini, J., Tenesa, M., Martínez-Piñeiro, A. y Mateu, L. (2024). Vagus nerve dysfunction in the post–COVID-19 condition: A pilot cross-sectional study. Clinical Microbiology and Infection, 30(5), 515-521. https://doi.org/10.1016/j.cmi.2023.11.007
  • Porges, S. W. (2007). The polyvagal perspective. Biological psychology, 74(2), 116-143. https://doi.org/10.1016/j.biopsycho.2006.06.009