Si alguna vez experimentaste una sensación de agobio o estrés cuando tu entorno se encontraba desorganizado, probablemente reconozcas la conexión entre el espacio físico y la mente. Esta relación ha ganado cada vez más atención en la psicología contemporánea. Pues diversos estudios han demostrado que un espacio ordenado puede influir positivamente en la claridad mental, reducir el estrés y mejorar el estado de ánimo general. Pero entonces… ¿Cómo puede favorecernos el simple acto de organizar el entorno? ¿Qué mecanismos se activan en nuestra mente frente al orden y al desorden?

El entorno como reflejo del estado emocional

Ya hay investigaciones que han explorado cómo el orden de los espacios que nos rodean (desde nuestros hogares hasta los lugares de trabajo), puede contribuir al bienestar de nuestro cuerpo y mente. Uno de los descubrimientos más interesantes en el área, es que la relación entre el entorno y el estado emocional puede entenderse como bidireccional.

Por un lado, un entorno desordenado puede causar estrés y malestar emocional, pero a la vez, las personas que experimentan altos niveles de estrés o depresión pueden tener más dificultades para mantener su hogar ordenado. En este sentido, el desorden en el hogar puede ser tanto una causa como un síntoma de problemas emocionales, creando un ciclo negativo que perpetúa el estrés y el desorden (Saxbe y Repetti, 2010).

espacio y mente

¿Qué genera la falta de orden?

La ausencia de orden no solo afecta la funcionalidad del espacio, sino también al estado emocional. De hecho, se ha demostrado que quienes perciben su casa como desordenada, suelen presentar más emociones desagradables y un menor sentido de control, deteriorando el bienestar mental (Roster et al., 2016).

A su vez, la acumulación de objetos puede ser abrumadora y generar sentimientos de incompetencia, impactando negativamente en la autoestima. Inclusive, este efecto desfavorable puede extenderse más allá de la persona que vive en un lugar desordenado, afectando las dinámicas familiares y la calidad de las relaciones interpersonales dentro del hogar.

Orden y mente: ¿Qué sucede en el cerebro?

Para profundizar en cómo el orden físico afecta en nuestras mentes, es útil considerar los mecanismos neuropsicológicos involucrados en el procesamiento de la información del entorno. Por ejemplo, un estudio relevante en el área investigó cómo las interacciones entre los mecanismos descendentes (top-down, en inglés) y ascendentes (bottom-up, en inglés) en la corteza visual humana afectan la percepción y la atención (McMains y Kastner, 2011).

Según dicha investigación, la corteza visual procesa la información no solo desde el espacio externo (mecanismos ascendentes), sino también a través de señales internas (mecanismos descendentes), como expectativas y recuerdos activos en la mente. Estas interacciones son esenciales para entender por qué la sobrecarga de información visual causada por un entorno desordenado puede dificultar la capacidad del cerebro para filtrar información irrelevante, conllevando una mayor distracción y estrés cognitivo.

Orden y mente

El desorden y su vínculo con el estrés

Otra investigación relevante analizó cómo el espacio físico del hogar se correlaciona con los patrones diarios de humor y cortisol, un marcador biológico de estrés. Los hallazgos sugieren que las personas que describen su hogar como caótico o desordenado tienden a mostrar niveles más altos de cortisol y patrones de humor negativos (Saxbe y Repetti, 2010).

Adicionalmente, también se ha señalado que el cerebro necesita filtrar constantemente la información irrelevante, un proceso que se ve obstaculizado en un ambiente desordenado. Este esfuerzo cognitivo adicional puede resultar agotador y disminuir la capacidad de procesamiento mental.

El estrés resultante de tal proceso no solo afecta la productividad, sino que también puede tener efectos negativos en la salud física y mental. De este modo, la incapacidad para mantener la atención y la concentración puede llevar a una sensación de frustración, tensión y ansiedad (McMains y Kastner, 2011).

Ahora bien, ¿qué beneficios psicológicos trae el orden?

Lo cierto, es que los beneficios a nivel psicológico de mantener un entorno ordenado son numerosos. En primer lugar, un espacio ordenado puede reducir los niveles de estrés, mejorar el estado de ánimo y aumentar la sensación de control y competencia. Esto, a su vez, puede mejorar la calidad de vida y la percepción de bienestar general. Además, un ambiente ordenado tiende a facilitar la concentración y la productividad, lo que es especialmente importante en el contexto laboral (Vohs et al., 2013).

Al mismo tiempo, el mantenimiento de un ambiente arreglado también tiene un impacto positivo en la autopercepción. Pues la capacidad de mantener el orden puede generar una sensación de logro y competencia, mejorando la imagen que tenemos de nosotros mismos. En este sentido, un hogar organizado puede ser una fuente de orgullo y satisfacción, contribuyendo a una mayor autoestima y bienestar emocional.

Orden y mente

Entonces, ¿el desorden siempre es malo?

Teniendo en cuenta todo lo mencionado, también resulta importante aclarar que, mientras que un espacio ordenado puede ser beneficioso para la mente y la productividad, un entorno desorganizado también puede tener sus beneficios. Por ejemplo, existen investigaciones que catalogan los entornos ligeramente desordenados como adecuados para actividades que requieren pensamiento creativo e innovación. En este sentido, la clave está en encontrar un equilibrio que maximice los beneficios según las necesidades de cada persona, evitando grados de desorden que resulten agobiantes (Vohs et al., 2013).

Conclusión

El vínculo entre el orden y el bienestar mental nos invita a reflexionar sobre cómo nuestras decisiones de organización impactan directamente en nuestra calidad de vida. Más allá de la estética y la funcionalidad, mantener un entorno ordenado puede potenciar significativamente nuestra salud emocional y psicológica. Incluso, investigaciones emergentes continúan señalando cómo el orden no solo reduce el estrés, sino que también mejora la capacidad de concentración y la eficiencia en las actividades diarias, impulsando una actividad mental más organizada.

Siguiendo esta línea… ¿Cómo podríamos adaptar el entorno según nuestras necesidades específicas de concentración y creatividad? Explorar de qué manera los diferentes niveles de orden afectan puede ofrecer nuevas estrategias para optimizar el espacio personal y profesional. De esta manera, la organización del ambiente puede promover un equilibrio efectivo entre tranquilidad, eficiencia y creatividad en las actividades diarias.

Referencias bibliográficas

  • McMains, S. y Kastner, S. (2011). Interactions of Top-Down and Bottom-Up Mechanisms in Human Visual Cortex. Journal of Neuroscience, 31(2), 587-597. Doi: 10.1523/jneurosci.3766-10.2011
  • Roster, C. A., Ferrari, J. R. y Jurkat, M. P. (2016). The dark side of home: Assessing possession ‘clutter’ on subjective well-being. Journal of Environmental Psychology, 46, 32-41. Doi: 10.1016/j.jenvp.2016.03.003
  • Saxbe, D. E. y Repetti, R. L. (2010). No Place Like Home: Home Tours Correlate with Daily Patterns of Mood and Cortisol. Personality and Social Psychology Bulletin, 36(1), 71-81. Doi: 10.1177/0146167209352864
  • Vohs, K. D., Redden, J. P. y Rahinel, R. (2013). Physical Order Produces Healthy Choices, Generosity, and Conventionality, Whereas Disorder Produces Creativity. Psychological Science, 24(9), 1860-1867. Doi: 10.1177/0956797613480186