Hay algunos pacientes que, durante la estancia hospitalaria, se muestran confundidos, desorientados e inatentos, como si no tuvieran idea de lo que ha sucedido con ellos o el por qué se encuentran en un centro médico. En principio, esto podría parecernos común. Sin embargo, lejos de ser algo positivo, puede complejizar la situación que atraviesa el paciente. El denominado síndrome confusional agudo o delirium hospitalario genera dificultades cognitivas y comportamentales que resultan desgastantes para el personal médico y los cuidadores. De igual manera, repercute en la recuperación del paciente ¿Cuáles son los principales síntomas? ¿Cómo se detecta? ¿De qué forma se puede manejar adecuadamente esta situación? Para responder estas preguntas y conocer más sobre el síndrome te invitamos a seguir leyendo.

Definiendo el síndrome confusional o delirium hospitalario

El síndrome se caracteriza por una fluctuación en los niveles de conciencia y deterioro en algunas funciones cognitivas de los pacientes que se encuentran hospitalizados. Tiene una compleja etiología debido a que es multifactorial y, en la mayoría de los casos, puede derivar en una complicación. 

Por ejemplo, la aparición de otra enfermedad o la dificultad para realizar un procedimiento médico. Además, puede cambiar el pronóstico de la recuperación (de la/s enfermedad/es de origen). Esto hace que sea fundamental una correcta identificación y manejo del síndrome confusional (Lupiáñez Seoane et al., 2021).

¿Riesgos?

Delirium hospitalario neuroclass

De igual manera, se puede asociar a una variedad de resultados adversos, como la prolongación de la hospitalización o reducción de la independencia a largo plazo. Con esto, en algunos casos, puede producir un aumento del porcentaje de mortalidad (Meagher et al., 2014).

Asimismo, se ha encontrado que la duración es variable, y el grado de afectación oscila desde muy leve hasta muy grave. Los adultos mayores son los más afectados, según García Encinas et al. (2017), aproximadamente el 14% de esta población desarrolla el síndrome durante la hospitalización. Y, en caso de que el paciente haya sido ingresado en el área de cuidados intensivos, el porcentaje aumenta en un 70%-85%. Se ha encontrado que en adultos de entre 18 y 55 años hay una prevalencia del 0,4%; y, a partir de los 55, el porcentaje aumenta al 1,1%.

¿Por qué se produce el síndrome confusional o el delirium hospitalario?

La respuesta a esta pregunta es por casi cualquier problema quirúrgico o médico. Sin embargo, entre las principales causas encontramos los trastornos metabólicos, infecciones, accidentes cerebro vasculares y fármacos.

Se puede contemplar como un fallo cerebral agudo y, en un alto porcentaje (5-20%), puede pasar desapercibido. Esto ratifica la multicausalidad y complejidad de su diagnóstico. Especialmente, cuando hay presentes diversas patologías o tratamientos asociados al paciente.

Para tener en cuenta

Además, existen algunos factores de riesgo que pueden hacer que la persona desarrolle el síndrome confusional. En primer lugar, encontramos la edad, pues, como explicamos anteriormente, es mucho más común en adultos mayores a 65 años.

Por otro lado, el hecho de tener una deprivación sensorial, muy común durante la hospitalización, especialmente en cuidados intensivos. En este contexto, los síntomas del delirium hospitalario pueden aparecer más fácilmente. 

Por último, la presencia de deterioro funcional o cognitivo, enfermedades crónicas (renales o neuronales), traumatismos, cirugías recientes o dependencia a sustancias, aumentan el riesgo de desarrollo.

Lo que debemos tener en cuenta para su diagnóstico

El síndrome confusional agudo o delirium hospitalario presenta algunas características clínicas, según Álvarez-Mon et al. (2018), principalmente: 

  • Inicio agudo y curso fluctuante: Generalmente es nocturno y puede presentar pródromos como inquietud, euforia, insomnio, hiperactividad y disforia.
  • Alteración del nivel de conciencia: Genera disminución de la capacidad de reconocer el entorno y el estado de vigilancia.
  • Deterioro en la atención: El paciente se distrae con facilidad y le cuesta seguir una conversación.
  • Alteración de funciones cognitivas superiores: Especialmente en la memoria, el pensamiento y la orientación.
  • Inversión del ciclo sueño-vigilia.
  • Síntomas neurológicos: Temblores, alteraciones en la marcha o incontinencia, entre otros.
  • Alteraciones emocionales: Depresión, euforia, ansiedad, etc.
  • Distorsiones perceptivas, alucinaciones, delirios e ilusiones.

Asimismo, se habla de dos formas de presentación, las cuales pueden ir variando en el mismo caso. La primera, se denomina parte hiperactiva, en la que se puede presentar taquipsiquia, agitación y alteraciones psicomotoras. Y, la segunda, parte hipoactiva, cursa con estados de estupor y bradipsiquia.

¿Qué hacer si se sospecha el síndrome confusional agudo?

Para diagnosticar correctamente dicho síndrome se han de realizar diferentes tipos de valoraciones. El objetivo es descartar cualquier comorbilidad y llevar a cabo un diagnóstico diferencial.

Pasos claves ante el síndrome confusional

Antes que nada, se debe elaborar una historia clínica detallada. En esta se han de describir los motivos de la consulta, antecedentes médicos y psicológicos. Además, hay que observar detalladamente la medicación que recibe el paciente.

En segundo lugar, es importante una exploración física. Se han de considerar las constantes vitales (tensión y saturación, entre otros) y los signos físicos y neurológicos. Asimismo, es importante realizar una valoración del estado mental, mediante la aplicación de pruebas como la Escala de Glasgow, la prueba mini-mental, Índice de Barthel o de Lawton y Brody, por ejemplo (Lupiáñez Seoane et al., 2021).

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Por último, es importante considerar la aplicación de pruebas complementarias como analíticas de sangre, electrocardiogramas y pruebas de imagen. En el caso de las imágenes cerebrales, se puede realizar una tomografía computarizada, resonancia magnética y electroencefalograma. Estas últimas se utilizan, especialmente, si el paciente ha presentado antecedentes como un traumatismo encefalocraneano (TCE), epilepsia o accidentes cerebrovasculares.

4 puntos importantes

Por otro lado, cabe mencionar que existen pruebas específicas para valorar la presencia del síndrome confusional o delirium. En este caso, el Método para la evaluación de la confusión (Confusion Assessment Method, CAM, en inglés) que evalúa cuatro puntos y se considera necesaria la presencia de todos ellos:

  • Inicio fluctuante y agudo: Evidencias de cambios mentales en el paciente y la variación de este.
  • Cambios en la atención: Se distrae con facilidad y le cuesta seguir una conversación.
  • Pensamiento desorganizado: Las conversaciones son incoherentes, se confunde y cambia de tema con frecuencia.
  • Alteración en el nivel de conciencia: Preguntar si está vigilante, alerta, letárgico o estuporoso.

¿Cuál es el mejor tratamiento?

Es importante aclarar que el abordaje es multidisciplinar, implicando a médicos, auxiliares, enfermeras, psicólogos y familia. Y, por supuesto, este se puede complementar con un tratamiento farmacológico y no farmacológico.

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Respecto a lo último, las medidas se enfocan en orientar al paciente (poniendo un reloj o calendario), rodearle de objetos y personas conocidas o corregir las limitaciones sensoriales (por ejemplo, estar cerca de la ventana para que pueda reconocer si es de día o noche). Asimismo, es importante darle explicaciones sencillas sobre la situación que está atravesando. 

Ahora, el uso de fármacos es recomendable cuando hay desorganización del pensamiento y alteraciones sensoperceptivas o conductuales que ponen en riesgo al paciente o la continuidad del tratamiento. 

A pesar de que, actualmente, no hay ningún fármaco aprobado para ello, comúnmente se utilizan neurolépticos en bajas dosis. Incluso, se suelen utilizar algunos antipsicóticos. No obstante, las investigaciones no han demostrado eficacia en la disminución de algunos síntomas asociados (Álvarez-Mon et al., 2018).

Conclusión

El síndrome confusional o delirium hospitalario es complejo debido a su etiología y síntomas. El hecho de ser un padecimiento multifactorial y estar asociado a las estancias hospitalarias puede producir dificultades en su diagnóstico. Por esta razón, cuando se observa la presencia de desorientación, dificultades atencionales y/o pensamiento desorganizado, es importante reportar al médico, pues dada su característica fluctuante, el síndrome puede pasar desapercibido, complicando la recuperación de las enfermedades asociadas.

Referencias bibliográficas

  • Álvarez-Mon, M. A., Pereira, V., Llavero, M. y Ortuño, F. (2018). Síndrome confusional. Medicine: Programa de Formación Médica Continuada Acreditado, 12(69), 4055-4061. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=6805914
  • García Encinas, S., Liñán Urbano, L. y López Valderrama, G. (2017). El Síndrome Confusional Agudo en la tercera edad: Factores de riesgo, diagnóstico e intervenciones enfermeras. M. Molero, M. Pérez-Fuentes, Gázquez, A. Barragán, M. Simón y Martos, A. (Comps.), Cuidados, aspectos psicológicos y actividad física en relación con la salud, 3, 423-428. Asunivep.
  • Lupiáñez Seoane, P., Muñoz Negro, J. E., Torres Parejo, Ú. y Gómez Jiménez, F. J. (2021). Estudio descriptivo del síndrome confusional agudo en Urgencias. Atención Primaria, 53(6), 102042. https://doi.org/10.1016/j.aprim.2021.102042
  • Meagher, D., O’Regan, N., Ryan, D., Connolly, W., Boland, E., O’Caoimhe, R., Clare, J., Mcfarland, J., Tighe, S., Leonard, M., Adamis, D., Trzepacz, P. T. y Timmons, S. (2014). Frequency of delirium and subsyndromal delirium in an adult acute hospital population. British Journal of Psychiatry, 205(6), 478-485. https://doi.org/10.1192/bjp.bp.113.139865