Rapunzel tenía unos cabellos muy largos y hermosos y tan finos como el oro hilado“. Así comienza el fragmento de un conocido cuento de los hermanos Grimm, escrito en Alemania en el año 1822. Este cuento relata la historia de una princesa condenada por una malvada bruja a vivir encerrada en una torre. Para poder escapar, Rapunzel deja crecer su larga cabellera esperando que pueda servirle de apoyo para descender de la torre y poder ser libre. Como hemos visto en artículos anteriores, esta no sería la primera vez que un cuento de hadas sirve de inspiración para denominar conductas particulares de sus personajes. En este caso, pese a que la historia de Rapunzel es conmovedora, el trastorno detrás de este cuento es muy distinto. Nos proponemos, entonces, conocer más sobre la tricotilomanía, un trastorno que se centra en la persona que se arranca el pelo y que, debido a otra conducta denominada tricofagia, puede derivar en un cuadro clínico denominado síndrome de Rapunzel.

¿Qué es la tricotilomanía?

La misma palabra da cuenta de lo que implica este trastorno. Y es que, cuando la analizamos por partes, encontraremos los elementos que la conforman, trico (cabello), tilo (jalar) y manía (presencia de una idea fija exagerada por un objeto, persona o situación). La tricotilomanía es considerada un trastorno de control de los impulsos, es crónico y su principal característica es que la persona se arranca su propio cabello de forma compulsiva, produciéndose una pérdida notable de este (Torales y di Martino, 2016).

Dicho cuadro suele tener su inicio en la infancia, aproximadamente entre los 5 y 13 años de edad. No obstante, puede presentarse posteriormente en la adolescencia o la edad adulta. Asimismo, los episodios de arrancamiento pueden ocurrir en cualquier momento del día, de hecho varían en duración, oscilando entre minutos u horas. Generalmente, la persona que se arranca el pelo lo hace de diversas zonas del cuerpo como la cabeza, cejas, pestañas, brazos o vello púbico.

El arrancamiento del pelo puede producirse de dos maneras:

  • El primer tipo se produce de forma focalizada, es decir, la persona se toma el tiempo de hacerlo por lo que ocurre de forma voluntaria.
  • El segundo tipo suele presentarse de forma automática e inconsciente, por ejemplo, mientras descansa. En consecuencia, descubre lo que ha hecho cuando se ve a sí misma con el cabello en las manos (Jaramillo- Borges, 2007) .

En ambos casos, el autoarrancamiento se produce generalmente de raíz y muchos de ellos optan por comer el cabello arrancado, a esto se le denomina tricofagia.

Etiología y factores predisponentes

Este trastorno es de origen multifactorial, a continuación se mencionan algunas hipótesis que intentan darle una explicación (Toledo et al., 2010):

Trictotilomanía - Cabeza - NeuroClass
  • El entorno puede ser un factor precipitante que genere situaciones de elevada tensión en la que las conductas se vuelven habituales y reforzadas.
  • Debido a componentes genéticos, los mecanismos que equilibran la tensión interna en el sistema nervioso no funcionan adecuadamente, produciendo que los sistemas dopaminérgicos y/o serotoninérgicos se vean afectados.
  • Este tipo de conductas pueden ser intentos del paciente por regular un desequilibrio sensorial que le impulsa a satisfacer una necesidad biológica o emocional. A pesar de que esto pueda incluir un comportamiento de tipo autodestructivo.
  • Desde la perspectiva psicodinámica, se habla de una forma de expresión simbólica sobre ciertos conflictos inconscientes. Estos conflictos pueden estar relacionados a situaciones traumáticas, amenazantes o pérdidas.
  • Desde una mirada neurobiológica, gracias a estudios de neuroimagen, se ha encontrado una mayor densidad de materia gris en el cuerpo estriado izquierdo, formación de la amígdala, hipocampo izquierdo y región cortical bilateral. Dichas áreas, implicadas en los hábitos de aprendizaje, cognición y regulación emocional, pueden producir un bajo rendimiento de algunas funciones ejecutivas (por ejemplo, el control inhibitorio y flexibilidad mental).

Si bien es cierto, ninguna de las teorías expuestas es del todo concluyente, dan cuenta de la necesidad de enfocar el tratamiento de manera interdisciplinaria.

Características del trastorno

Estas conductas pueden estar precedidas o acompañadas por ciertos estados emocionales. Es decir, el arrancamiento sucede en situaciones de estrés, ansiedad o aburrimiento que producen tensión (al momento de arrancarse o al no hacerlo). Algunas personas han referido una situación de “hormigueo en la cabeza” que se alivia cuando se arrancan el cabello. Situación que se produce debido a que la extracción de pelo suele ser indolora llegado a un punto.

En muchas ocasiones el acto de arrancarse el pelo incluye que la persona busque ciertas características particulares. Por ejemplo, un tipo de color, textura o forma específica para arrancárselo de una manera determinada.

Las zonas más afectadas dependerán de cada paciente, siendo muy común la alopecia (pérdida de cabello en la zona de la cabeza) en regiones parietales y coronilla. Generalmente, la persona evita hacerlo en la presencia de otros para no ser vista, pues es una condición que suele avergonzar al paciente. Otros optan por arrancar el pelo a otros objetos e incluso a animales. Asimismo, es muy común que dichas conductas estén acompañadas por otras conductas repetitivas tales como pellizcarse la piel, mordisquearse los labios o las uñas (DSM-V, 2013). O, por supuesta, la ingesta del pelo (tricofagia).

Consecuencias de este trastorno

Dentro de las principales consecuencias encontramos un daño en el cuero cabelludo o los folículos capilares, situación que dificulta el crecimiento de pelo nuevo. El tamaño de la zona afectada suele variar en cuanto a cantidad y tamaño. Algunos pacientes suelen tener signos que se asemejan a las características cabelleras de los frailes.

No obstante, no solo se ve afectado el aspecto físico sino que también se verá un impacto en la imagen corporal de la persona. Sumado a esto, el aspecto emocional es otro factor a considerar. En general, este cuadro suele producir un importante deterioro en las áreas escolares, profesionales y sociales.

Tricotilomanía, tricofagia y síndrome de Rapunzel

Muchas de las personas que presentan este trastorno suelen optar por comer el pelo que se arrancan. De esta manera, la tricotilomanía se convierte en tricofagia.

Dicha conducta tiene consecuencias a nivel clínico, dado que la ingesta de pelo no es algo común. Siguiendo esta línea, cuando la persona ingiere constantemente el cabello, el sistema digestivo forma una tricobezoar, es decir, una obstrucción intestinal ocasionada por una bola de pelo. Esta complicación médica es la que da paso al denominado síndrome de Rapunzel.

Quien padece del síndrome de Rapunzel presenta un fuerte dolor abdominal de carácter intermitente, sensación de saciedad, náuseas, falta de apetito y/o pérdida de peso y alopecia. En algunos casos el daño puede producir importantes complicaciones como una perforación intestinal (Delgado y Guillén, 2015).

¿Cómo se diagnostica la tricotilomanía?

Este cuadro normalmente es subdiagnosticado dado que la persona suele ocultarlo, muchas veces, por vergüenza. En consecuencia, se vuelve fundamental observar aquellas conductas que puedan denotar la presencia del problema. Para realizar el diagnóstico de la tricotilomanía, el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (5º ed.; DSM-V; American Pyschiatric Association, 2013) establece ciertos criterios:

  1. La persona se arranca el pelo de forma recurrente produciendo su pérdida.
  2. Han existido intentos repetidos de disminuir o dejar de arrancar el pelo.
  3. El autoarrancamiento genera un malestar o deterioro significativo en el funcionamiento de las áreas familiares, escolares, laborales o sociales.
  4. La pérdida o arrancamiento de pelo no se atribuye a otros factores (problemas dermatológicos, por ejemplo).
  5. Este trastorno no se explica mejor por la presencia de síntomas de otro trastorno mental (por ejemplo, trastorno dismórfico corporal).

Tratamiento

Debido a la naturaleza del trastorno, el enfoque principal se centra, precisamente, en el control de los impulsos. Para lograrlo, se propone un tratamiento multidisciplinar y se sugieren ciertas alternativas:

  • Terapia cognitivo-conductual. En este aspecto, se deben enseñar técnicas de autocontrol al paciente, informándole sobre su situación para que pueda tomar conciencia de sus conductas. El fin es que la persona tenga la capacidad de identificar la sensación de urgencia que precede al autoarrancamiento. Asimismo, se le han de brindar estrategias de control de impulsos mediante métodos “reductores de velocidad” para disminuir las probabilidades de la repetición de la conducta a tratar. Finalmente, se le presentan alternativas de conductas que sean compatibles y funcionales para evitar como primera reacción el arrancamiento.
  • Tratamiento farmacológico. Siempre bajo supervisión médica. Se lleva a cabo para casos en los que se recomiendan fármacos que modulen los sistemas de neurotransmisores y, en consecuencia, aquellos comportamientos compulsivos urgentes.
  • Psicoeducación. El identificar los factores precipitantes es importante para que el problema puede ser prevenido a tiempo. Sin duda alguna el apoyo de la familia se vuelve fundamental para el paciente. Así, episodios de tricotilomanía y tricofagia pueden ser controlados.

Conclusión

En principio, puede que una conducta tan pequeña como arrancarse el cabello pareciese inofensiva. No obstante, esconde una fuerte carga emocional sobre una situación que está desbordando al paciente. Desde la tricotilomanía, pasando por tricofagia hasta el síndrome de Rapunzel, hay algo que destaca. Esto es, la importancia de identificar aquellos signos que puedan dar cuenta de un problema es fundamental para una atención temprana y oportuna. Este trastorno tiene importantes consecuencias a nivel psíquico y físico, en consecuencia, un trabajo multidisciplinario es, cuanto menos, necesario.

Referencias Bibliográficas:

  •  
  • American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed.). Washington, DC: Author.
  • Delgado, G. y Guillén, G. (2015). Tricobezoar: una causa inusual de obstrucción intestinal. Anales de Pediatría, 8(4), 289-290. Doi: 10.1016/j.anpedi.2015.03.004
  • Jaramillo-Borges, Y. (2007). Tricotilomanía, tricofagia y el Síndrome de Rapunzel. Acta Médica Costarricense,49(1), 4-5.
  • Morales-Domínguez, Z. (2012). Intervención cognitivo-conductual en un caso de tricotilomanía. Acción Psicológica, 9(2), 131-142. http://dx.doi.org/10.5944/ap.9.2.4111
  • Toledo, E. L., Taragano, R. O. y Cordás, T. A. (2010). Tricotilomania. Archives of Clinical Psychiatry (São Paulo), 37(6), 261-269.  https://doi.org/10.1590/S0101-60832010000600003
  • Torales. J. y di Martino Ortiz, B. (2016). Una pequeña puesta al día sobre la tricotilomanía. Our Dermatol Online, 7(4), 465-471.