A partir de diversas investigaciones que han encontrado cómo las emociones influyen de manera significativa en el desarrollo integral de los niños, la educación emocional ha comenzado a tener protagonismo. Su implementación en el aula implica la enseñanza de diversos conceptos y habilidades para gestionar correctamente las emociones. Esto no solo permite mejorar las relaciones sociales de los estudiantes, sino que construirá las bases para poder enfrentar diversas situaciones. Pero ¿en qué consiste este tipo de educación? Lo explicaremos a continuación.

¿Cómo se define la educación emocional?

Según Bisquerra (2012), la educación emocional se conoce como “un proceso educativo, continuo y permanente, que pretende potenciar el desarrollo de las competencias emocionales como elemento esencial del desarrollo integral de la persona” (p. 90). Por lo tanto, el objetivo es capacitarla para la vida con la finalidad de aumentar su bienestar social y personal.

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En resumen, este aspecto educativo propone optimizar el desarrollo de la personalidad integral del individuo, el cual se puede impulsar con la gestión de emociones. De igual manera, hay que aclarar que la educación emocional es un proceso continuo y permanente. Por esta razón, aspectos relacionados con la gestión de emocione es necesario que esté presente en el currículo académico durante toda la etapa escolar.

Asimismo, se ha encontrado que tal tipo de educación es una forma de prevención primaria inespecífica. Esto se debe a que una de sus metas es minimizar la vulnerabilidad de la persona frente a algunas disfunciones como la depresión, agresividad, impulsividad y estrés, entre otros.

Como resultado, se van a maximizar las tendencias constructivas y se minimizarán las que son destructivas. Por lo tanto, puede tener un impacto positivo en situaciones como el consumo de drogas, violencia o ansiedad, entre otros.

Relación entre inteligencia emocional y la educación emocional

El constructo de inteligencia emocional tiene su origen en diversas investigaciones enfocadas en estudiar la importancia de las emociones en diversos aspectos de la vida. Una de las investigaciones es la realizada por Mayer y Solovey (1997), en Pérez y Filella (2019), quienes la definen “como la habilidad para percibir, valorar y expresar emociones con exactitud, acceder y generar sentimientos que faciliten el pensamiento, comprender emociones y regularlas para permitir el crecimiento emocional e intelectual” (p. 27).

En consecuencia, se puede considerar como una “meta-habilidad” concluyente de la destreza para dominar diversas facultades. De esta manera, es posible conseguir el control personal y el éxito en las relaciones sociales (Araque-Hontangas, 2017).

Aun así, es importante aclarar que la existencia de este constructo está actualmente en debate debido a resultados contradictorios en las investigaciones.

Ahora, hay un punto claro en común, la existencia de competencias emocionales que pueden ser aprendidas. Por ello, desde una perspectiva educativa, se prefiere hablar de la educación emocional, pues pone énfasis en la interacción que hay entre el ambiente y la persona. De modo que se confiere importancia al aprendizaje del progreso que tiene como objetivo contribuir al desarrollo.

Fundamentos de la educación emocional

Para el desarrollo de la educación emocional se han integrado conocimientos de diferentes áreas para unificar una acción fundamentada (Bisquerra, 2012):

  • Movimientos de renovación pedagógica: Se propone una educación para la vida donde las emociones o la afectividad tiene un papel protagónico.
  • Teoría del aprendizaje social de Bandura: En su teoría pone énfasis en el rol que tienen los modelos de aprendizaje y propone la inclusión del modelado como estrategia de intervención. Asimismo, enfatiza el análisis de modelos (profesores, padres, compañeros, etc.) y la influencia que tienen en los valores, actitudes, comportamientos y creencias.
  • Neurociencias: A través de esta rama se puede conocer mejor el funcionamiento cerebral de las emociones. Algunos hallazgos indican que las emociones activan respuestas corporales, las cuales son difíciles de controlar. Por lo tanto, es fundamental la enseñanza de la regulación de emociones.
  • Psiconeuroinmunoendicrinología: Indica cómo las emociones, tanto positivas como negativas, pueden influir en el sistema inmune y endocrino; demostrando la relación de estas no solo con la educación sino también con la salud.

¿Cuáles son los principales objetivos de la educación emocional?

La educación emocional tiene como finalidad el bienestar de la persona. Esto implica que se regulen las emociones menos agradables y se potencien las que son más satisfactorias. Además, la preparación en dichos aspectos va a ser de gran utilidad para actividades como la comunicación afectiva, la resolución de conflictos y la toma de decisiones responsable, entre otras (Cervantes y González, 2017).

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Es importante entender que la metodología práctica es la más usada y útil durante la enseñanza de la educación emocional. Por esto, es necesario realizar dinámicas de grupos, actividades de autorreflexión, juegos, razón dialógica, entre otros. Todo con el fin de favorecer el desarrollo de las competencias emocionales.

Así pues, dentro de los objetivos generales de la educación podemos encontrar:

  • Mejorar el conocimiento de las emociones propias.
  • Lograr identificar las emociones de los demás.
  • Regular adaptativamente las emociones.
  • Prevenir efectos nocivos de las emociones menos agradables.
  • Desarrollar habilidades para generar y aumentar las emociones agradables.
  • Fomentar la destreza para automotivarse.

¿Qué temas debemos incluir en el desarrollo de la educación emocional?

Para comenzar, es importante aclarar que la educación emocional varía dependiendo del grupo al que está dirigida. Es decir, la manera en la que se enseñe va a ser diferente si es a los niños, los maestros o los padres. Aun así, en términos generales, se deben tocar temáticas muy parecidas, pero la explicación de la gestión de emociones siempre ha de ser adaptada a las necesidades del grupo.

Conocer el marco conceptual de las emociones

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En primer lugar, se debe explicar y conocer el marco conceptual de las emociones. En este aspecto, se han de incluir conceptos relacionados con la emoción, los fenómenos afectivos y los tipos de emociones. Asimismo, se tienen que explicar las características de las principales emociones, pudiendo incluir causas, predisposición a la acción y estrategias de regulación.

Conciencia emocional

En segundo lugar, se debe trabajar la conciencia emocional para dar a conocer las emociones propias y las de los demás.

Por medio de esta, se presume la comprensión de la diferencia entre acciones, pensamientos y emociones. Se produce por medio de la comprensión de causas y consecuencias de las emociones, la evaluación de la intensidad y el reconocimiento y utilización de lenguaje verbal y no verbal.

Regulación de las emociones

En tercer lugar, está el elemento protagonista de la educación emocional, la regulación de las emociones.

En este caso toma protagonismo el trabajo en aspectos como la tolerancia a la frustración, la capacidad de retraso de las gratificaciones, habilidades de afrontamiento en situaciones de riesgo y el desarrollo de la empatía. Todas hacen parte fundamental de la autorregulación. También se pueden utilizar técnicas como el diálogo interno, control del estrés y autoafirmaciones positivas, entre otras.

Motivación

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La motivación es el cuarto elemento que se trabaja. Como sabemos, esta se relaciona estrechamente con la emoción. Se ha de promover una automotivación, que llevará a la persona a ser más productiva de manera voluntaria y autónoma. Este aspecto es de gran relevancia en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Habilidades socioemocionales

En quinto lugar, se contemplan las habilidades socioemocionales. A través del desarrollo de competencias y la gestión de emociones que facilitan las relaciones interpersonales. Se deben trabajar aspectos como la escucha activa y la capacidad empática con los demás, lo que favorecerá aspectos educativos, laborales, sociales y personales.

Bienestar subjetivo el concepto fluir

En sexto lugar, hay que tener en cuenta el bienestar subjetivo. Este se relaciona con el bienestar emocional que, en ocasiones, puede ser la causa de conflictos y malestares. Para favorecer tal aspecto se consideran las relaciones, la satisfacción personal, la salud o las actividades del tiempo libre, entre otros.

Dicho tipo de bienestar se relaciona con el concepto fluir o también llamado experiencia óptima. Este último se refiere a los momentos en los que sentimos un profundo sentimiento de alegría como resultado de lo que se había buscado. En otras palabras, se convierte en una referencia de cómo uno quisiera que fuera la vida.

Conclusión

El desarrollo de la educación emocional se encuentra influenciada por diferentes aspectos que se unifican para cumplir el mismo objetivo: optimizar el desarrollo integral de la persona a través del conocimiento y regulación y gestión de las emociones. Por lo tanto, su implementación y enseñanza es de vital importancia en la vida del niño. En consecuencia, considerar todos estos temas le ayudarán a mantener una buena calidad de vida, además de ser una herramienta para crear un camino cumpliendo las metas deseadas.

Referencias bibliográficas

  • Araque-Hontangas, N. (2017). La educación emocional en el proceso educativo inicial en Ecuador y España. UTCiencia «Ciencia y Tecnología al servicio del pueblo»2(3), 150-161. http://investigacion.utc.edu.ec/revistasutc/index.php/utciencia/article/view/35
  • Bisquerra, R. (2012)Orientación, tutoría y educación emocional. Editorial síntesis, S.A.
  • Márquez-Cervantes, M. C. y Gaeta-González, M. L. (2017). Desarrollo de competencias emocionales en pre-adolescentes: El papel de padres y docentes. Revista Electrónica Interuniversitaria de Formación del Profesorado20(2), 221-235. https://doi.org/10.6018/reifop/20.2.232941
  • Pérez, N. y Filella, G. (2019). Educación emocional para el desarrollo de competencias emocionales en niños y adolescentes. Praxis & Saber10(24), 23-44. https://doi.org/10.19053/22160159.v10.n25.2019.8941