Las personas con autismo suelen enfrentar demandas cotidianas que no siempre son comprendidas por el entorno y que afectan su calidad de vida. Las dificultades sensoriales, la sobrecarga social, los cambios imprevistos y la necesidad constante de adaptación aumentan considerablemente el estrés. A lo mencionado se suma que muchas intervenciones en salud mental no fueron diseñadas teniendo en cuenta tales características. En este escenario, la Terapia de Aceptación y Compromiso (Acceptance and Commitment Therapy, ACT, en inglés) aparece como una alternativa interesante en adultos autistas. A continuación, exploraremos un estudio piloto que evaluó una versión adaptada del presente enfoque en personas atendidas en un contexto psiquiátrico ambulatorio.
¿Qué se sabía hasta ahora?

El autismo es una condición del neurodesarrollo que involucra desafíos en la interacción social, la comunicación, la flexibilidad conductual y el procesamiento sensorial. En la adultez, dichas características impactan en áreas centrales de la vida, como el trabajo, los vínculos, la autonomía y la participación social. Es decir, consiste en una interacción con un entorno que muchas veces no ofrece apoyos suficientes.
En este marco, el estrés percibido adquiere un papel relevante. Los adultos con autismo tienden a experimentar mayores niveles de ansiedad, síntomas depresivos, problemas de sueño y menor bienestar subjetivo, afectando profundamente su calidad de vida. Por eso, desarrollar intervenciones adaptadas resulta fundamental. No se trata solo de ofrecer tratamiento; también implica brindar apoyos acordes a una población que suele enfrentar altos niveles de sobrecarga en contextos poco accesibles.
Una terapia centrada en la flexibilidad
El enfoque que mencionamos forma parte de las terapias contextuales. Su objetivo, lejos de ser la eliminación de pensamientos, emociones o sensaciones difíciles, será modificar la forma en que la persona se relaciona con ellos. Así, en lugar de luchar contra todo malestar interno, el presente modelo busca fortalecer la flexibilidad psicológica. Es decir, la capacidad de actuar de acuerdo con valores personales, incluso cuando aparecen experiencias incómodas.
En el caso de adultos autistas, la ACT como modelo es especialmente importante. Justamente, la propuesta apunta a ayudar a manejar el estrés, disminuir la evitación y favorecer acciones vinculadas con una vida significativa. Dicho de forma simple, no intenta cambiar quién es la persona, sino ampliar sus posibilidades de acción.
¿Cómo se adaptó el abordaje?
El estudio evaluó NeuroACT, un programa grupal de 14 semanas diseñado para consultantes del espectro autista. Participaron 39 personas de entre 21 y 72 años, todas con diagnóstico confirmado y capacidad intelectual dentro del rango promedio o superior. Un grupo recibió la intervención adaptada, mientras que otro continuó con el tratamiento habitual disponible en los servicios de atención.
Las sesiones incluyeron entrenamiento en procesos, psicoeducación sobre estrés, emociones y percepción, además de apoyo en habilidades vinculadas con la organización cotidiana. También se trabajó con ejercicios de atención plena, aceptación, defusión cognitiva, valores y acción comprometida. El formato fue estructurado, con tareas entre sesiones y materiales adaptados, un aspecto clave cuando pensamos en accesibilidad terapéutica.
Menos sobrecarga y una vida más habitable

Uno de los hallazgos centrales fue la reducción del estrés percibido. Las personas que participaron en NeuroACT mostraron una mejora significativa frente al grupo que recibió tratamiento habitual. Este resultado es relevante porque la sobredemanda, más allá de producir malestar emocional, también puede limitar la participación social, la toma de decisiones y la capacidad para sostener rutinas importantes.
Por otra parte, la calidad de vida también mostró mejoras en las personas con autismo, aunque con matices. Una de las escalas utilizadas registró cambios significativos a favor del grupo NeuroACT, mientras que otra no mostró diferencias claras. Atender a lo anterior es importante, porque evita leer los resultados como una solución total. La mejora parece vincularse más con el bienestar subjetivo y la satisfacción general con la vida que con áreas más estables o externas, como condiciones económicas, familiares o del entorno.
Menos evitación, más margen de acción
Otro punto fuerte del estudio fue el cambio en procesos directamente relacionados con ACT. Las personas que recibieron el tratamiento mostraron menor inflexibilidad psicológica, menor fusión cognitiva y menos evitación cognitiva y conductual. En términos claros, esto significa que pudieron tomar más distancia de pensamientos difíciles y evitar menos aquellas situaciones que generaban malestar.
El antedicho hallazgo ayuda a entender por qué la ACT en adultos autistas podría ser útil. Muchas veces, evitar una situación estresante resulta en cierto alivio a corto plazo. Sin embargo, cuando esa evitación es repetida, tiende a reducir oportunidades, vínculos, autonomía y participación. La intervención apunta justamente a construir alternativas más flexibles, sin exigir que la persona deje de sentir incomodidad para poder actuar.
Cambios importantes, pero no en todas las áreas

Ahora bien, los resultados no fueron positivos en todos los indicadores. No se observaron diferencias significativas entre grupos en síntomas de depresión, ansiedad, problemas de sueño, deterioro funcional, dificultades ejecutivas ni varios aspectos sociales del autismo.
Este dato no debilita el estudio; al contrario, permite ubicarlo en su justa escala. En efecto, el programa parece prometedor para reducir estrés y mejorar ciertos procesos psicológicos, pero no debe presentarse como un abordaje global para todas las necesidades clínicas.
Una propuesta prometedora, con cautela
En términos generales, la técnica mostró buena factibilidad. La mayoría de los adultos autistas completó el tratamiento en ACT y valoró el programa como comprensible y razonable. Sin embargo, el abandono fue algo mayor en el grupo de intervención que en el tratamiento habitual, un aspecto que conviene explorar en investigaciones futuras.
En tal sentido, las limitaciones también son claras. La muestra fue pequeña, el estudio fue realizado en un contexto psiquiátrico específico y los resultados fueron basados en autoinformes. Además, no fue posible controlar del todo si parte de la mejoría correspondió al formato grupal y no únicamente a los componentes de ACT. Por otra parte, los participantes tenían capacidad intelectual promedio o superior, por lo que los hallazgos no deben generalizarse sin cautela a toda la población.
Vivir con más flexibilidad, no con menos identidad
La evidencia disponible sugiere que la ACT puede ser una vía útil para reducir el estrés percibido y mejorar la calidad de vida en adultos con autismo. Su valor está en ofrecer herramientas para manejar pensamientos difíciles, disminuir la evitación y actuar con mayor conexión con los propios valores.
Posicionarse desde una mirada respetuosa implica evitar enfoques centrados en la corrección o la normalización. La pregunta no debería ser cómo hacer que una persona encaje mejor, sino qué apoyos necesita para vivir con más bienestar, autonomía y sentido. En ese cambio de foco encontrarse una de las claves más valiosas para el futuro de las intervenciones psicológicas adaptadas.
Referencia bibliográfica
- Pahnke, J., Jansson-Fröjmark, M., Andersson, G., Bjureberg, J., Jokinen, J., Bohman, B. y Lundgren, T. (2023). Acceptance and commitment therapy for autistic adults: A randomized controlled pilot study in a psychiatric outpatient setting. Autism, 27(5), 1461–1476. https://doi.org/10.1177/13623613221140749





















