Hoy en día, parece que la inteligencia emocional (IE) se haya convertido en una “palabra de moda”. Muchas veces, por estar caracterizada con definiciones vagas e incompatibles del constructo o problemas de validez discriminante y de criterio. Podríamos decir, a grandes rasgos, que la adquisición y el desarrollo de habilidades, competencias y comportamientos sociales basados ​​en la emoción tienen sus fundamentos en la IE. Así, es la capacidad (ya sea heredada o aprendida) de controlar las emociones propias y ajenas, discriminar entre ellas y utilizar la información para guiar el pensamiento y las acciones. Esto es algo que, sin duda, beneficia el ajuste o adaptación psicosocial del menor. Entendida como su capacidad para adaptarse al medio. Para ello, depende que el pequeño cuente con los mecanismos suficientes para sentirse bien, integrarse, responder adecuadamente a las demandas del entorno y alcanzar sus objetivos.

La familia como base de la crianza

En la infancia, el ajuste psicosocial al que nos referimos anteriormente se relaciona con la adaptación y el funcionamiento en algunos de los principales ámbitos que caracterizan dicha etapa: el ámbito familiar y escolar. Veamos el primero.

Cuando el entorno familiar marca la diferencia

Uno de los hitos críticos de la crianza es el desarrollo de las habilidades socioemocionales que comienzan en la niñez a través de un apego u otro.

Inteligencia emocional en niños: La familia como base

Aunque en el desarrollo de la IE influyen aspectos como los genes, la cultura y otros agentes de socialización, la familia, al ser la principal unidad de crianza, es crucial.

De hecho, los progenitores con alta inteligencia emocional brindan a sus hijos comportamientos positivos de crianza en la vida diaria, lo que se traduce en que limitan los comportamientos indeseables mientras expresan calidez emocional al controlar sus emociones negativas.

Esto se transmite, especialmente, a través de los lazos que establezcan con el pequeño, pues darán paso a determinados resultados socioemocionales. Así, por ejemplo, un patrón de comunicación familiar orientado a la conversación será especialmente importante en el desarrollo de la IE.

Las consecuencias de la IE en el entorno educativo

Cuando los niños hablan con los padres sobre sus experiencias emocionales, desarrollan una comprensión de los efectos de la emoción en los distintos contextos, donde se incluye el ámbito educativo.

Una mejor IE se asocia con mayor rendimiento académico, mejores relaciones con los compañeros y competencia social (Harris et al., 2022).

¿Por qué es importante tener en cuenta la IE?

El desarrollo de la IE es fundamental durante la infancia porque en esta etapa de la vida se produce un rápido crecimiento emocional.

Además, la IE se ha asociado con la salud mental en numerosas ocasiones.

De hecho, se ha reportado que las personas con problemas de salud mental tienen un nivel de IE significativamente menor que la población general

Asimismo, las personas con altos niveles de inteligencia emocional, medida como rasgo y habilidad, reportan una mayor satisfacción con la vida. Siendo un predictor significativo del bienestar hedónico y eudemónico (Szcześniak y Tułecka, 2020).

Resumiendo, a grandes rasgos, la IE permite que:

  • Se logre tener una respuesta de estrés emocional y fisiológica más saludable.
  • No se evite, ignore o distraiga de la situación estresante como forma principal de afrontamiento y se trate directamente con el factor estresante, acortando así la duración de la experiencia.
  • No se detenga pasivamente en la situación estresante.
  • Se utilicen formas más constructivas de hacer frente a las posibles amenazas (Piqueras et al., 2019).

Dos formas en la que los padres enseñan IE

La IE se puede aprender, perfeccionar y mejorar capacitando a los padres. De hecho, los padres son la clave para el desarrollo de las habilidades emocionales y sociales de los niños. Pues, como hemos mencionado, en las primeras fases del desarrollo la identificación y el control de las emociones se aprenden en la familia prioritariamente.

La vía del efecto directo

A partir de esta, los cuidadores pueden transmitir explícitamente las habilidades emocionales a los niños. Por ejemplo, a través de conversaciones sobre regulación emocional, formación directa o refuerzo de la conducta expresiva. 

Una forma en la que puede apreciarse esto es cuando los padres se muestran emocionalmente sensibles a las necesidades del menor.

Así, los adultos que explican y reflexionan sobre sus propias emociones y las de sus hijos, les ayudan a desarrollar capacidades de mentalización en las que las emociones se entienden y regulan hábilmente.

La vía del efecto indirecto

Por este camino los progenitores transmiten habilidades emocionales a sus hijos de forma implícita o inconsciente. 

Mismamente, a través de la observación o modelado de las competencias y respuestas emocionales de los demás.

Hay que tener presente que las atribuciones, creencias y expectativas de los padres pueden tener consecuencias considerables en la forma en que los padres impulsan la socialización en sus hijos (Sánchez-Núñez et al., 2020).

¿Qué ocurre cuando no se habla de las emociones?

Si no se trabaja e impulsa la IE en el contexto familiar, los niños pueden inferir que sus emociones no son importantes y han de guardárselas para sí mismos.

De este modo, si los pequeños esperan reacciones negativas de sus cuidadores, pueden aprender a limitar su expresividad emocional, lo que dificultará su desarrollo emocional puesto que no entenderán sus propias respuestas y no podrán ubicarlas en la perspectiva adecuada.

En cambio, cuando se anima a los niños a hablar sobre sus sentimientos, los entienden y saben cómo afrontarlos. En consecuencia, será más probable que vean sus reacciones como apropiadas, reconozcan las características situacionales que las produjeron o sabrán que los sentimientos pasarán (Keaten y Kelly, 2008).

Conclusión

La familia parece ser un importante antecedente de la inteligencia emocional y tiene un impacto significativo en la capacidad de comprender y gestionar las emociones a lo largo del tiempo.

A su vez, la capacidad de autorregular las propias emociones es crucial en la promoción del funcionamiento psicológico óptimo y la satisfacción con la vida. En cambio, factores como la desconexión emocional, poca participación en la familia, permisividad y cambio frecuente de reglas se vinculan con una menor inteligencia emocional.

Asimismo, esto último, relacionado con lo educativo, puede asociarse con necesidades educativas especiales o tasas de absentismo escolar.

Referencias bibliográficas

  • Harris, V. W., Anderson, J. y Visconti, B. (2022). Social emotional ability development (SEAD): An integrated model of practical emotion-based competencies. Motivation and emotion46(2), 226-253. https://doi.org/10.1007/s11031-021-09922-1
  • Keaten, J. y Kelly, L. (2008). Emotional Intelligence as a Mediator of Family Communication Patterns and Reticence. Communication Reports21(2), 104-116. https://doi.org/10.1080/08934210802393008
  • Piqueras, J. A., Mateu-Martínez, O., Cejudo, J. y Pérez-González, J. C. (2019). Pathways Into Psychosocial Adjustment in Children: Modeling the Effects of Trait Emotional Intelligence, Social-Emotional Problems, and Gender. Frontiers in psychology10, 507. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2019.00507
  • Szcześniak, M. y Tułecka, M. (2020). Family Functioning and Life Satisfaction: The Mediatory Role of Emotional Intelligence. Psychology research and behavior management13, 223–232. https://doi.org/10.2147/PRBM.S240898
  • Sánchez-Núñez, M. T., García-Rubio, N., Fernández-Berrocal, P. y Latorre, J. M. (2020). Emotional Intelligence and Mental Health in the Family: The Influence of Emotional Intelligence Perceived by Parents and Children. International journal of environmental research and public health17(17), 6255. https://doi.org/10.3390/ijerph17176255