Muchas personas en el mundo han dedicado alguna vez una canción a alguien especial, experimentando un estado de gratificación y fortaleciendo el vínculo con la persona. Esto no es extraño cuando al menos el 72% de la música de la gran mayoría de géneros musicales trata de temas de amor y romance; aunque cabe la posibilidad que el numero sea incluso mayor. Con esto, el amor en la música es un factor más que presente y, curiosamente, en un estado de enamoramiento la escucha tiende hacia este género. Pero… ¿En algún momento te has preguntado por qué sucede esto? ¿Cuál es la causa de que repitamos conductas románticas o recordemos el olor del perfume de alguien al escuchar música de tal índole? En esta ocasión, desvelaremos el origen neurofisiológico implícito en el enamoramiento.

¿Por qué escuchamos música romántica?

A lo largo de la vida, el ser humano está rodeado de múltiples estímulos que serán procesados cerebralmente de manera significativa y a largo plazo. Las canciones románticas se perciben, sobre todo en la adolescencia, como una historia entre quienes comparten o compartirán en un noviazgo, un amor imposible o “platónico”.

Un aspecto reflejado en géneros donde puede plasmarse la lucha y perseverancia, como en las baladas y el rock; el predominio del amor emocional, en el pop; o un amor “platónico”, que puede encontrarse en la trova y jazz. Básicamente, la inclinación por escuchar este tipo música radica en la identificación con un impulso biopsicológico.

Del condicionamiento operante al amor

Música y amor: Efectos en el cerebro

El efecto de relacionar una canción romántica ocurre gracias a un efecto de condicionamiento operante, del que no somos conscientes del todo o directamente nada en absoluto.

Y es que, cuando se repite continuamente una canción que hace pensar en el ser amado, de alguna forma el cerebro relaciona el sonido, ritmo y lírica de la canción con dicha persona.

Ahora, esto no se limita únicamente a la imagen del ser amado, pues también ocurre con lugares, perfumes o fechas. De este modo, la música se vuelve un factor condicionante al activar neurotransmisores específicos asociados con las emociones, pensamientos y conductas específicas.

Hablemos más de ello

B. F. Skinner (1975) menciona que es un sistema conductual, en el que un organismo aprende a reproducir un tipo de conducta determinado dado que consigue una recompensa determinada a su conducta. Dicha conducta se refuerza mediante la estimulación cerebral, que es determinada por frecuencias neuronales debido a uno o varios neurotransmisores.

Cabe señalar, además, que este aprendizaje en el que una conducta se repite varias veces no es fácil que desaparezca. Por ejemplo, imaginemos el reforzamiento de la acción cuando al dedicar una canción se recibe un cumplido, beso o abrazo, y la respuesta fisiológica del organismo lo reconoce como placentero (Gallo et al., 1995).

El cerebro romántico en acción

Hormonas como la serotonina, norepinefrina, dopamina y endorfinas, secretan directamente una señal de alerta al cerebro primitivo y, gracias al sistema simpático y parasimpático, se facilita el recorrido de dicha señal a diferentes zonas del cuerpo. Si no… ¿De dónde crees que proviene la expresión sentir mariposas en el estómago ante ciertas emociones? En este caso concreto, el estómago secreta altos niveles de la hormona serotonina, lo que hace que se experimenten ese conocido revoloteo.

Ahora bien, añadiendo estimulación musical mediante condicionamiento operante, todos estos sistemas se verían afectados por la dopamina que, en consecuencia, aumentaría significativamente junto un estado de placer y fijación. Similar a cuando una persona está enamorada.

¿Qué áreas se activan cuando se escucha música estando enamorado?

Existe una infinidad de circuitos cerebrales y cognitivos que median la acción de la música en el cerebro. Prácticamente, desde el momento en el que entra al oído mediante circuitos eléctricos, a través del nervio auditivo, se genera una respuesta en el cerebro. Esto se produce gracias a los estereocilios, que producen una reacción eléctrica y química (Afifi y Bergman, 2006).

Un largo viaje cerebral

Las señales electroquímicas llegan a la corteza auditiva primaria, que recibe la información y viaja directamente al hipotálamo. Un área que se refuerza con la emoción dominante (amor), llegando a regiones como la corteza visual, áreas prefrontales y bulbo olfatorio. Donde se puede asociar un olor (perfume) con una o más canciones.

Así, la información pasa a mezclarse con los sentidos en la corteza auditiva primaria y, posteriormente, se dirige al hipocampo, donde se almacena a largo plazo. Con esto, el cerebro activa diferentes circuitos de recompensa, que se asocian mediante la boca (un beso) o algún alimento en particular o bebida, por ejemplo.

De hecho, en ciertos padecimientos como el alzhéimer o la demencia, uno de los principales ejercicios neuropsicológicos es emplear música y fotografías. Un método que ayuda en gran medida a conectar imágenes, olores y sabores, entre otros (Gallego et al., 2017).

¿Por qué escuchamos este tipo de música?

Uno de los principales efectos del cerebro es potenciar el factor emocional que la música causa en el organismo. Ahora, en la etapa del enamoramiento se multiplican tales acciones fisiológicas, creando una conexión única entre la música y el amor (Chen et al., 2017).

El gusto de repetir una canción en particular de manera compulsiva, por ejemplo, se debe a los altos niveles de dopamina que genera. Y es que, ya se ha establecido un nexo entre dicha canción con el ser amado, lo que hace que se relacione una canción con su lírica y ritmo con la historia personal de enamoramiento.

Además, en ocasiones, las acciones se suelen apegar directamente con un estado de relajación y extrañeza, afinidad vinculada con endorfinas que causan una anhelada sensación de tranquilidad.

Conclusión

Durante el proceso de enamoramiento se secreta una cantidad ingente de neurotransmisores que hacen que podamos darle un significado y memoria a cada una de las experiencias vividas con la música. Así, cuando hay una correlación auditiva con un estado emocional, como es el enamoramiento, este propicia que se evoquen olores, memorias y estímulos sensoriales en relación con el ser amado. Como dijo el pianista y compositor Franz Liszt (1811-1886), la música es el corazón de la vida. Por ella habla el amor; sin ella no hay bien posible y con ella todo es hermoso.

Referencias bibliográficas

  • Afifi, A. y Bergman, R. (2006). Neuroanatomía Funcional. McGrawHill.
  • Chen, Q., Zhang, Y., Hou, H., Du, F., Wu, S., Chen, L., Shen, Y., Chao, F., Chung, J. K., Zhang, H. y Tian, M. (2017). Neural correlates of the popular music phenomenon: evidence from functional MRI and PET imaging. European journal of nuclear medicine and molecular imaging, 44(6), 1033-1041. https://doi.org/10.1007/s00259-017-3614-7
  • Escobar-Fuentes, S. y Montalbán-Peregrín, M. (2021). Popular music and intimate relationships: examples from a Top 40 Spanish radio show. Taylor & Francis Online. https://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/14680777.2021.1959369?journalCode=rfms20
  • Gallego, M. G. y García, J. G. (2017). Music therapy and Alzheimer’s disease: Cognitive, psychological, and behavioural effects. Neurología, 32(5), 300-308. Doi: 10.1016/j.nrl.2015.12.003
  • Gallo, A., Duchatelle, E., Elkhessaimi, A., Le Pape, G. y Desportes, J. P. (1995). Topographic analysis of the rat’s bar behaviour in the Skinner box. Behavioural processes33(3), 319-327. Doi: 10.1016/0376-6357(94)00032-c
  • Skinner, B. F. y Ardilla, R. (1975). Sobre el conductismo. Fontanella.