La demencia ha ido incrementando su prevalencia cada vez más debido a la aumentando en la esperanza de vida en nuestra población Por esta razón, se ha generado interés sobre el diagnóstico y tratamiento o manejo de la enfermedad de Alzheimer, la demencia más común. Como se explicó en el artículo anterior, existen diferentes causas para dicha enfermedad. Esta patología puede generar cambios microscópicos y macroscópicos en el cerebro que, en resumen, daña a las neuronas. Por ende, se va perdiendo tanto la conectividad como la funcionalidad. Teniendo como consecuencia afectaciones cognitivas y emocionales.

Estas afectaciones van aumentando a medida que avanza la enfermedad. Por lo tanto, es importante hacer un diagnóstico minucioso por parte de las áreas de medicina y psicología. Todo esto, con el fin de crear estrategias acordes a las necesidades de cada persona, para enlentecer el progreso de la demencia.

¿Cómo se hace el diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer?

Actualmente, el diagnóstico definitivo de la enfermedad de Alzheimer se realiza por medio de un análisis neuropatológico. Este examen es altamente riesgoso por lo que se suele realizar a partir del fallecimiento de la persona. Por lo tanto, principalmente nos guiaremos por medio de un diagnóstico clínico, en el cual se realizan varios exámenes, tanto físicos como cognitivos, para saber si hay presencia de la enfermedad.

Valoración clínica en el diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer

La valoración neuropsicológica, es de los aspectos más importantes y usados para el diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer. En primer lugar, se debe realizar una entrevista clínica tanto con el paciente como con los familiares. En ella se deben explorar aspectos como:

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  • Dominios afectados
  • Historia médica familiar y personal
  • Curso de la enfermedad
  • Nivel educativo y profesional
  • Síntomas emocionales
  • Repercusión funcional

Seguido a lo anterior, en el diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer se debe realizar un rastreo general de las funciones cognitivas. Esto se hace por medio de un test de cribado como el MMSE (Mini Mental State Examination, en inglés) o el test del reloj. Si se observan dificultades importantes al desarrollar estas pruebas, se debe seguir con una exploración más profunda (Barragán et al., 2019).

Por último, se lleva a cabo una evaluación profunda de todas las funciones cognitivas. Esto se hace por medio de la aplicación de pruebas estandarizadas específicas para cada una de ellas. Hay que hacer hincapié en las pruebas relacionadas con la memoria, las praxias y las funciones ejecutivas. Con tal informe, se conocerá la información exacta sobre el estado del funcionamiento cognitivo, teniendo en cuenta tanto las áreas afectadas como las preservadas, y qué nivel de afectación presentan.

Imágenes funcionales

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En el caso de la enfermedad de Alzheimer, las imágenes estructurales y funcionales cumplen dos propósitos. El primero, es detectar posibles atrofias en el cerebro relacionadas con el proceso demencial. El segundo, descartar otros trastornos, como tumores o daños en el sistema circulatorio cerebral.

Una de las técnicas más usadas es la resonancia magnética (RM). En el caso de los pacientes con alzhéimer, el primer cambio estructural que se observa es la atrofia de los hipocampos. Con el paso del tiempo, se comienza a tener atrofias en otras regiones cerebrales y dilatación de los ventrículos cerebrales.

A nivel funcional, existen distintos tipos de imágenes, una de las más usadas es el PET (tomografía por emisión de positrones). Dentro de los resultados, se ha encontrado que en la enfermedad de Alzheimer hay una disminución en el metabolismo a nivel parietal y temporal (Barragán et al., 2019).

Criterios diagnóstico en la enfermedad de Alzheimer

En el DSM-V, esta patología se cataloga como un trastorno neurocognitivo debido a la enfermedad de Alzheimer (2014). Por lo tanto, es importante iniciar con la explicación de los criterios del trastorno neurocognitivo mayor, que serían:

  • Evidencia de un declive cognitivo importante en uno o más de los dominios cognitivos. De preferencia, debe ser comprobado por una evaluación neuropsicológica.
  • Estos déficits son suficientes para interferir con la independencia de la persona en el desarrollo de actividades diarias.
  • Los problemas no pueden ocurrir exclusivamente en el contexto de un delirium.
  • Las dificultades cognitivas no se pueden atribuir de forma primaria a la presencia de otros trastornos mentales (p. e. trastorno depresivo mayor, esquizofrenia).

Para comprobar que este trastorno es debido a la enfermedad de Alzheimer, el DSM-V indica que se deben cumplir los siguientes criterios:

  • Manifestar características del trastorno neurocognitivo.
  • Presentar un inicio insidioso y una progresión gradual del trastorno en uno o más dominios cognitivos.
  • Cumplir los criterios de la enfermedad probable o posible. En este caso, se tiene en cuenta: mutaciones genéticas, problemas en la memoria, deterioro progresivo, entre otros.
  • La alteración no se explica mejor por una enfermedad cerebrovascular u otras enfermedades neurodegenerativas, los efectos de una sustancia o algún trastorno mental neurológico o sistémico.

Tratamientos para la enfermedad de Alzheimer

Hasta el momento, no se ha encontrado una cura para la persona con diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer. Aun así, existen diferentes tratamientos que ayudan tanto a su manejo de la enfermedad de Alzheimer, como a la disminución de la velocidad con la que se puede dar el deterioro. Todo esto con el fin de mejorar la calidad de vida de la persona y la de sus familiares.

TRATAMIENTO FARMACOLÓGICO

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Existen dos tipos de tratamiento farmacológico para el manejo de la enfermedad de Alzheimer. El primero y más conocido, son los inhibidores de colinesterasa. Estos actúan con el fin de incrementar el efecto de los neurotransmisores, especialmente de la Acetilcolina. Con el uso de los mismos, se busca lograr la mejora o mantenimiento de las funciones cognitivas

El otro tipo de tratamiento farmacológico del Alzheimer se enfoca en la protección neuronal. En este caso, el objetivo es enlentecer o retrasar el curso de la enfermedad. Esto se logra por medio de la disminución de sustancias que generan estrés oxidativo. Entre los medicamentos más usados están: segilina, estrógenos y agentes procesadores de proteínas, entre otros.

En general, se ha encontrado que tales medicamentos no suelen ser efectivos a largo plazo. Adicionalmente, pueden generar efectos adversos por su consumo, lo que hace que no sea la manera más eficaz para tratar dicha patología. Por lo tanto, es importante complementar con otros tipos de tratamientos no farmacológicos para obtener así un adecuado manejo de la enfermedad de Alzheimer.

Tratamientos no farmacológicos

Este tipo de tratamiento o manejo para el Alzheimer, se basa de manera especial en el concepto de neuroplasticidad y actúan directamente sobre las capacidades cognoscitivas de los pacientes. la cuales se conocen por medio del diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer. Según de los Reyes, Lasprilla, Díaz, Perea y Ladera, (2012) los objetivos de este tipo de terapias son:

  • Disminuir el proceso de deterioro emocional y funcional para mantener la autonomía el mayor tiempo posible.
  • Mantener de mejor manera las funciones cognitivas el mayor tiempo posible. Todo esto con el fin de preservar la calidad de vida.
  • Evitar o disminuir los problemas emocionales o de comportamiento.

Según, de los Reyes Aragón et al., (2012) entre los principales tratamientos se encuentran:

Terapia cognitivaIntervenciones psicosocialesOtras intervenciones
Estimulación CognitivaTerapia orientada a la realidadPsicomotricidad y actividad física
Aprendizaje sin errorTerapia de validaciónMusicoterapia
Recuperación espaciadaTerapia de reminiscenciaArteterapia
Imaginería visualMétodo MontessoriModificaciones ambientales
Difuminación de pistasTerapia intergeneracionalAdaptaciones en la dieta
Ayudas externas  
  • En primer lugar, los tratamientos cognitivos. En este tipo de intervención se realiza una estimulación de todas las funciones cognitivas, para retrasar el proceso de afectación en las mismas. Por ende, se utilizan estrategias de estimulación que se adapten a las necesidades del paciente para un adecuado proceso.
  • El segundo lugar, las intervenciones psicosociales. En este tipo de terapias se tratan aspectos tanto emocionales, como de aceptación de la enfermedad. Se trabaja con el paciente, sus familiares y amigos.
  • Por último, otros tipos de intervenciones. En ellas, se trabajan los síntomas de la enfermedad por medio de actividades alternativas como el arte o la música. También, se enseñan las modificaciones que se pueden hacer en la vida diaria para así disminuir el impacto de la enfermedad.

Conclusión

Ante indicios de la enfermedad de Alzheimer es importante realizar un diagnóstico exhaustivo. Por ende, es necesario hacer una valoración interdisciplinar, donde se tomen en cuenta aspectos clínicos, cognitivos y emocionales

Asimismo, es necesario comenzar un proceso de mantenimiento de la calidad de vida y autonomía de la persona, por medio de los tratamientos farmacológicos y no farmacológicos en el Alzheimer. Teniendo en cuenta que, a pesar de no tener cura, hay muchas opciones para retrasar el avance de la enfermedad. 

De igual manera, es importante que la familia se informe y trabaje con los médicos y psicólogos para encontrar las mejores herramientas de trabajo. Así, se evitará una mayor afectación y se podrá disminuir la carga física y emocional que representa, impulsando así el manejo de la enfermedad de Alzheimer.

Referencias bibliográficas

  • Asociación Americana de Psiquiatría(2014)Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5) (5.a ed.). Madrid: Panamericana
  • Barragán, D., García, M. A., Parra, A. y Tejeiro, J. (2019). Enfermedad de Alzheimer. Medicine12(74), 4338-4346. https://doi.org/10.1016/j.med.2019.03.012
  • De los Reyes, C. J., Arango, J. C., Rodríguez, M. A., Perea, M. V. y Ladera, V. (2012). Rehabilitación cognitiva en personas con Enfermedad de Alzheimer. Psicología desde el Caribe29(2), 421-455-455.