El Síndrome de Munchaûsen, en principio, fue introducido por el endocrinólogo Richard Asher, en 1951. Este término hacía referencia a la persona que asiste frecuentemente a los hospitales con la presencia de síntomas de alguna enfermedad, sin necesariamente padecer un problema orgánico y exagerando su condición médica. Históricamente, el nombre del síndrome nace a partir del Barón de Munchaûsen Karl Friedrich Hieronymus (1720-1797). Quien se hizo conocido por su habilidad de contar anécdotas fantásticas que nunca sucedieron con el fin de recibir la simpatía de la gente. A continuación, más información sobre este curioso cuadro, específicamente el que se deriva por una sobreprotección parental: Síndrome de Munchaûsen por poderes.

Síndrome de Munchaûsen por poderes

Fue descrito por primera vez en el año 1977 por el doctor Samuel Roy Meadow para referirse a la situación en la que un niño es expuesto a cuidados médicos exagerados por parte de sus padres (Maida, Molina y Carrasco, 1999).

En este caso, puede o no existir un padecimiento orgánico y se produce a partir de una insistencia de los padres de familia, quienes buscan desesperadamente atención para sus hijos. Suele presentarse con el cuidador cercano (generalmente uno de los padres) por lo que hay una relación muy estrecha con el paciente

Normalmente, se evidencian referencias del especial interés que demuestra el cuidador hacia la enfermedad del niño por parte del equipo de salud encargado del caso. Incluso, dicho interés puede llegar a manifestarse como “devoción”, lo que hace que sea más difícil detectar la relación de abuso existente.  Asimismo, es frecuente que el cuidador tenga conocimientos médicos o farmacológicos. La otra persona responsable del paciente se desentiende o incluso toma una postura de distanciamiento frente a ello (Maida et al., 1999).

Diagnóstico del síndrome de Munchaûsen por poderes

Los criterios que se deben cumplir para el diagnóstico, según la quinta edición del Manual de Diagnóstico y Clasificación de Enfermedades Mentales (DSM-V), son:

  1. Falsificación de síntomas o fabricación de enfermedades y daños en los propios hijos, siempre que se puedan demostrar los engaños.
  2. El/la perpetrador/a presenta a la víctima a los demás como enfermo, con alguna discapacidad o damnificado.
  3. La conducta de engaños es evidente incluso en ausencia de alguna recompensa externa.
  4. El cuadro clínico no se explica mejor por otro trastorno pediátrico o psiquiátrico.

La figura del perpetrador

Estudios han encontrado algunos elementos comunes en los casos diagnosticados, entre ellos se encuentran:

  • Disfuncionalidad familiar
  • Bajo nivel socioeconómico (no suele/n tener empleo)
  • Padres de familia jóvenes
  • Negligencia infantil
  • Presencia de maltrato o experiencias traumáticas propias

Adicionalmente, como parte de dichas experiencias anteriores, se podría considerar el refuerzo positivo que pudo haber recibido el perpetrador respecto a una enfermedad o padecimiento propio.

La familia

En el tema de la dinámica familiar, se ha evidenciado una falta de estructura en cuanto al rol del padre y la madre. Además, puede darse el caso de que el cuidador padezca algún trastorno psiquiátrico o de conducta. Especialmente de tipo depresivo y/o de personalidad (Goñi, Martínez, de la Cerda y Gómez de Terreros, 2008).

Por otra parte, lo mismo se puede observar un desinterés general por la situación del niño como un interés exagerado. Incluso, se ha llegado a considerar que “el perfil psicopatológico del perpetrador/a  corresponde con un trastorno adictivo, ya que tiene un comportamiento compulsivo de búsqueda del ambiente hospitalario que le supone un alto grado de gratificación y recompensa, y que se incrementa progresivamente ante nuevas situaciones de estrés” (Jiménez et al., 2016, p.33). Es por ello que diversos estudios sugieren clasificarlo como parte de los distintos tipos de trastornos de adicción.

Figura del perpetrador en el ambiente hospitalario

Según Jiménez et al. (2016), dentro de las características del perpetuador en el entorno hospitalario se encuentran:

  • Fascinación por el ambiente hospitalario, su contexto y funcionamiento.
  • Preocupación e ideas persistentes sobre la enfermedad, recordando constantemente experiencias positivas previas en estos entornos.
  • Ideas repetitivas sobre las estancias hospitalarias que “requiere” el paciente.
  • Constante búsqueda de un ambiente hospitalario para buscar ayuda bajo una situación de estrés. Ante la presencia de estrés, ansiedad, irritabilidad o culpa, el hospital se convierte en un espacio de escape que alivia dicha tensión.
  • Falta de control en el momento de llevar al paciente al hospital.

La importancia de la intervención en casos de síndrome de Munchaûsen

El síndrome de Munchaûsen por poderes es considerado como una forma de maltrato infantil debido a la exposición médica exagerada que recibe el menor, muchas veces sin su consentimiento. Suele ser infradiagnosticado ya que el cuidador es el que maneja la historia clínica y puede alterarla para ocultar información. 

De esta manera, se han reportado casos de padres que infringen síntomas orgánicos a sus hijos para justificar las intervenciones médicas realizadas. Por ello, dado el estado de indefensión del paciente, es importante intervenir para poder ayudarlo a tiempo.

¿Cómo podemos abordar un caso de estos?

Tras la sospecha de este tipo de casos es importante analizar la frecuencia con la que el niño asiste a consulta médica y los motivos por los que acude (la historia clínica es fundamental). Asimismo, se han de tener en cuenta los factores sociales, familiares, personales y contextuales. Es clave el reconocimiento de la situación tras un análisis de los distintos profesionales con los que se relaciona el niño (médico, psicólogo, psiquiatra, etc.).

Posteriormente, es imperante ubicar al menor en una posición de seguridad. Si fuese necesario, tratar de que exista una separación progresiva con el cuidador. Para ello, es elemental la realización de un seguimiento y de una evaluación psiquiátrica y psicológica. 

Por otro lado, es crucial interrumpir la relación de abuso existente y contactar con familiares que puedan hacerse cargo del menor durante el proceso de intervención. En el que será indispensable trabajar, entre muchos factores, la autoestima de la persona. Con esto, es probable el desarrollo de fobias o conductas de dependencia, inseguridad, masoquismo o sadomasoquismo, por lo que se requiere de un proceso de psicoterapia. El proceso de psicoterapia incluirá a los padres y a su familia, trabajando de manera individual las partes involucradas, pero también, la dinámica familiar del hogar.

La intervención de otros profesionales

Adicionalmente, es necesario un seguimiento médico por parte del equipo tratante ya que pueden desarrollarse otro tipo de afectaciones como consecuencia de la situación médica anterior. Así mismo, se debe verificar el nivel de escolaridad que presenta el menor y procurar reintegrarlo a una rutina de vida adecuada para su edad

Definitivamente, debe haber un seguimiento por parte de servicios sociales que verifiquen la normalización de la situación familiar y la reincorporación del niño en la escuela y sociedad. Si fuese necesario, también habría un seguimiento de los términos legales a los que debieran suscribirse los cuidadores para evitar que se repitiera el abuso.

Conclusión

El síndrome de Munchaûsen por poderes es un tipo de maltrato infradiagnosticado que puede poner en riesgo la vida del menor. Es por ello que, ante cualquier sospecha, es necesario un análisis profundo con otros profesionales de la salud para poder evaluar y determinar la situación personal, familiar y social. Junto a esto, es imprescindible colocar al menor en una situación de seguridad y bienestar, interrumpiendo la situación de abuso y, posteriormente, realizar un plan de intervención interdisciplinario para poder abordar el caso de forma efectiva.

Referencias Bibliográficas:

  • oñi, T., Martínez, M., de la Cerda, F. y Gómez, I. (2008). Síndrome de Munchausen por poderes. Anales de Pediatría, 68(6), 609-611. 
  • Jiménez, J. L., López, M., Crespo, M. D., Muñoz, A. y López-Ibor, J. J. (2016). Munchausen syndrome by proxy: A special type of child abuse. Revista Española de Pediatría, 72(1), 33-45. 
  • Maida, A. M., Molina, M. E. y Carrasco, X. (1999). Síndrome de Munchausen-por-poder: un diagnóstico a considerar. Revista chilena de pediatría, 70(3), 215-220. https://doi.org/10.4067/S0370-41061999000300007