Según la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2020), una persona se suicida cada 40 segundos en el mundo, constituyendo así la segunda causa de muerte entre los 15 y 29 años. De hecho, en la mayoría de intentos consumados, no ha habido intentos previos fallidos, lo que indica que una intervención rápida, adecuada y mantenida en el tiempo, reduce la probabilidad de suicidio posterior. Es tal la necesidad de prevención e intervención, que hablamos de que el 90% de las personas que cometen un suicidio tienen un problema de salud mental, principalmente depresión (Martín del Campo, 2019). De hecho, esta patología aumenta 21 veces el riesgo de suicidio respecto de la población general. Por ello, hablaremos sobre la relación entre depresión y suicidio, dos elementos que convergen en un problema de salud pública. Riesgos silenciosos a tomar en cuenta.

El suicidio: Un tema complejo 

En el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, Fifth Edition, DSM-V, en inglés) aparece esta conducta como trastorno de comportamiento suicida. Caracterizado por un intento de suicidio en los últimos 24 meses.

Así mismo, el hecho de que el intento sea planificado o impulsivo puede tener consecuencias de cara al pronóstico.

Y es que, aproximadamente, el 25-30% de las personas que intentan suicidarse cometerá más intentos en el futuro, de forma más planificada.

Ahora, dentro de la depresión mayor este tipo de comportamientos puede variar de manera significativa dependiendo de la gravedad.

El comportamiento suicida asociado a otros elementos

El comportamiento suicida puede aparecer asociado a distintos trastornos mentales. Los más comunes son el trastorno bipolar, trastorno de depresión mayor, esquizofrenia y trastornos de ansiedad (especialmente, trastornos de pánico y trastorno por estrés postraumático), entre otros.

Lo que, en ocasiones, puede poner en alerta a la hora de tratar este tipo de conductas, ya que la prevención en salud mental podría evitar los intentos de suicidio posteriores.

La depresión y su estrecha relación

La depresión es un trastorno mental caracterizado por un estado de ánimo de tristeza profunda, pérdida de interés o placer, falta de autoestima, trastornos del sueño o apetito, sensación de cansancio y falta de concentración por un periodo determinado, que varía de acuerdo al tipo de cuadro que esté presente.

Asimismo, hay algunos sectores de la población que tienen un mayor riesgo de sufrir depresión. Esto, incluso, podría implicar una ventaja si se enfocan los esfuerzos necesarios para su prevención.

Entre ellos, se encontrarán los grupos de personas mayores y adolescentes, principalmente.

¿Quiénes son más vulnerables a sufrir depresión?

Por un lado, en grupos de la tercera edad, la depresión está asociada con el envejecimiento de la población, la soledad y patologías crónicas y/o comorbilidad.

Por otro lado, con respecto a los adolescentes, la conformación y desarrollo de la identidad, sumado a todos los cambios internos y externos, puede conllevar una importante fuente de conflicto.

De igual manera, se se ha reportado que son más propensas las mujeres, pero, contrariamente, en los hombres la manifestación es grave y se asocia con mayor frecuencia el suicidio consumado.

Relación entre depresión y suicidio

La depresión es un fenómeno complejo. Se asocian sentimientos de desesperanza, vacío, culpabilidad, irritabilidad, falta de capacidad para sentir placer, problemas de sueño, etc., lo que puede llevar a cansancio, disminución de la capacidad de pensar con claridad y pensamientos de muerte recurrentes. Pudiendo desembocar en un plan de suicidio.

Precisamente, la desesperanza (falta de perspectivas de futuro) es un factor clave a tener en cuenta, pues es lo que dificulta a la persona encontrar una solución a los conflictos.

Si, a esto, le unimos la falta de claridad para pensar y buscar alternativas, junto con la invasión del sentimiento de desesperanza, el resultado es una persona susceptible a pensar recurrentemente en la idea de muerte.

De este modo, con la idea de acabar con el sufrimiento, aparece la idea del suicidio, convirtiendo a la depresión en un peligro potencial. Por ello, se vuelve necesario hablar de prevención y tratamiento en depresión.

Algunas cifras sobre la relación entre depresión y suicidio 

Debido a la falta de información en otros países, tomaremos cifras de España.

En el año 2020, el Instituto Nacional de Estadística (INE) informó que alrededor del 5,32% de personas en España habían recibido un diagnóstico de depresión por parte de un profesional sanitario.

En ese mismo estudio se concluyó que el grupo de las mujeres tiene una prevalencia mayor (7,09%) a la de los hombres (3,45%).

Ahora, si tenemos en cuenta las cifras de suicidios en este país en 2020, hablaríamos de un total de 3679, mayormente consumados por hombres.

Y, dado que la tasa mayor de mortalidad por suicidio se encuentra en la franja de edad de 50 a 54 años, podríamos decir que es la franja de edad donde puede comenzar a debutar la depresión.

Resulta de interés mencionar que, según los datos que aporta el INE, en la franja de edad de menores de 15 años haya más casos consumados en el caso de mujeres frente al de los hombres.

La importancia del tratamiento de la depresión 

¿Por qué son importantes las cifras mencionadas? La probabilidad de suicidabilidad en el trastorno por depresión mayor es de 46,67%. Y es que, la gravedad de los síntomas depresivos, resistencia al tratamiento o características psicóticas aumentan el riesgo de suicidio. Por lo tanto, prevenir la depresión podría prevenir los intentos de suicidio (Dold et al, 2018).

La prevención de la depresión y del suicidio, no se debe limitar a los encargados de la salud, sino que también nos concierne a todos como sociedad.

Esto, por supuesto, supondría la eliminación o reducción del estigma alrededor de la salud mental, facilitando la búsqueda de ayuda. Así, se evidencia con más relevancia la relación entre depresión y suicidio.

Salud mental

Como hemos mencionado, las personas que presentan un trastorno relacionado a la depresión son más vulnerables a encontrar en el suicidio una forma de terminar con su sufrimiento.

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En consecuencia, la psicoterapia ha resultado ser muy eficiente en cuanto a prevención de recaídas.

Algunas de las terapias más eficaces engloban la terapia cognitivo conductual (TCC), teniendo efectos posteriores de prevención de recaídas y la terapia de activación conductual (AC), incluso más que la TCC para depresiones con mayor severidad.

Otra terapia que ha mostrado eficacia es la terapia cognitiva basada en el Mindfulness (TCBM), también orientada, principalmente, a la prevención de recaídas (Crane, 2017; Creswell, 2017; Eisendrath et al., 2016).

En cuanto al suicidio, su prevención (sumada a la detección e intervención oportuna en la depresión) también conllevaría limitar el acceso a medios que pudieran informar de manera sesgada (Balestra, 2018; Zalsman et al., 2016).

O, en otras palabras, una buena comunicación de los medios de comunicación y programas multidisciplinares por medio de profesionales (Navío y Pérez, 2020).

Conclusión

Tanto para la prevención de la depresión como del suicidio son necesarios planes de prevención eficaces. Se debe considerar una intervención temprana tanto en la población que presenta depresión, como para aquellos que han manifestado conductas suicidas. Así como la población general.

Tres grupos en los que el enfoque central será la eliminación del estigma, prevención y apertura a buscar ayuda. De igual manera, resulta necesario el tratamiento psicológico, siendo este el más eficaz en cuanto a la prevención de recaídas y reducción de sintomatología.

Referencias Bibliográficas

  • Asociación Americana de Psiquiatría (2014). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-V)(Quinta edición). Editorial Médica Panamericana.
  • Balestra, S. (2018). Gun Prevalences and suicide. Journal of Health Economics, 61(C), 163-177. Doi: 10.1016/j.jhealeco.2018.08.003
  • Crane, R. (2017). Mindfulness-Based Cognitive Therapy: Distinctive Features (Segunda edición.). Routledge.
  • Creswell, J. D. (2017). Mindfulness Interventions. Annual Review of Psychology, 68(1), 491-516. https://doi.org/10.1146/annurev-psych-042716-051139.
  • Dold, M., Bartova, L., Fugger, G., Kautzky, A., Souery, D., Mendlewicz, J. y Kasper, S. (2018). Major Depression and the Degree of Suicidality: Results of the European Group for the Study of Resistant Depression (GSRD). International Journal of Neuropsychopharmacology, 21(6), 539-549.
  • Eisendrath, S. J., Gillung, E., Delucchi, K. L., Segal, Z. V., Nelson, J. C., McInnes, L. A. y Feldman, M. D. (2016). A Randomized Controlled Trial of Mindfulness-Based Cognitive Therapy for Treatment-Resistant Depression. Psychotherapy and psychosomatics, 85(2), 99-110. Doi: 10.1159/000442260.
  • Instituto Nacional de Estadística (2020). Prevalencia de cuadros depresivos activos según sexo y grupo de edad. Población de 15 y más años. https://www.ine.es/jaxi/Tabla.htmath=/t15/p420/a2019/p01/l0/&file=13007.px&L=0
  • Instituto Nacional de Estadística (2020). Suicidios por edad y sexo. https://www.ine.es/jaxi/Tabla.htm?tpx=29984&L=0
  • Martín del Campo, E. (2019). Suicidio, el reto de adelantarse a una realidad tan compleja como invisible. Gaceta Médica. https:// www.gacetamedica.com/politica/suicidio-el-reto- de-adelantarse-a-una-realidad-tan-compleja-como- invisible-HC2217018
  • Mercedes Navío y Víctor Pérez (coord.) (2020). Depresión y suicidio, documento estratégico para la promoción de la salud. Sociedad Española de Psiquiatría (SEP), SEPB y la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental (FEPSM).