Vivimos, en general, en una época de sobre-estímulos, demandas veloces, flujos constantes de información, incertidumbres laborales, relaciones cambiantes y tensiones existenciales. Un caldo simbiótico de estímulos que invitan a la vigilancia, al rendimiento, a la anticipación constante. En ese contexto, el estrés contemporáneo deja de ser un simple mecanismo transitorio de adaptación para convertirse en una condición crónica, casi estructural, una sombra psíquica y somática que acompaña (y moldea) al sujeto moderno. El estrés contemporáneo, así entendido reconfigura silenciosamente la relación con el tiempo, con el cuerpo y la propia identidad. La pregunta es qué hace el estrés (cuando se vuelve crónico, persistente, silencioso) en nuestra mente, nuestro cuerpo, nuestra identidad.

Cortisol, eje HPA y el cuerpo que recuerda (y sufre)

El estrés activa una de las vías biológicas más fundamentales del organismo, el eje hipotálamo–hipófiso–adrenal (HPA), cuya señal de alarma incluye la liberación de cortisol. En condiciones normales, ese aumento de cortisol ayuda a preparar al organismo para afrontar los desafíos del día (Stalder et al., 2025).

Una meditación sobre el estrés contemporáneo

Pero cuando el estrés se vuelve crónico o excesivo, este mecanismo de adaptación puede tornarse pernicioso. La retroalimentación del HPA se desregula, lo que puede favorecer fenómenos de resistencia a los glucocorticoides y asociarse a procesos proinflamatorios, desajustes inmunológicos y vulnerabilidades neuroendocrinas (Nunez et al., 2025).

De hecho, un estudio reciente en un hospital terciario reveló que niveles elevados de cortisol correlacionan con alteraciones en parámetros inmunológicos (por ejemplo en recuentos leucocitarios, proporción de linfocitos/neutrófilos), lo que sugiere posibles alteraciones en la regulación de la respuesta inmune bajo estrés prolongado. Así, el estrés deja de ser un evento fugaz para convertirse en un “modus vivendi” con consecuencias fisiológicas profundas (Padalkar et al., 2025).

Estrés crónico: Puerta a la inflamación y la autoimmunidad

La desregulación sostenida del HPA y la resistencia de los receptores glucocorticoides parecen fomentar un entorno proinflamatorio. Incremento de citocinas como IL-6, TNF-α, desequilibrios inmunes, una posible mayor vulnerabilidad a enfermedades autoinmunes como lupus eritematoso sistémico, artritis reumatoide o esclerosis múltiple. Este vínculo sugiere que el estrés psicológico (a menudo imaginado como algo exclusivamente “mental” o emocional) tiene raíces orgánicas profundas, y puede desencadenar procesos que trascienden el malestar subjetivo hasta comprometer el equilibrio del sistema inmunológico.

Memoria, cognición, resiliencia

Tres territorios donde el estrés contemporáneo deja huellas distintas, pero entrelazadas. Y no solo como desgaste, sino también como posibilidad de reorganización psíquica.

El estrés sobre la memoria y la función ejecutiva

No es nuevo afirmar que el estrés afecta la memoria; lo notable de investigaciones recientes es cuán específicas y selectivas pueden ser esas consecuencias. Un estudio longitudinal que siguió a adultos saludables entre 2018 y 2022 encontró que los niveles de cortisol post-despertar predicen decrecimientos en fluidez verbal (tanto fonémica como semántica), funciones atribuidas al córtex prefrontal. Curiosamente, esa relación se modulaba por la resiliencia psicológica: quienes mostraban mayor resiliencia mitigaban (al menos parcialmente) ese descenso (Rivas-Diaz et al., 2025).

Por otro lado, en modelos patológicos o extremos (por ejemplo en enfermedad de Cushing, con exposición prolongada a cortisol elevado) se documentaron déficits en memoria, atención, funciones ejecutivas y un aumento del riesgo de deterioro cognitivo (Sun et al., 2025).

Estos hallazgos obligan a repensar la conocida dualidad del estrés: no siempre deteriora, y en algunos casos lo tolerable actúa como “fuerza formativa”; sin embargo, pasado un umbral, el estrés deja de ser un entrenamiento valioso y se convierte en desgaste.

Ansiedad, vulnerabilidad clínica y regulación emocional

La investigación más reciente revisa cómo la disfunción del eje HPA se asocia a trastornos de ánimo y ansiedad, no solo como un epifenómeno, sino como parte de su fisiopatología. Además, un ensayo controlado publicado en 2025 sobre una intervención de meditación (Yoga Nidra) mostró que su práctica regular no solo reduce los síntomas de depresión, sino que atenúa la secreción diurna de cortisol y “normaliza” su ritmo circadiano (Moszeik et al., 2025).

Esa normalización hormonal se traduce en alivio subjetivo (menos ansiedad, menos rumia), y sugiere que experiencias contemplativas o prácticas de conciencia pueden servir como retaguardia biológica frente a la toxicidad del estrés.

Paradojas existenciales del estrés contemporáneo

Una dimensión frecuentemente ignorada (pero central) de este paisaje es la ambivalencia del estrés en relación al rendimiento. Un estudio longitudinal en contexto académico mostró que, aunque un aumento del estrés durante el semestre se asociaba a una mejora en el desempeño académico, también correspondía con peor calidad del sueño, disfunción autonómica, más ansiedad y síntomas depresivos. 

Es decir, el estrés, en dosis suficientes y sostenidas, alimenta productividad, rendimiento, resultados visibles; pero lo hace a costa del equilibrio interno, del cuerpo, del descanso, de la salud mental. Esta tensión entre logro externo y desgaste interno representa una de las tragedias contemporáneas: “ganancias” tangibles a cambio de erosión invisible. En dicho sentido, aflora una pregunta ética, cultural: ¿qué valoramos cuando celebramos el éxito, si para conseguirlo muchos sacrifican su equilibrio biológico y su bienestar psíquico?

Dimensiones sociales y estructurales del estrés

El estrés no es solo un asunto bioquímico o psicológico, es también un fenómeno social. Hay determinantes como la pobreza, la precariedad laboral, la desigualdad, el acceso limitado a servicios, la inseguridad habitacional o alimentaria, que configuran un contexto de vulnerabilidad mental. 

En ese marco, el estrés no aparece como una carga individual, sino como una consecuencia estructural, una “biografía social” encarnada en cortisol, inflamación, disfunción inmunológica, fatiga crónica. La inequidad, la inestabilidad, la exclusión, se traducen literal y biológicamente en malestar. Aspecto que nos obliga a considerar estrategias de salud mental más allá del individuo, políticas públicas, justicia social, entornos que promuevan vivienda digna, seguridad económica, redes de apoyo, condiciones laborales estables.

¿Ruina orgánica o materia prima para resiliencia?

Al mismo tiempo que el cuerpo paga un precio (elevación mantenida de cortisol, inflamación, desgaste cognitivo), emerge la cuestión de que no todo estrés es igual, algo que algunos autores llaman “estrés formativo”, “estrés adaptativo moderado” o simplemente “fricción vital”, podría fomentar lo que se ha identificado como resiliencia, capacidad de resistir, mantenerse, adaptarse.

El estudio de Rivas sobre cortisol post-despertar sugiere precisamente eso: un CAR regulado, con una curva de secreción que responde al ciclo natural del cuerpo, asociado a un envejecimiento cognitivo más saludable. Y la intervención con Yoga Nidra demuestra que es posible “inocular” al organismo (y a la mente) contra los efectos deletéreos del estrés, no mediante evasión, sino mediante un reequilibrio consciente, una re-sintonización del eje HPA. Así nace una dialéctica, el estrés como fuerza destructiva, pero también como materia prima para construir fortaleza, conciencia, resiliencia.

Un sosiego necesario

No como huida del mundo, como acto de resistencia íntima frente al estrés contemporáneo y la saturación constante de la experiencia.

1. Reconocimiento del estrés como entidad bio-psico-social

Primero, aceptar que el estrés no es un “mala onda” pasajera, ni un fracaso personal, es un fenómeno que atraviesa cuerpo, mente y condiciones sociales. Comprender que su impacto trasciende lo subjetivo.

2. Cultivar ritmos dignos: sueño, hidratación, pausas

estrés contemporáneo

Pequeñas decisiones cotidianas pueden modular la reactividad del cortisol. Desde hábitos de sueño saludables, hasta una hidratación adecuada. De hecho, un estudio reciente demostró que personas con bajo consumo habitual de líquidos mostraron una reactividad de cortisol mucho mayor ante estrés social que quienes estaban bien hidratados.

La conciencia de los ritmos circadianos, y el respeto por las pausas, el descanso, la calma, pueden actuar como escudos biológicos ante la constante exigencia del mundo.

3. Prácticas contemplativas o de regulación interna como herramientas de resiliencia

Técnicas como Yoga Nidra, respiración consciente, meditación, mindfulness o cualquier forma que cultive la atención plena, la regulación interna, la reconexión cuerpo-mente, pueden ayudar a “domesticar” la respuesta al estrés. Los datos sugieren que es posible modular la respuesta fisiológica al estrés mediante prácticas de regulación consciente.

4. Reconstrucción social

Las políticas públicas deben reconocer el estrés como un problema colectivo, no exclusivamente individual. Vivienda digna, seguridad alimentaria, estabilidad laboral, apoyo comunitario, acceso a salud mental. Todo ello construye ecosistemas de resiliencia.

5. Educación emocional y bio-psicológica

Formar a las personas (desde escuelas, comunidades, ámbitos laborales) en una comprensión integrada del estrés. No solo como emoción, sino como experiencia corporal, biológica, social. Una alfabetización emocional que permita detectar las señales del cuerpo, entender su lenguaje, actuar antes de que el desgaste se vuelva patología.

Conclusión

El estrés contemporáneo, dicho sin melodramas, es un umbral. Un umbral que puede abrir al crecimiento, a la adaptación, a la evolución; o puede convertirse en un punto de inflexión hacia la fatiga, la disfunción, la enfermedad. Ese umbral existe (y es real) en los niveles hormonales, inmunológicos, neurológicos, sociales. En esto, la modernidad nos empuja muchas veces más allá de ese umbral del estrés contemporáneo. Pero no estamos condenados a sucumbir. La evidencia científica reciente sugiere que podemos cultivar ritmos biológicos saludables, prácticas conscientes, entornos sociales más compasivos.

En vez de promesas simplistas de “menos estrés” (que muchas veces enmascaran la inequidad o la sobrecarga), se trata de replantear nuestra relación con el cuerpo, con el desempeño, con la exigencia. De redescubrir el valor de la pausa, la atención, el equilibrio. Y, sobre todo, de escuchar. El cuerpo tiene una memoria bioquímica, inmunológica, neuroendocrina. Atender sus señales es sabiduría.

Referencias bibliográficas

  • Moszeik, E. N., Rohleder, N. y Renner, K. H. (2025). The Effects of an Online Yoga Nidra Meditation on Subjective Well-Being and Diurnal Salivary Cortisol: A Randomised Controlled Trial. Stress and health : journal of the International Society for the Investigation of Stress41(3), e70049. https://doi.org/10.1002/smi.70049
  • Nunez, S. G., Rabelo, S. P., Subotic, N., Caruso, J. W. y Knezevic, N. N. (2025). Chronic Stress and Autoimmunity: The Role of HPA Axis and Cortisol Dysregulation. International journal of molecular sciences26(20), 9994. https://doi.org/10.3390/ijms26209994
  • Padalkar, P., Doshi, P. R. y Padwal, M. (2025). Investigating the Relationship Between Cortisol, a Stress Marker, and Immune Function Across Age and Gender. Cureus17(5), e85009. https://doi.org/10.7759/cureus.85009
  • Rivas-Diaz, P., Trillo-Figueroa, D., Rodriguez-Hernandez, V., SanMiguel, N., Hidalgo, V. y Salvador, A. (2025). Post-awakening cortisol and resilience: unravelling their impact on cognitive decline. Journal of neural transmission (Vienna, Austria : 1996)132(9), 1335-1346. https://doi.org/10.1007/s00702-025-02958-4
  • Stalder, T., Oster, H., Abelson, J. L., Huthsteiner, K., Klucken, T. y Clow, A. (2025). The Cortisol Awakening Response: Regulation and Functional Significance. Endocrine reviews46(1), 43-59. https://doi.org/10.1210/endrev/bnae024
  • Sun, Y., Xu, J., Zheng, X., Li, C., Kong, D., Wu, Q., Zhu, Z., Feng, S y Zhang, Y. (2025). The impact of prolonged high-concentration cortisol exposure on cognitive function and risk factors: Evidence from Cushing’s disease patients. Journal of Alzheimer’s disease reports9, 25424823251338161. https://doi.org/10.1177/25424823251338161