¿Qué pensarías si alguien te dijera que cree que el mundo no existe? Si estuviera convencido, por ejemplo, que sus órganos se encuentran en estado de putrefacción o directamente hubieran desaparecido. ¿Qué pasaría si te afirmara que donde hubo un cerebro ahora solo queda aire? o te preguntara ¿Realmente existo? Estas cuestiones son algunas de las afirmaciones que hicieron pacientes con el síndrome de Cotard. Pero, antes que nada, es necesario conocer el concepto que viene a continuación.

¿Qué es un delirio?

El delirio es un término que ha experimentado muchas variaciones a lo largo de los años y cuenta con una larga historia conceptual. Aunque las primeras alusiones empezaron ya desde Thomas Hobbes (1588-1679), destacaremos a Jules Séglas (1856-1939), quien, además, consolidó el término del delirio que aquí nos compete.

Lo definió como “un conjunto de ideas mórbidas que conciernen al yo o a sus relaciones con el mundo exterior, y que la persona tiene por verdaderas, sin verificación previa, y hace gala al respecto de una absoluta falta de crítica” (Olivos, 2009).

El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (5ª edición; DSM-5; Asociación Americana de Psiquiatría, 2013) nos presenta una definición del delirio más actual, describiéndolo como una alteración de la conciencia acompañada de una disminución atencional. Un cambio en las funciones cognoscitivas (como déficit de memoria, desorientación, alteración del lenguaje) o presencia de una alteración perceptiva que no se explica por la existencia de una demencia previa o en desarrollo.

Asimismo, indica que la alteración se presenta en un corto período de tiempo (habitualmente en horas o días) y suele fluctuar a lo largo de tales plazos. Y, finalmente, ha de haber una demostración a través de la historia, de la exploración física y de pruebas de laboratorio de que dicha alteración es un efecto fisiológico directo de una enfermedad médica.

¿De dónde proviene el término de síndrome de Cotard?

En al año 1880, acudió a la consulta de un neurólogo francés una paciente que afirmaba no tener órganos. Expresaba que sus vísceras y manos estaban muertas, solo tenía un cuerpo en descomposición formado por piel y huesos.

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En palabras del propio Jules Cotard: “Ella decía no tener alma, para ella ni Dios ni el Diablo existían. Afirma que no es nada más que descomposición y no tiene necesidad de comer para vivir, no puede morir de muerte natural”.

Dos años después, Jules Cortad describió el “Déliré des Negations” (Delirio de negación) o lo que hoy se conoce como síndrome de Cotard (también comúnmente llamado el síndrome de los muertos vivientes).

Este síndrome hace referencia a una condición neuropsiquiátrica donde aparecen diversas ideas delirantes nihilistas donde la persona cree que está muerta, tiene un vacío interior o no existe.

Tiempo después se descubrió que dicha condición se remontaba mucho más atrás. Cuando Charles Bonnet, médico francés, reportó en 1788 un caso similar, donde una anciana le pidió a sus hijas que la introdujeran en un ataúd puesto que ella confirmaba que ya había fallecido.

¿Existe alguna clasificación del síndrome de Cotard?

Muchos años después, y tras la revisión de 100 casos completos, se llevó a cabo una clasificación de este síndrome basada en la evidencia por Berrios y Luque, donde se distinguían tres perfiles: Depresión psicótica, Cotard tipo I y Cotard tipo II.

En el primero destacarían los delirios nihilistas y la melancolía. Este segundo, cursaría con delirios nihilistas e hipocondríacos, sin cambios de humor. Y, finalmente, el Cotard tipo II se consideró un grupo mixto que englobaba diversos síntomas. Entre ellos ansiedad, depresión y alucinaciones (Berrios y Luque, 1995).

Según los casos recogidos, aunque este cuadro se ha presentado en un grupo amplio de edad, suele aparecer principalmente en la edad adulta media. Exceptuando pocos casos que se han dado en adolescentes. También, se ha confirmado que suele aparecer en un mayor porcentaje en mujeres que hombres.

Etiología síndrome de Cotard

El síndrome de Cotard: ¿Realmente existo?. Imagen obtenida de: https://depsicologia.com/wp-content/uploads/sindromecotard.jpg

No existe una única etiología y se han llegado a señalar causas tanto psiquiátricas como no psiquiátricas:

Otros estudios también han confirmado que puede estar relacionado con la  depresión psicótica, el trastorno bipolar, neoplasia cerebral o uso de sustancias psicoactivas, entre otras condiciones neuropsiquiátricas (Machado, Filho y Machado, 2016).

Características clínicas del síndrome de Cotard

La principal característica es el delirio de negación o nihilista, en el que la persona cree que, o bien, no existen partes de su cuerpo, él mismo, los demás o el mundo exterior.

Además, el delirio puede abarcar diferentes dimensiones. Desde la creencia del paciente de que está perdiendo capacidades intelectuales o su manera de expresar los sentimientos, hasta la creencia de que nada de aquello que le rodea existe (Muñoz y Alzate, 2009).

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Tal negación pasa desde un espacio personal (la propia persona) hasta uno extra-personal (externo a la persona).

Esto se observa en casos como los recogidos por Grover et al. (2014), donde en el primero, un paciente empezó a negar que tenía cerebro dando paso a la negación más tarde de su propia existencia.

Y en el segundo, el paciente que negaba su propia existencia comenzó a negar también la existencia de otros miembros de su familia.

Entre los delirios más comunes, se encuentran aquellos relacionados con la inmortalidad o “délire d’énormité” (nadie puede matarlos porque ya están muertos) y los delirios hipocondríacos (están convencido que tienen una enfermedad incurable o que partes de su cuerpo están deformes).

Se ha observado, gracias a los casos recogidos, que la mayoría de veces que aparece este síndrome hay una manifestación muy frecuente, la depresión (Huarcaya-Victoria y Caqui, 2017).

Tras esto, en orden decreciente, se presentan delirios nihilistas y aquellos relacionados con la existencia. Los síntomas de ansiedad y las ideas de culpa, los nombrados delirios hipocondríacos y finalmente los delirios de inmortalidad. También se ha visto que puede coexistir con la ilusión de Fregoli, el síndrome de Ulises, trastorno de despersonalización, catatonia, delirio de Capgras y licantropía.

Tratamiento

El tratamiento dependería de la condición clínica subyacente y los síntomas que predominen. De este modo, en pacientes con trastornos afectivos los antidepresivos serían una opción muy utilizada. Asimismo, se pueden incluir también los antipsicóticos.

Se ha destacado el uso de la terapia electroconvulsiva (TEC) en casos de depresión severa, manía o catatonía. Una técnica donde se envían pequeñas corrientes eléctricas al cerebro ocasionando, de este modo, un cambio a nivel neuroquímico que puede lograr la mejora de algunos síntomas.

Se ha de tener en cuenta que aquellos casos donde se haya asociado una condición de esquizofrenia crónica el pronóstico es peor. Y, de aparecer como consecuencia de algún cuadro demencial, las probabilidades de mejora disminuirían más. El pronóstico dependerá de todos estos factores.

Por otra parte, la vigilancia de los profesionales en cuanto a posibles autoagresiones o la posibilidad del suicidio ha de ser continua en todo el proceso. Este dato de la autoagresión se vuelve paradójico, pues a pesar de que algunos pacientes creen firmemente que están muertos, tratan a pesar de ello de autolesionarse.

Conclusión

Este síndrome es una condición rara y registrada en pocos casos en la literatura. Sin embargo, no deja de ser una incógnita cómo nuestro cerebro es capaz de hacernos creer la inexistencia de lo evidente. La investigación y una clasificación de esta condición se vuelve necesaria para evitar diagnósticos tardíos.

Asimismo, las bases biológicas del síndrome de Cotard no se tienen todavía del todo claras. Pues a pesar que hay ciertas zonas que presentan daños en la mayoría de los casos, se ha visto, por ejemplo, que la influencia del lóbulo parietal no se ve comprometida de igual forma en unos pacientes y otros.

Referencias bibliográficas

  • Asociación Americana de Psiquiatría. (2013). Manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales (5ª ed.). Washington, DC: autor.
  • Berrios, G. E. y Luque, R. (1995). Cotard’s syndrome: Analysis of 100 cases. Acta Psychiatrica Scandinavica, 91(3), 185-188. https://doi.org/10.1111/j.1600-0447.1995.tb09764.x
  • Grover, S., Aneja, J., Mahajan, S. y Varma, S. (2014). Cotard′s syndrome: Two case reports and a brief review of literature. Journal of Neurosciences in Rural Practice, 5(5), 59. https://doi.org/10.4103/0976-3147.145206
  • Huarcaya-Victoria, J. y Caqui, M. (2017). Síndrome de Cotard en un paciente con Trastorno Depresivo Mayor: A propósito de un caso. Actas Españolas de Psiquiatría, 45(5), 250-252.
  • Machado, L., Filho, L. E. de L. y Machado, L. (2016). When the Patient Believes That the Organs Are Destroyed: Manifestation of Cotard’s Syndrome. Case Reports in Medicine, 2016(3)1-3. https://doi.org/10.1155/2016/5101357
  • Muñoz, E. C. y Alzate, B. G. (2009). Síndrome de Cotard: Presentación de un caso. 38(1), 9.
  • Olivos, A. P. (2009). La mente delirante: Psicopatología del delirio. Revista chilena de neuro-psiquiatría, 47(1). https://doi.org/10.4067/S0717-92272009000100008