Seguro que has oído hablar en los últimos años acerca de la Neurociencia y Neuroeducación pero… ¿Realmente conoces a que se refieren estos términos? ¿En qué se parecen y diferencian? o ¿Qué importancia tienen en la sociedad y, especialmente, en el ámbito educativo? Imaginemos intervenciones educativas en las que se manipulan el sueño y la fatiga, el estado nutricional, los procesos de atención o el movimiento de los estudiantes ¿Habría algo mejor? Este conocimiento sería útil para los maestros, ya que podría ayudarles a contextualizar el comportamiento de los niños, inspirarlos y/o ayudarles a tomar decisiones educativas y apoyar su pedagogía, por ejemplo. Veamos las respuestas a todas estas preguntas y más información acerca de ambos conceptos. Asimismo, profundicemos en el papel del cerebro, que no solo es fundamental para sobrevivir sino también para aprender, y la amígdala, esa pequeña estructura que desempeña un rol vital para nuestra vida. A continuación.

¿Qué es la Neurociencia?

La Neurociencia se define como una ciencia encargada de estudiar el funcionamiento del sistema nervioso y todos los aspectos que lo componen (Burunat y Arnay, 1987).

Además, el conocimiento de esta, guarda una relación directa entre el cerebro y la conducta (García, 2007). 

Dado que es una ciencia muy amplia y abarca múltiples campos de estudio, nos centraremos en aquella área de la Neurociencia que tiene relación con la educación. Sin olvidar que esta es solo una pieza del complicado rompecabezas entre esto último y el aprendizaje.

Entonces… ¿Qué es la Neuroeducación?

Neurociencia y Neuroeducación: ¿Son lo mismo?

La Neurociencia educativa se encarga de buscar la relación existente entre la investigación neurocientífica, el trabajo que se realiza en las aulas y los centros educativos.

Este ámbito, dentro de la neurociencia, ha permitido comprender mejor qué sucede, cómo ocurre y qué implica el proceso de aprendizaje.

Y, por supuesto, en esto no hemos de olvidar el órgano que se forma a lo largo de todo el proceso. Es decir, el cerebro (Sousa, 2014). 

Y es que, como se ha señalado previamente, la Neuroeducación parte de la relación entre cerebro y aprendizaje. Por ello, es fundamental que se conozcan las características principales de este. Veamos el papel vital que tiene en nuestro día a día.

¿Cómo influye el cerebro en la Neuroeducación?

Tal y como señala Campos, “el cerebro, es el único órgano del cuerpo humano que tiene la capacidad de aprender y a la vez enseñarse a sí mismo” (Campos, 2010, p. 6).

Este fascinante órgano está compuesto por millones de células llamadas neuronas, que forman una red de conexiones única en cada persona. Y estas se crean gracias a nuestras experiencias. Así, nuestro cerebro aprende mediante patrones que recuerda para volver a utilizarlos siempre que se presente una situación similar a la vivida. 

Tanto para procesar información como emitir respuestas, el cerebro hace uso de mecanismos conscientes e inconscientes. Además, capta el aprendizaje de diversas maneras y a través de distintas vías.

Por esto, si el educador es capaz de conocer cómo aprende el cerebro, cuáles son las influencias que resultan positivas y las que, por el contrario, son negativas para el aprendizaje, podrá ser capaz de diseñar estrategias o enfoques con el fin de mejorar el funcionamiento del aula y el aprendizaje de los alumnos (Campos, 2010). 

Así mismo, no solo los educadores pueden aplicar estrategias de enseñanza basadas en la Neurociencia, sino también protegerse a sí mismos y a sus pupilos contra ideas y productos pseudocientíficos basados en ellos. Algunos conocidos como “neuromitos“.

En la diversidad está la fortaleza

Aunque el cerebro está diseñado para aprender, recordar y procesar, entre otros, es fundamental que un buen educador sea consciente de que cada estudiante aprende de una manera distinta y, asimismo, que existen muchos estilos de aprendizaje.

Que una clase esté pensada teniendo en cuenta las diferentes formas de enseñar, y de aprender, es una gran oportunidad para el desarrollo humano.

La amígdala: Región clave en la emoción

No podemos pasar por alto el papel que tiene la amígdala en situaciones de peligro. Una estructura situada debajo de la corteza cerebral, en la parte interna de lóbulo temporal, que tiene conexiones con el encéfalo. Además de afectar al sistema nervioso en su conjunto y a la funcionalidad del organismo. 

La amígdala adopta una conducta de defensa o enmascaradora, poniendo en acción una respuesta automática que se encarga de modificar el sistema circulatorio, respiratorio, muscular y el lenguaje corporal.

Además, actúa de almacén emocional, por lo que todas aquellas sensibilidades negativas que pueda llegar a sentir el alumno se procesan por la amígdala, que las recoge y guarda como señales de alerta para el futuro (Timoneda Gallart, 2012).

Beneficios de la Neurociencia

Se ha de tener en cuenta la necesidad de un enfoque holístico o “transdisciplinario” para el estudio del aprendizaje y la educación. De esta forma, se podrá mostrar el valor real de los beneficios de la Neurociencia en la Educación.

Entre algunas de las principales utilidades de esta, no solo para el ámbito escolar sino también para nuestra vida diaria, se encuentran: 

1. Propiciar una adecuada gestión de las emociones. Lo que permite que las personas sean capaces de identificar lo que sienten en cada momento y puedan razonar sin actuar impulsivamente.

2. Potenciar el aprendizaje. Puesto que al saber cómo cada cerebro aprende, se pueden utilizar métodos que sean más beneficiosos para cada persona. 

3. Identificar las causas neurológicas que tienen una posible relación con el fracaso escolar

4. Detección de trastornos de aprendizaje, como la dislexia o el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), que interfieren en el desarrollo del aprendizaje (ISEP, 2019). 

Para todo esto, la alfabetización en Neurociencia puede ser clave como un concepto que exige competencia en la evaluación reflexiva del conocimiento y con el fin de estimular a los maestros a adoptar un método de enseñanza crítico-reflectante (Jolles y Jolles, 2021).

Conclusión

La Neuroeducación es una ciencia muy potente que poco a poco se está haciendo hueco en el sistema escolar. De hecho, si realmente todo lo que se conoce gracias a esta ciencia se aplicara en las aulas, podría mejorar el sistema educativo de manera global. 

Si bien es importante para cualquier persona, lo es más en casos de necesidades educativas especiales. Dado que favorece la detección de forma más rápida y eficaz ante la presencia de alteraciones en el desarrollo del aprendizaje.

Así, las intervenciones y trabajos que se realicen con los estudiantes se adaptarán mejor a sus ritmos de aprendizaje y sacarán su máximo partido.

Ahora, también es reseñable uno de los principales obstáculos en cuanto a la organización de cursos prácticos sobre Neuroeducación. Y es el acceso limitado a literatura científica, herramientas y fuentes escritas como libros y cursos dirigidos a profesores y otros profesionales de la educación.

Referencias bibliográficas

  • Burunat, E. y Arnay, C. (1987). Pedagogía y neurociencia. Educar, (12), 87-93. https://doi.org/10.5565/rev/educar.435
  • Campos, A. L. (2010). Neuroeducación: uniendo las neurociencias y la educación en la búsqueda del desarrollo humano. Revista Digital La [email protected]ón, (143), 1-14. https://hdl.handle.net/11537/25280
  • García, E. (2007). Neurociencia, conducta e imputabilidad. Quark, (39-40), 88-92. https://raco.cat/index.php/Quark/article/view/144371.
  • Instituto Superior de Estudios Psicológicos (ISEP). (11 de octubre de 2018). ¿Qué es la neuroeducación? https://www.isep.es/actualidad-neurociencias/que-es-la-neuroeducacion/
  • Jolles, J. y Jolles, D. D. (2021). On Neuroeducation: Why and How to Improve Neuroscientific Literacy in Educational Professionals. Frontiers in psychology12, 752151. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2021.752151
  • Sousa, D. A (2014). Neurociencia educativa: Mente, cerebro y educación. Narcea Ediciones.
  • Timoneda Gallart, C. (2012). Cognición, emoción y aprendizaje. Padres y maestros, (347), 5-9. https://revistas.comillas.edu/index.php/padresymaestros/article/view/569