“Un golpe a tiempo no hace daño”, “Es la única forma de hacer que obedezcan”, “A mí me educaron así”. Durante muchos años, el castigo físico ha sido normalizado en la sociedad como método de disciplinamiento efectivo sin considerar sus posibles efectos psicológicos. La evidencia demuestra que el castigo físico, cuando alcanza niveles de maltrato, se asocia con conductas disruptivas y problemas emocionales significativos. Hace relativamente poco tiempo, se ha comenzado a cuestionar dicho tipo de prácticas, desmitificando creencias y dándole lugar a otros métodos más saludables y eficientes. Veamos algunos de ellos junto con las consecuencias del castigo físico en los niños.

El debate social que rodea al castigo físico

Muchas personas entran en conflicto cuando hablan sobre los efectos psicológicos de utilizar métodos violentos como medio para poner límites a los niños. Argumentando sobre las ventajas y desventajas de hacerlo. Sin embargo, ninguna forma de castigo físico es justificada.  

La violencia deriva en consecuencias negativas y destructivas a nivel físico y psicológico.

Y es que, además de sufrir la respuesta dolorosa inmediata, deja el aprendizaje del mecanismo de la conducta violenta.

Aspecto que, posteriormente, los niños pueden interiorizar y reproducir en el vínculo con sus pares.

Ahora, el hecho de no utilizar castigo físico no significa dejar que los menores hagan lo que quieran. Por el contrario, implica desisitir de utilizar la violencia y empezar a establecer reglas claras en el hogar o escuela, con límites y consecuencias.

Además, la disciplina debe ser consistente y con base en una escucha empática para entender las razones del comportamiento de los niños.

¿A qué se le denomina castigo físico?

El Comité de los Derechos del Niño (CDN, 2006) define el castigo físico como el uso de la fuerza física con magnitudes y características variables para causar dolor o malestar, pero no lesiones, con el fin de cambiar el comportamiento de un niño o adolescente.

Los métodos de castigo físico más comunes son las palmadas y golpes con objetos como cinturones, zapatos u otros elementos del hogar. También puede consistir en zarandear o empujar, arañar, pellizcar, morder, cinchar el pelo o las orejas. 

Se ha reportado que los padres que golpean tienden a utilizar también otras formas de castigo corporal y mayor variedad de métodos verbales y punitivos. Además, cuando el castigo falla, se aumenta la intensidad de su uso en lugar de cambiar de estrategia (Sauceda et al., 2006).

Un problema que sigue perpetuándose

Las últimas investigaciones alertan sobre los efectos, durante y a largo plazo, de haber sufrido castigos físicos durante la infancia. 

El Fondo de las Naciones Unidas por la Infancia (UNICEF, 2017) señala que, a nivel mundial, 6 de cada 10 niños, son castigados físicamente por sus referentes de cuidado

Y, alrededor de 1.100 millones de cuidadores de niños, manifiestan que el castigo físico es necesario para criar o educar de forma adecuada.

De hecho, en muchos contextos los gritos, amenazas y correctivos severos son formas comunes de disciplinarlos. 

Sin embargo, puede ocurrir que los referentes de cuidado empleen castigos físicos porque desconocen otra forma de corregir ciertas conductas o sustentan creencias erróneas sobre la disciplina.

También pueden presentar problemas para controlar la ira o repetir patrones de crianza que utilizaron con ellos mismos. 

Problemáticas en el desarrollo relacionadas al castigo físico

Cuartas (2022) establece las consecuencias que pueden presentarse en el desarrollo: 

  • Menor obediencia inmediata: El castigo físico no es efectivo en incrementar la obediencia inmediata. De hecho, la obediencia se propicia desde el miedo y no por un aprendizaje real sobre lo acontecido. 
  • Menor internalización moral: Sobre todo de aquellos que la sociedad considera inadecuado o inmoral.
  • Mayor agresión infantil: Las investigaciones demuestran que niños expuestos al castigo físico desarrollan mayores niveles de agresividad en la infancia y desarrollo posterior. 
  • Menor autoestima: Se relaciona con los sentimientos de humillación, culpa e invalidez.
  • Menor autocontrol: Más dificultades para manejar las emociones y tener buen comportamiento.
  • Más apoyo del uso del castigo físico y otras formas de violencia: Por ejemplo, en la resolución de conflictos. En la adultez se tiene una mayor aceptación y justificación del castigo físico y otras formas de violencia, como la violencia doméstica. 

Efectos en el cerebro: Consecuencias del castigo físico en los niños

La exposición prolongada a la violencia puede alterar el desarrollo fisiológico del cerebro y repercutir en el crecimiento físico, social, emocional y cognitivo.

(UNICEF, 2020)

La exposición temprana y prolongada de la violencia es crítica, dado que puede tener impacto en la arquitectura cerebral que se encuentra en proceso de maduración. 

Castigo físico: ¿Cómo impacta en el desarrollo de los niños? 

Un estudio reciente examinó en 2.410 pequeños de 10 años de edad la relación entre la crianza dura en los primeros años de vida y la morfología del cerebro infantil

Planteando como hipótesis que la crianza severa de los padres se asociaría con volúmenes más pequeños de amígdala e hipocampo en los niños. 

Antes de nada, la amígdala juega un papel clave en la respuesta a estímulos emocionales y condicionamiento del miedo.

La investigación arrojó como resultados que dicho tipo de crianza en los primeros años de vida está relacionada con volúmenes cerebrales y amígdala más pequeños en la preadolescencia, pero no con volúmenes menores de hipocampo.  

A su vez, se observó también menor volumen de materia gris en el cerebro (Cortes et al., 2022).

Por otro lado, la Organización Mundial de la Salud (OMS) menciona los efectos en el desarrollo de quienes sufren violencia en la primera infancia:

“Según investigaciones neurológicas afecta el desarrollo y puede acrecentar el riesgo de contraer enfermedades no transmisibles y problemas de salud mental, discapacidades cognitivas, deficiencias en materia de relaciones sociales e inteligencia emocional” (OMS, 2019).

Posibilidad de resiliencia

Pese a sufrir estas consecuencias adversas, algunos niños y adolescentes que han sufrido maltrato no experimentan resultados tan negativos y logran sobreponerse a las adversidades que vivieron. 

Esto solo es posible si factores protectores contrarrestan y superan aquellos factores de riesgo o vulnerabilidad.

Conclusión

La evidencia refleja los efectos negativos que tiene el uso de castigos físicos durante la infancia, junto con las consecuencias del castigo físico en los niños. Un periodo importante de maduración cerebral y en el desarrollo. Sin embargo, pese a la información existente, aún persiste una alta prevalencia del fenómeno. 

Por tanto, es prioridad intervenir en las familias y cuidadores, así como en los niños y adolescentes afectados desde todos los aspectos y, en contrapartida, fomentar modelos de educación más sanos y respetuosos. 

Referencias bibliográficas

  • Cortes Hidalgo, A. P., Thijssen, S., Delaney, S. W., Vernooij, M. W., Jansen, P. W., Bakermans-Kranenburg, M. J., van IJzendoorn, M. H., White, T. y Tiemeier, H. (2022). Harsh Parenting and Child Brain Morphology: A Population-Based Study. Child Maltreatment27(2), 163-173. https://doi.org/10.1177/1077559520986856
  • Cuartas, J. (2021). Violencia contra niños, niñas y adolescentes: etiología, consecuencias y estrategias para su prevención. Universidad de los Andes, Escuela de Gobierno Alberto Lleras Camargo.
  • Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (2017)Una situación habitual. Violencia en la vida de los niños y los adolescentes. https://www.unicef.org/publications/files/Violence_in_the_lives_of_children_Key_findings_Sp.pdf.
  • Naciones Unidas (21 de agosto del 2022). El derecho del niño a la protección contra los castigos corporales y otras formas de castigo crueles o degradantes (Comité de los derechos del niño 42º período de sesiones) Convención sobre los derechos de los niños. https://www.oacnudh.org.gt/estandares/docs/Organos/Nino/Generales/OGnino8.pdf
  • Organización Mundial de la Salud (7 de junio del 2019). Violencia contra los niños. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/violence-against-children
  • Sauceda-García, Juan Manuel, Olivo-Gutiérrez, Nancy A, Gutiérrez, Jesús. y Maldonado-Durán, J. Martín. (2006). El castigo físico en la crianza de los hijos: Un estudio comparativo. Boletín médico del Hospital Infantil de México63(6), 382-388. http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1665-11462006000600004&lng=es&tlng=es