Diversas parafilias suelen centrarse en comportamientos sexuales. En muchas ocasiones, no existe una causa común. De esta forma, al hablar de parafilias, debemos comprender que no todo gira alrededor del aspecto psicológico, pues hay situaciones que escapan de la misma psique. Es decir, hay que considerar los efectos biológicos, psicológicos y sociales en algunos casos, siendo esta una triada fuertemente asociada en muchos de los causales perceptivos y conductuales. Este es el ejemplo de la vorarefilia. Una parafilia poco estudiada, con una baja incidencia a nivel mundial, pero que no deja de ser un misterio en el que se esconde un trasfondo neuropsiquiátrico. Veamos por qué hay gente que siente deseo de comer y/o comer a otros.

¿Qué es la vorarefilia? Deseo de comer y/o comer a otros

La vorarefilia tiene su definición en el vocablo latín vorare cuyo significado es “devorar” y philia que significa “amor” o “gusto por.”

Esta es una parafilia caracterizada por un deseo y práctica sexual que consiste en el anhelo erótico por comer o ser comido por otra persona o animal (Agmo, 2007).

Dentro de la biología evolutiva, se ha podido ver que muchos de los seres vivos del reino animal realizan actos como el comer a su pareja de forma posterior al acto sexual.

Por lo tanto, podría ser el caso de que, quienes presentan este cuadro, conectan las conductas y el cerebro primitivo. No obstante, este no se justifica como un acto de amor, por lo que no está socialmente aceptado, llegando incluso a tener consecuencias legales dependiendo del país.

¿Existe un criterio diagnóstico?

Dentro del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-V), existe un apartado denominado parafilias en el que se consideran los trastornos sexuales. Se dividen en:

  1. Trastorno parafílico: Se considera como una parafilia que verdaderamente está causando malestar o deterioro para el individuo. O, en contraposición, una supuesta satisfacción a partir de un daño o riesgo de daño ajeno.
  2. Parafilia: Condición que no se considera como un trastorno parafílico debido a que no justifica automáticamente la intervención clínica o psiquiátrica, pues no cumple con los criterios de malestar o de daño.

Si bien es cierto que los criterios de diagnóstico señalan las causales de las parafilias y los trastornos parafílicos, no describen un cuadro explícito sobre la vorarefilia. Sin embargo, estudios indican que es un cuadro asociado a un padecimiento neuropsicológico y neuropsiquiátrico con un deseo de comer y/o comer a otros.

Algunas culturas alrededor del mundo, por ejemplo, los “hombres leopardo” de África, los Korowai de Nueva Guinea y los Amahuacas de Perú, basan sus creencias en el canibalismo (Sanday, 1986). Particularmente, dentro de sus ceremonias religiosas y culturales. De hecho, siguen vigentes a pesar de no estar relacionadas explícitamente a los rasgos cognitivos y psicológicos de las conductas asociadas a la vorarefilia (Beier, 2009).

¿Cuál sería la posible explicación desde la neuropsiquiatría?

Ciertamente, muchas de las parafilias dentro del DSM-V no se explican mejor desde una concepción biológica. Manuales como el CIE-10 aún no las clasifican por origen neurobiológico. Sin embargo, estos manuales lo asocian con desórdenes mentales como la esquizofrenia, trastorno obsesivo compulsivo (TOC) o trastorno antisocial. En consecuencia, estudios funcionales que se han realizado a personas que han cometido un crimen, no suponen, en principio, a la vorarefilia como un trastorno mental como los ya mencionados. 

Por otra lado, desde el contexto neurológico se puede explicar mediante diversas estructuras:

  1. Corteza orbitofrontal: Se encarga principalmente de las emociones, personalidad y conducta. Así, se ha visto que en algunos de los casos de vorarefilia, las personas suelen presentar falta de remordimiento con respecto al dolor que pueden infligir en otros (Romero, 2021). Generalmente, piensan que su conducta y personalidad es “normal”, pues existe una distorsión cognitiva sobre tener el control y el poder de sus parejas (Code et al., 1996).
  2. Núcleo geniculado lateral: Encargado de acomodar las fibras nerviosas tanto de la vista como del péndulo inferior que conecta con el oído. Así, se explicarían conductas inducidas por voces o imágenes, por lo que se ha llegado a relacionar con espectros de la esquizofrenia (Snell, 2010).  
  3. Hipocampo: Genera un reforzamiento positivo al expresar el gusto por devorar a la “pareja.” De modo que no solo las distorsiones visuales y auditivas son importantes, sino que se encuentran presentes la memoria gustativa, olfativa y sensorial. De este modo, la memoria evocada en el momento de hacer el acto influirán en la conducta posterior (Deutsche Welle, 2021).

Bases neurofisiológicas de la vorarefilia

Actualmente, la vorarefilia se ha visto como una variante en el desarrollo, siendo la esquizofrenia el pilar de las distorsiones sensorioperceptivas.

Sin embargo, dichas conductas también se han llegado a asociar en pacientes con psicopatía. Por lo tanto, con base a lo anteriormente mencionado, podemos recapitular que son muchas las sustancias en el cerebro que juegan un papel clave en la conducta y cognición de la persona con vorarefilia. Incluso, pueden presentar de manera similar vías de comunicación neuronales afines:

Imagen que compara a dos pacientes con esquizofrenia que fueron evaluados con una tarea cognitiva específica. Los resultados mostraron una activación en la corteza frontal y la corteza cingulada anterior. Siendo una evidencia de comparación en pacientes con vorarefilia (Tamminga, 2000)
  1.  Vía mesolimbica: Red neuronal encargada de la recompensa. Involucra redes dopaminérgicas encargadas de la sensación de placer en nuestro cerebro. La red es tan amplia que incluye otras áreas cerebrales como la amígdala, núcleo accumbens, área tegmental ventral y el hipocampo. Estas vías se impulsan por la dopamina, que reacciona a impulsos fisiológicos determinados como respuesta a conductas que generan bienestar (Berk et al., 2007).
  2. Vía mesocortical: Al igual que la red anterior, es una vía dopaminérgica en las mismas áreas, pero incluye la corteza frontal. Esta,  predomina en los pensamientos, procesos de razonamiento y de lógica, reforzando la memoria por procesos cognitivos y receptivos mediante una alteración de la realidad. Comúnmente, en trastornos como la esquizofrenia, se manifiesta a través de síntomas negativos. Así, dentro de la vorarefilia habría un empobrecimiento de la personalidad y de las relaciones tanto de pareja como sociales (Frau et al., 2019).

Como resultado, podemos hipotetizar que en la vorarefilia se produce una alteración de estas dos vías neuronales que se muestran descompensadas, mayormente, por dopamina. Este es uno de los neurotransmisores con mayor alteración que involucra conductas impulsivas, alteraciones en el sueño y placer. 

En consecuencia, causa síntomas similares a la esquizofrenia por sus alteraciones dopaminérgicas. La gran mayoría de estudios anteponen otras enfermedades por encima de esta parafilia debido al poco conocimiento sobre la misma. 

Tratamiento y acompañamiento 

Desde la perspectiva neuropsicológica, se deben considerarse al menos tres factores importantes: biológicos, psicológicos y sociales. En consecuencia, la intervención neuropsicológica para la vorarefilia debe ser tratada, principalmente, desde la psicofarmacología. Siguiendo esta línea, el psiquiatra medicará con el objetivo de regular las conexiones dopaminérgicas.

En segundo lugar, encontramos los tratamientos psicológicos y neurológicos. Aquí se abordarán aspectos de la percepción cognitiva y conductual. Se suele trabajar una perspectiva basada en el modelo terapéutico cognitivo- conductual para el tratamiento contra la esquizofrenia, trastorno bipolar y ansiedad-depresión.

Como resultado, se busca que el paciente mejore su calidad de vida, sobre todo en el plano social, minimizando el deseo de comer y/o comer a otros (Palmer et al., 2009).

En tercer lugar, el neuropsicólogo deberá evaluar los efectos de la medicación, el estado físico y mental del paciente. Por ello, la comunicación entre profesionales de la salud será determinante en el reajuste del tratamiento y pronóstico. 

Por ultimo, no podemos dejar de señalar que el acompañamiento familiar es clave como red de apoyo. Así, la familia debe involucrarse en el proceso para ser capacitada e intervenir oportunamente. De esta manera, el compromiso del paciente y su familia se vuelve clave para que el proceso sea efectivo.  

Conclusión

A lo largo de la nota hemos podido explorar muchas de las posibles causas relacionadas a la vorarefilia, el deseo de comer y/o comer a otros. Así, podemos intentar entender el mecanismo de acción del cerebro en la persona que presenta vorarefilia. Lejos de ser un tabú, este padecimiento es una oportunidad para comprender que no es una condición denigrante, sino que tiene un contexto neuropsiquiátrico y psicológico que impacta significativamente en la vida del paciente. Por tanto, siempre es necesario seguir investigando y dejar de lado cualquier prejuicio sin conocer qué es lo que hay detrás de un trastorno como este. 

Referencias bibliográficas

  • Agmo, A. (2007). Functional and dysfunctional sexual behavior: A synthesis of neuroscience and comparative psychology. Academic Press.

  • Asociación Americana de Psiquiatría (2014). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5) (Quinta edición). Editorial Médica Panamericana.

  • Ahlers, C. J., Schaefer, G. A., Mundt, I. A., Roll, S., Englert, H., Willich, S. N. y Beier, K. M. (2011). How Unusual are the Contents of Paraphilias? Paraphilia-Associated Sexual Arousal Patterns in a Community-Based Sample of Men. The Journal of Sexual Medicine, 8(5), 1362-1370. https://doi.org/10.1111/j.1743-6109.2009.01597.x

  • Berk, M., Dodd, S., Kauer‐Sant’Anna, M., Malhi, G. S., Bourin, M., Kapczinski, F. y Norman, T. (2007). Dopamine dysregulation syndrome: implications for a dopamine hypothesis of bipolar disorder. Acta Psychiatrica Scandinavica, 116, 41-49.

  • Clasificación Internacional de enfermedades (2000). Guía de Bolsillo de la Clasificación CIE-10: Clasificación de los Trastornos Mentales y del Comportamiento. Ed. Médica Panamericana.

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  • Deutsche Welle. (2021). Cannibal Not Mentally Ill, Psychiatrist Says. DW. https://www.dw.com/en/cannibal-not-mentally-ill-psychiatrist-says/a-1096777

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  • Palmer, B. W., Dawes, S. E. y Heaton, R. K. (2009). What do we know about neuropsychological aspects of schizophrenia?. Neuropsychology review19(3), 365-384.
  • Romero, S. (2021). 10 rasgos que definen a un psicópata. Muy Interesante. https://www.muyinteresante.es/ciencia/articulo/10-rasgos-que-definen-a-un-psicopata-121482327787

  • Sanday, P. R. y Godelier, M. (1986). Divine hunger: Cannibalism as a cultural system (1st ed.). Cambridge University Press.
  • Snell, R. S. (2010). Clinical neuroanatomy. Lippincott Williams & Wilkins.
  • Tamminga, C. A. y Medoff, D. R. (2000). The biology of schizophrenia. Dialogues in clinical neuroscience, 2(4), 339-348. https://doi.org/10.31887/DCNS.2000.2.4/ctamminga